REVOLUCIÓN Y CONTRARREVOLUCIÓN

EN LA REGIÓN ESPAÑOLA

AÑOS TREINTA

 

 

 

Primera parte

 

 

 

 

 

LA CONCEPCIÓN HISTÓRICA COMO PRÁCTICA DE CLASE

La reapropiación de la historia de nuestra clase es una tarea fundamental para la organización y la centralización del proletariado en su lucha por la revolución comunista mundial. El balance de cada gran fase revolucionaria, y de su conclusión contrarrevolucionaria (parafraseando a Marx podríamos decir que hasta el presente "cada capítulo de la historia se concluye en la contrarrevolución"), constituye una tarea fundamental de los revolucionarios. Sin transformar los errores y las debilidades en directivas teórico-prácticas, en teoría y dirección revolucionaria, sin la denuncia de los liquidadores (en especial de las concepciones que llevaron a la liquidación de la revolución), y particularmente de todas las fuerzas que se presentan como amigas de la revolución para liquidarla mejor (gatopardismo), en fin, sin la organización en fuerza revolucionaria autónoma afuera y en contra de todas esas fuerzas gatopardistas/socialdemócratas, el proletariado no podría lograr nunca el triunfo definitivo de la revolución social.

Esta necesidad constante de la acción revolucionaria, de transformar la derrota en experiencia que conduzca a la victoria, la expresa perfectamente el título del que debiera considerarse uno de los libros más importantes sobre la mal llamada "guerra civil española": "JALONES DE DERROTA PROMESA DE VICTORIA - crítica y teoría de la revolución española (1930-1939). En efecto, independientemente de los profundos desacuerdos que tenemos con su autor, Munis (que cuando lo escribiera recién había iniciado su ruptura con el trotskismo1), éste expresa, a lo largo de ese tratado histórico político acerca de la revolución y la contrarrevolución en España en los años 302, la profunda necesidad de explicar la derrota de la revolución proletaria en España, de denunciar a todas las fuerzas y concepciones que la llevaron al fracaso, para convertir esa derrota pasada en un arma de lucha para el presente y el futuro, para forjar, al mismo tiempo, la dirección que permita la victoria revolucionaria de mañana.

Claro que no podemos decir lo mismo de las toneladas de libros y artículos que se han escrito sobre la cuestión española; porque si exceptuamos muy preciadas excepciones que iremos viendo3, la gran mayoría tiene, por el contrario, el objetivo de esconder las verdaderas contradicciones de clases y de proyectos sociales antagónicos que entonces estuvieron en juego, para presentarnos una España en guerra civil entre el fascismo y el antifascismo.

Es lógico que las dos clases de la sociedad tengan, con respecto a la historia misma, como con respecto a todas las cuestiones decisivas, intereses contrapuestos. Mientras que el proletariado tiene interés en conocerse a sí mismo como fuerza revolucionaria, nada más lógico que el capitalismo construya un conjunto de visiones históricas en donde la constante es la no existencia de la fuerza revolucionaria del proletariado. El historicismo, la historia como historia de individuos o de personajes malos y buenos, la historia como historia de las oposiciones entre izquierda y derecha, entre fascismo y antifascismo, la historia como oposición entre conservación y progreso, la historia como historia de las ideas o de la filosofía, la historia como historia parlamentaria, la historia como historia entre los partidos políticos... es la negación que la burguesía hace de la historia de la lucha de clases, del proletariado como fuerza. Son expresiones del capital que tratan de negar a la humanidad peleando por constituirse en fuerza, en sujeto histórico.

Es por necesidad que el capitalismo deforma y desfigura toda la historia; es como elemento indispensable de la reproducción de la contrarrevolución que la burguesía intenta, por todos los medios, liquidar la memoria histórica de nuestra clase. La obra ideológica fundamental realizada por el Estado consiste en camuflar las verdaderas contradicciones de clase, en presentarlas como antagonismos internos del esquema burgués de poder, en esconder la fuerza de la revolución. En todas las grandes -¡y pequeñas!- experiencias históricas se verifica esa constante, aunque para ello se utilicen diferentes procedimientos.

En Rusia, antes y después de 1917, se negó la fuerza revolucionaria del proletariado y su capacidad para luchar por una sociedad comunista. Más aún, la misma concepción contrarrevolucionaria que niega antes de 1917 la posibilidad de la revolución proletaria, servirá de fundamento para la política contrarrevolucionaria aplicada luego desde el poder contra el proletariado. Así, al principio, se niega hasta la existencia misma del proletariado, en base a mil teorías que hablan del "atraso ruso", de un "capitalismo mezclado con otros modos de producción", como el feudal, del "peso del campesinado", de la "necesidad de las tareas democrático burguesas", de la "inevitabilidad de la revolución burguesa"... Luego, cuando la revolución proletaria en Rusia deja en evidencia la falsedad de aquella visión, cuando aquella concepción socialdemócrata, que negaba la posibilidad de la revolución proletaria, resulta criticada por el proletariado armado e insurrecto (¡el arma de la crítica contra la concepción socialdemócrata desarrollada por un puñado de revolucionarios en el mundo, había cedido el paso a la crítica por las armas!), la misma parece desmoronarse por completo. Pero aquella concepción logrará adaptarse a las nuevas condiciones. Se sostendrá, entonces, que dada la debilidad del proletariado no se puede continuar con la revolución comunista, sino que tiene que conformarse con realizar las tareas democráticas que "la burguesía hubiera debido realizar" (leninismo, trotskismo...), que el "capitalismo de Estado", y en general las nacionalizaciones, serían un avance para nuestra clase, en fin, que dada su endeblez, el proletariado en ese país tiene total interés en sacrificarse por el desarrollo industrial capitalista (Taylorismo que Lenin quiere aplicar desde 1918), que hasta el desarrollo mercantil, la propiedad privada particular (NEP: "nueva política económica") es un paso indispensable en el "largo camino hacia el socialismo".

Como lo hemos puesto en evidencia en diferentes trabajos sobre el tema, ese liquidacionismo reformista y contrarrevolucionario de la autonomía proletaria no podía ahora achacársele a Bernstein o Kautsky, sino que fue defendido por los bolcheviques y su programa socialdemócrata con Lenin, Trotsky, Stalin, Zinoviev, Kamenev y Bujarin a la cabeza4. La reorganización y las altas tasas de desarrollo del capitalismo, logrado al fin en la era estalinista gracias a una situación de explotación y terrorismo de Estado sin igual y a la invención del "socialismo en un solo país", fue el broche de oro de dicha concepción. La verdadera lucha revolucionaria del proletariado internacional, y en particular del proletariado en la región rusa (¡mucho mayor que Rusia!), quedará sepultada en las toneladas de falsificación que se escribirán, en los 5 continentes, para explicar "el socialismo"5.

En España constatamos más de lo mismo. Antes y durante la ola revolucionaria de la década del 30, la socialdemocracia, en todas sus variantes, teoriza exactamente la misma debilidad del proletariado que en Rusia: que se trataba de un país feudal o semifeudal, que predominaba el campesinado, que los obreros eran pocos, que "el anarquismo se debía al poco desarrollo político del proletariado", "incumplimiento de la revolución democrático burguesa"... A pesar de que el proletariado desmiente, con su acción autónoma y su fuerza insurreccional, toda esa concepción, la misma logra adaptarse y reposicionarse: hasta en los momentos supremos, se utilizará el argumento de la debilidad del proletariado para justificar la política burguesa de alianzas, de frentes, de sumisión al Estado y al ejército burgués. Dicha concepción logrará, al fin, imponerse política y militarmente contra los intereses revolucionarios: el debilitamiento del proletariado y la repolarización de la sociedad entre fuerzas burguesas es en realidad un mismo proceso. En fin, la misma servirá para construir la visión que hoy es dominante sobre España: lo que existió fue una guerra civil entre republicanos y fascistas; historia oficial en donde el proletariado y su lucha por la revolución comunista no tienen lugar.

No estamos afirmando la fuerza del proletariado y de su revolución en contraposición metafísica con el desarrollo del movimiento mismo; sino que, por el contrario, ponemos en evidencia que ese tipo de concepciones sobre la debilidad del proletariado son producto de intereses dados y que además tienen una importancia decisiva en la historia: corresponden a la visión y los intereses de la clase dominante y cuando las mismas logran dominar al proletariado terminan objetivamente debilitándolo, logrando al fin liquidarlo. La mentira sobre la debilidad del proletariado logra imponerse como ideología y se encarna en la realidad. Cuando esa ideología se impregna en las masas juega un papel material decisivo contra la fuerza del proletariado: el círculo se cierra cuando la creencia en lo falso domina tanto que la burguesía logra, en base a ello, movilizar parte de ese movimiento, poniéndolo a su servicio, y liquidar ideológica y físicamente la fuerza autónoma de clase. Así, todas las corrientes que defendían la tesis de una España con feudalismo y tareas democrático burguesas por realizar, se situaron en las antípodas de los intereses del proletariado y de su movimiento revolucionario, y lucharon por transformar la lucha de clases y los proyectos antagónicos de la burguesía y el proletariado (capitalismo y comunismo) en una lucha interburguesa entre formas de gobierno y gestión del Capital. Y en esa lucha, fueron esas fuerzas las que, en última instancia, ganaron, haciendo realidad lo que no era, en principio, más que su necesidad: que la guerra fuese solo una guerra entre republicanos y franquistas, entre fascistas y antifascistas. Nada más lógico, entonces, que esta práctica social decisiva de la contrarrevolución se corresponda con una visión de la historia de España, en la cual lo único que habría sucedido, en ese período, sería una guerra civil entre fascistas y antifascistas, entre franquistas y republicanos. Es la visión dominante sobre la cuestión española, y toda la literatura sobre ese período, salvo algunas excepciones y materiales militantes, presenta las cosas así.

Es lógico que el proletariado, sus militantes, sus organizaciones revolucionarias, se sitúen en las antípodas de aquellas concepciones (de esa práctica social global), que en cada momento histórico intenten captar los esfuerzos del proletariado por organizarse como fuerza histórica contrapuesta a todo el orden capitalista. Nosotros nos situamos abiertamente en esta perspectiva y, si bien hemos ojeado mucho de lo que escriben nuestros enemigos, nos concentramos particularmente en esa minoría de escritos que tratan el asunto como realmente fue: una gigantesca batalla del proletariado internacional contra todas las fracciones del capital nacional e internacional y su Estado en sus diferentes expresiones (republicano, antifascista, fascista,...)

En efecto, nuestro grupo, situándose en continuidad con todas las organizaciones, núcleos y militantes revolucionarios del pasado, no ha dejado, desde su fundación, de concentrar sus esfuerzos en el estudio de la revolución y la contrarrevolución internacionales, no ha cesado un instante de actuar internacionalmente, realizando el balance de las luchas proletarias del pasado y trazando las perspectivas del accionar revolucionario internacionalista6.

 

NUESTRA CONTRIBUCIÓN Y SUS ENORMES DIFICULTADES

El proletariado, en su imperiosa necesidad de conocer su propia clase como comunidad de lucha, de percibir su propia fuerza, su propia historia revolucionaria, necesita pues, en forma imprescindible, estudiar su propia historia, procurarse los materiales producidos por los compañeros más decididos, en los momentos decisivos (de la revolución y la contrarrevolución). La actividad militante de investigación es primeramente una actividad que busca descubrir sus propios lazos clasistas, es una actividad en la cual las diferentes expresiones del partido se apropian de sus raíces históricas, descubre a sus propios hermanos, es una acción militante vital en la cual el conocimiento del programa se afirma gracias a los aportes de los compañeros del pasado, en donde las denuncias, las rupturas, los enunciados, que efectuaron los comunistas en el pasado, se captan en toda su importancia histórica.

Debido precisamente a la falsificación ideológica y conceptual, al ocultamiento de los materiales más importantes y sobre todo a la casi ausencia de continuidad orgánica entre las diversas generaciones proletarias, la comprensión de la historia es una obra gigantesca, que solo puede ser concebida como obra de partido. "De partido" no en el sentido contingente y limitado de tal o cual organización en un país dado, sino precisamente como lo contrario, como partido histórico del proletariado, en donde cada grupo o fracción revolucionaria, en diferentes partes del mundo y en diferentes momentos, asume distintas fases de esa acción indispensable de investigación, de estudio, de (re)descubrimiento de materiales escondidos, de balance, de discusión, de búsqueda de testimonios directos de protagonistas, de síntesis teórica, de denuncia,.. en fin de afirmación programática.

Esa gigantesca acción militante es una tarea fundamental en la lucha histórica del proletariado por su constitución en fuerza y en su emancipación. Es el medio por el cual el proletariado se reapropia de su propia experiencia histórica, asume las directrices que la misma le aporta, evita tener que empezar de cero en cada batalla; en definitiva, es el medio por el cual el proletariado asume su lucha y su ser en toda su amplitud histórica. Justamente, el proletariado, como fuerza revolucionaria, sólo puede expresarse, en toda su plenitud, en esta dimensión histórico-mundial. Nuestro grupo tiende asumir, abiertamente, esta tarea fundamental, esa acción de partido, e inscribe voluntariamente su perspectiva en la dirección consciente de ese proceso.

En cuanto a cómo hemos ido asumiendo dicha tarea, nos interesa señalar varias cosas a nuestros lectores y compañeros:

· Las publicaciones de nuestro grupo son parte de ese proceso. En las mismas, siempre insistimos, contra la corriente, en la fuerza real de nuestra clase (analizando, criticando, claro está, las debilidades en cuanto a la ruptura clasista que conducen siempre a la derrota), tanto en el pasado como en el presente. Ello nos ha llevado a definir como eje central, de todo ese esfuerzo teórico-práctico, los años 1917/1923, por considerarlos el punto más alto de la revolución y la contrarrevolución mundial 7. En ese sentido, este trabajo sobre la cuestión española quedaría fuera de ese eje central. Sin embargo, precisamente por ser la última gran lucha de todo un ciclo, que se había abierto a principios de siglo y se había profundizado con la revolución internacional, que había frenado la "primera guerra mundial" y que se cerró por la derrota contrarrevolucionaria en España, que llevó a la "segunda guerra mundial", la misma siempre ha sido considerada, por los revolucionarios, como parte de ese mismo ciclo. Más aún, la contrarrevolución mundial llega al summum en esos años; el estalinismo marca su triunfo, con la liquidación física de los militantes revolucionarios que aún quedaban vivos de la generación del 17 (los grandes procesos de Moscú se realizan entre 1936 y 1938), simultáneamente a su ofensiva policial y terrorista contra los revolucionarios en España. No se trata de una coincidencia, sino que ambas masacres se articulan en un mismo proceso terrorista del capital mundial contra el proletariado, que se concreta en un salto de calidad de la contrarrevolución mundial, en su camino hacia la carnicería generalizada que sería la guerra imperialista. Terminados los procesos internos y exterminada la generación de revolucionarios que participó en el proceso revolucionario en ese país durante las dos primeras décadas del siglo XX, el estalinismo había verificado su fuerza para hacer lo mismo en otros países. Por ello, se utilizarán en España el mismo tipo de procesos y métodos, de torturas, de acusaciones absurdas, de "confesiones" y "autocríticas" arrancadas, de desapariciones... que los utilizados en Rusia8. Y es evidente que esos procedimientos resultaban mucho más difíciles en un terreno en conflicto como en España, que en un terreno totalmente dominado: la URSS era ya un gran campo de concentración. Precisamente, sin aquel triunfo contrarrevolucionario hubiese sido mucho más difícil la represión y la liquidación de los revolucionarios en España. Y no sólo los métodos fueron los mismos, sino que en muchos casos aparecen los mismos agentes estalinistas ejecutando esas mismas tareas. Precisamente por ser, la lucha revolucionaria del proletariado en España, la última gran barrera para el alineamiento imperialista, resulta indudable la importancia de hacer este esfuerzo de publicación, sobre la cuestión española, que haga un verdadero balance de la revolución y contrarrevolución en dicha región.

· Lo que nos ha presentado dudas, por el contrario, es el orden cronológico de la publicación del trabajo sobre la cuestión española, en relación a otros materiales que tenemos en preparación, pues es evidente que sería lógico que los materiales sobre España se publicasen luego de otros que sitúan mejor aquel eje central internacional, de la revolución y la contrarrevolución, que fueron los años 17/23; dado que además la extraordinaria lucha contracorriente y a destiempo, que llevará adelante el proletariado en España, está condicionada (sino determinada) por el resultado de aquella situación. Efectivamente, la derrota de la revolución en otras partes y el triunfo del estalinismo tendrán un peso decisivo contra el proletariado en España. Pero como en otros terrenos, la exposición no siempre se puede hacer en el orden que debiera hacerse y que hubiésemos querido, ni tampoco en el mismo orden que la investigación ha procedido. Así por ejemplo, si bien hemos publicado ya una serie de materiales centrales sobre la revolución y la contrarrevolución en Rusia (así como algunos sobre Hungría...) 9 en nuestros planes estaba el publicar, a continuación, como lo habíamos anunciado, nuestras principales conclusiones sobre la revolución y la contrarrevolución en Alemania y en otros países en esos mismos años, así como algunos materiales más o menos inéditos de afirmación programática revolucionaria en ese periodo. Al respecto, tenemos un enorme atraso debido, precisamente, al conjunto de condiciones que exige esa gigantesca tarea, unida a otras tantas, y que nuestro pequeño grupo de militantes ha intentado dinamizar e ir asumiendo.

· Existe un enorme retraso entre, por un lado, la investigación, las discusiones y la circulación interna de algunos textos entre los compañeros, con respecto a lo que, por el otro, efectivamente hemos ido publicando. Podemos preguntarnos ¿hemos sido demasiado exigentes con los materiales a publicar? En todo caso, no nos cabe ninguna duda que hay una enorme desproporción entre lo que hemos hecho circular, entre los compañeros internacionalmente, discutido, centralizado, por ejemplo sobre la contrarrevolución en Alemania o sobre lo que se denomina "izquierda comunista italiana", y lo que efectivamente hemos publicado hasta el presente. Y la cuestión no es solo cuantitativa, sino cualitativa. La importancia de las conclusiones programáticas que esos estudios nos han permitido afirmar (que por otra parte realizamos en diversas ocasiones, sin la adecuada ilustración histórica) hace todavía más trágico ese retraso en las publicaciones. Basta tomar esos dos ejemplos, que acabamos de mencionar, para hacer comprensible la importancia histórico programática de esto. En el primer caso, la investigación, el estudio y las discusiones sobre la revolución y la contrarrevolución en Alemania, nos han permitido valorar mejor la importancia de la lucha revolucionaria del proletariado en Alemania, así como el extraordinario aporte -programático y organizativo- de los comunistas que se reagruparon en el KAPD, así como su contraposición global con el leninismo. Ello a su vez, nos ha ayudado a globalizar la crítica contra la izquierda de la socialdemocracia (a globalizar y fortificar las bases fundamentales de la misma), cuya ideología perdura en el leninismo, en el luxemburguismo, el trotskismo, el estalinismo, el bordiguismo, (o si se quiere en el consejismo, en el partidismo)... En lo que respecta al segundo ejemplo, la investigación y la discusión interna e internacional, ha permitido conocer mejor la verdadera "izquierda comunista italiana" y sus aportes teórico prácticos, permitiendo así combatir la asimilación, que se ha efectuado entre la misma, con Bordiga y los bordiguistas. Hemos constatado que, en general, pasa con Bordiga lo mismo que con las otras "vacas sagradas" de la izquierda (Lenin, Trotsky, Luxemburgo,...), su ruptura programática, teórica y organizativa es, con respecto al resto de la socialdemocracia, mucho más formal que real, siendo en general otras fracciones las que expresaron mejor la ruptura programática con la contrarrevolución. A esta altura, es una grave carencia el hecho de no haber publicado al menos algunos materiales decisivos sobre todo esto, o haber publicado solo algunos materiales con presentaciones malas, o peor todavía, directamente dominadas por la ideología leninista de la socialdemocracia (por ejemplo en nuestra revista central en Francés "Quelques leçons d'Octobre 1917" en Le Communiste 10/11, Agosto 1981, "Quelques leçons de la commune de Paris" en Le Communiste No. 15, noviembre 1982"), que sin embargo hemos criticado muchísimo desde entonces.

· Claro, que para comprender las dificultades de centralización, síntesis y publicación es importante tener en cuenta la época sectaria en la que vivimos, de dificilísima organización y centralización militante, en donde se trata de hacer toda esta actividad con compañeros de diversos orígenes, que hablan diversos idiomas, que tienen distintas experiencias, que se encuentran separados por miles de kilómetros de distancia (además de muchísimos problemas de fronteras, pasaportes, controles...), con enormes dificultades para subsistir vital y políticamente, por las razones de siempre (la represión y la lucha por el sustento). No se trata sólo de ponerse de acuerdo en un grupito dado, sino de mantener, contra corriente, toda esa actividad organizativa internacional y cristalizar, en publicaciones internacionales, materiales que sintetizan una experiencia histórica fundamental de nuestra clase, subrayando los materiales en los cuales los sectores de vanguardia del proletariado, en el pasado, definen mejor sus rupturas y sus afirmaciones programáticas, afirmando, de esa forma, al mismo tiempo. la comunidad de lucha hoy. No es de extrañar que en ese difícil y complejo proceso haya idas y venidas, avances y retrocesos, y que por un sin número de razones algunos compañeros queden por el camino y que el núcleo central se vea obligado a postergar tal tarea, por cosas tan materiales, inevitables y "simples" como que el encargado de tal tarea rompe con la centralización, o que el que debía dirigir el trabajo de síntesis sobre la "cuestión alemana" abandona toda actividad, o porque en la profundización se dan rupturas programáticas, o en fin, porque tal conjunto de compañeros, que había comenzado a dar a la luz un conjunto de materiales históricos en tal país, son reprimidos y eran los únicos que conocía tal o cual idioma y sin ellos no hay nadie en el grupo que los entienda.

· Precisamente, para compensar esas carencias, para no esperar a tener todo solucionado antes de publicar, para que los aportes de diferentes compañeros no queden en los cajones, ni en los tinteros (o discos duros), iniciamos, hace ya bastante tiempo, toda una rúbrica en nuestras revistas que titulamos "Borradores y manuscritos". Dicha rúbrica se basa en el principio elemental de que todo trabajo de partido es, por esencia, algo inacabado y se encuentra siempre en un proceso de clarificación, es siempre un borrador, un manuscrito y que es contraproducente, para la clase y su organización en partido, dejar que todo ese material sea "criticado por los ratones"; que por el contrario, la publicación, al menos parcial, de esos materiales constituye un gran aporte para la constitución del proletariado en fuerza. Pero hasta en esto nos encontramos en un enorme retraso con respecto a lo que hubiésemos deseado y consideramos que podemos hacer.

· Por eso, hemos decidido proceder de forma diferente en el futuro, y en particular con respecto a la investigación y la publicación de los materiales sobre la "cuestión española". Han pasado más de 30 años desde que iniciamos, con sus idas y venidas, con largas paradas y reactivaciones, la profundización de este tema. Ya no esperaremos más que los materiales tengan la forma de conclusión de una polémica centralizada para comenzar a publicarlos; sino que por el contrario empezaremos a publicar materiales que consideramos suficientemente importantes (tanto documentos históricos como los frutos de nuestra investigación y discusión), considerando que la polémica misma se irá enriqueciendo con esas publicaciones, lo que a su vez repercutirá en una mejora sustancial de la comprensión colectiva y la disponibilidad de materiales mejores. O dicho de otra forma, asumimos más que nunca la necesidad de ir dando a conocer un conjunto de borradores y de textos históricos para ir enriqueciendo la polémica, produciendo nuevos niveles de comprensión, de centralización... intentando, así, que las conclusiones generales, que irán apareciendo en el futuro, sean un resultado superior de ese proceso de conocimiento, discusión, teorización... Seguimos luchando para que nuestras revistas sean un órgano colectivo de balance y perspectiva revolucionaria.

Claro que esto no debe entenderse como que publicamos lo primero que escribimos, o que queremos transformar nuestras revistas en una "tribuna" donde se expresan diferentes posiciones, en donde "cualquiera pueda expresarse libremente". Todo lo contrario, nosotros no somos demócratas, ni creemos en absoluto en la libre expresión y el libre pensamiento libremente emitido. Más aún, nuestra posición histórica considera todo eso, se haga en nombre de la democracia o del "anarquismo", como la expresión imbécil de la religión libertaria surgida de las entrañas mismas de la sociedad del capital y de la libre circulación de mercancías. Observemos el resultado de esa famosa libertad de publicación, de investigación, de circulación de materiales (en realidad de mercancías). Constatemos lo que realmente lee o deglute el ciudadano bajo el nombre de "historia" ,o las imbecilidades que los idiotas útiles en todas partes repiten a lo largo de todo el día sobre cualquier tema.

De lo que se trata en cualquier dominio, pero más particularmente en la historia de la lucha de clases, no es precisamente de "la riqueza de las opiniones" o de lo "fructífero que es intercambiar ideas personales"; sino en dar a conocer la posición de los explotados, de los revolucionarios, posición que ha sido sistemáticamente ocultada.10 E independientemente de los matices, de las polémicas al interior de los revolucionarios, o de los distintos grupos proletarios, lo que es claro es que esa posición global, la posición clara y simple de los explotados, luchando intransigentemente contra el capital y el Estado en todas sus formas, ha sido metódicamente ocultada y deformada. Como en cualquier otra cuestión histórica, es precisamente cuando se asume ese ABC de clase (desterrándose de la misma todo lo que confunde), tan simple como potente, que la polémica deviene realmente enriquecedora y donde efectivamente tiene sentido la discusión entre tácticas o métodos. De lo que se trata hoy no es justamente de dilapidar las pequeñas energías de los grupos revolucionarios en pleno dominio ideológico de la contrarrevolución, publicando pelotudeces o reproduciendo la décimo tercera posición libertaria sobre tal o cual error, pongamos de la CNT, sino por el contrario se trata de establecer claramente ese terreno de clase, de afirmar el espacio mínimo del clasismo revolucionario. Como con respecto a otros temas, dicho terreno de clase está claramente delimitado en la cuestión española, porque, como en cualquier otro episodio de la lucha de clases, en los momentos decisivos las barricadas solo tienen dos lados y, como veremos más adelante (ABC sobre la cuestión española), la cuestión es mucho más simple de lo que aparece en primera instancia y de lo que tratan de hacernos creer.

En realidad, desde el origen de nuestro grupo, así como hemos investigado y discutido de "la cuestión rusa", de la "cuestión alemana", de la "cuestión mexicana"... hemos hecho lo mismo con la "cuestión española". Incluso se llegaron a publicar, en colaboración con el grupo RAIA, algunos materiales en francés al respecto, pero que presentaban muchos problemas y estaban lejos de ser el aporte cualitativo que ese gran episodio histórico exige11. Desde esa tentativa fallida de avanzar sobre la cuestión española, se decidió organizar un trabajo de investigación y discusión internacional sobre ello, impulsado por un equipo constituido por compañeros del GCI y otros con diferentes niveles de cercanía al grupo. Tras algunos años de discusión el equipo elaboró, en 1996/97, un documento titulado Tesis sobre la revolución y contrarrevolución en la región española en los años 30, que constituye un cuadro común a todo el trabajo y que establece criterios, para seleccionar y presentar los textos más relevantes de los compañeros que publicaron en los años 30 del siglo pasado. Estas Tesis, que citaremos ampliamente en este documento, pueden consultarse en su versión integral y original en nuestra página web.

Se buscó material en todos los rincones del mundo que se pudo, se hicieron fichas, se habló con los pocos protagonistas supervivientes (buscando testimonios de revolucionarios contra los mitos de la historia oficial), se leyeron materiales inéditos o totalmente desconocidos, se escribieron centenas de cartas, decenas de borradores, se hicieron reuniones periódicas, etc.

En todo este proceso que abarca muchos años y continua en el presente, siempre fue muy difícil la centralización y organización para la publicación de todo el vasto material que se iba produciendo, discutiendo y seleccionando. Luego de muchos esfuerzos, llegamos a la conclusión que lo mejor es comenzar delimitando el ABC sobre la cuestión española, seguida de una exposición crítica de los hechos más importantes y los primeros elementos de balance, para profundizar después en los diversos aspectos que consideramos fundamentales.

 

EL PROLETARIADO EN ESPAÑA A CONTRACORRIENTE

Para captar la importancia mundial e histórica de la lucha revolucionaria del proletariado en España, es indispensable situar dicho movimiento en el conjunto de la lucha del proletariado mundial por su emancipación. Resulta imprescindible señalar que el movimiento revolucionario del proletariado, en la región española, durante los años treinta, es en realidad la última tentativa revolucionaria de la mayor ola mundial de luchas proletarias que se ha producido hasta la actualidad. Dicho período de luchas, se inicia en los albores del siglo XX, con los grandes movimientos proletarios en diferentes países, especialmente durante los años 1904/1905 (Rusia, Bélgica, Argentina, …), pero tiene su mayor impulso gracias al accionar abiertamente revolucionario de nuestra clase en México. El desencadenamiento de la guerra imperialista generalizada, que constituye un ataque en regla contra el proletariado mundial, luego de un primer momento de paralización, no sólo no logra liquidar la acción revolucionaria, sino que, por el contrario, la lucha revolucionaria contra la guerra asume un carácter todavía más decidido y general, llegando a su máxima expresión durante 1917/1921 con un conjunto de grandes movimientos insurreccionales en diversos continentes, pero centralizado fundamentalmente en Europa central: Rusia, Ucrania, Alemania, Hungría...

Durante esos años en España, si bien se producen luchas proletarias, huelgas generales y enfrentamientos (1909 -la denominada por los burgueses semana trágica o la semana grandiosa por los revolucionarios-, 1917 huelga general, en 1919 estalla ola de conflictos obreros...) los mismos no se sitúan a la altura del movimiento insurreccional de los países citados. Por el contrario, el gran combate revolucionario del proletariado en España se producirá a destiempo, después, desfasado, con respecto a la ola revolucionaria de las luchas de los años 1917/21.

En efecto, luego de su punto más álgido a nivel mundial (tal vez 1917/19), se produce la derrota cada vez más profunda del proletariado durante toda la década del 20. La reorganización del orden burgués en Rusia, las sucesivas derrotas del proletariado en Alemania, y la consecuente represión generalizada, así como la liquidación de los diversos movimientos revolucionarios en otros países, será la característica más general de los años 20. Sobre esa base contrarrevolucionaria se erigirán un conjunto de movimientos populistas y nacionalistas (estalinismo, fascismo, antiimperialismo, frentepopulismo, nazismo, ...) cuya característica central es la apología del trabajo y la nación, la movilización masiva laboral y militarista.

Durante dicho proceso contrarrevolucionario, van a desarrollarse dos grandes movimientos proletarios a contracorriente, que suscitarán la atención de todo el proletariado mundial, acerca de los cuales se concentrarán las actividades, lecturas y polémicas de los diversos núcleos de revolucionarios que se encontraban desparramados por el mundo (en general exilados y perseguidos). El primero de ellos se desarrolla en China (1926/27), en donde el leninismo/estalinismo logra desarmar al proletariado, en base al frentepopulismo y la liberación nacional, facilitando así la masacre y el triunfo de la contrarrevolución. El otro, es precisamente el movimiento revolucionario en España durante toda la década del 30, que justamente se desarrollará en una soledad impresionante, lo que facilitará la acción internacional de la contrarrevolución. También aquí la acción del leninismo/estalinismo (como potencia armada, Estatal e imperial) será decisiva, para imponer la contrarrevolución frentepopulista y el consecuente triunfo de Franco.

En dicho período conocemos sólo dos excepciones a esa situación. En efecto, solo hemos encontrado, además de la región española y la de china, dos ejemplos de luchas proletarias generalizadas, con carácter seminsurreccional, a nivel de un país, en la década del 30, que merecerían una investigación adecuada: Austria y El Salvador (y parcialmente Nicaragua).

Se podría también considerar el caso del proletariado en Francia, durante esos mismos años. Sin embargo, el Frente Popular acabará muy rápidamente con las tentativas de lucha, por lo que no se puede hablar de verdadera lucha proletaria, con carácter insurreccional, como en los otros casos.

Por consiguiente, cuando el proletariado en España entra realmente en escena, como fuerza autónoma, con peso internacional (como veremos principalmente a partir de 1931), ya se había producido la represión y liquidación del proletariado en China, que había sido el último gran ejemplo de lucha insurreccional. El capital tendía, ineluctablemente, a la guerra imperialista, repolarizando el mundo entre fascistas y antifascistas, afirmando así la necesidad de imponer su ciclo infernal (depresión, guerra, reconstrucción...), para seguir reproduciéndose en forma ampliada. Es decir que el proletariado, en la región española, altera el mortuorio orden generalizado existente en el resto del mundo, en ese tiempo, en donde dicha clase social, como fuerza histórica, había desaparecido, al encontrarse disciplinado en los frentes populares y nacionales: negación negativa del proletariado12, que tiene su punto culminante en la guerra misma.

Es decir que la última gran batalla de la resistencia proletaria a someterse a la guerra capitalista, en donde el proletariado afirma la lucha contra el capitalismo, fue la lucha en España durante los años 30 (y como dijimos en El Salvador y Austria, en una medida, seguramente inferior, y que no tenemos los elementos para evaluar adecuadamente). La derrota, la liquidación de la autonomía proletaria que se producirá particularmente durante el período de julio de 1936 a mayo de 1937, al transformar en España la guerra de clases en guerra imperialista, abre definitivamente las puertas a la generalización de la guerra capitalista a nivel mundial, que culminará con lo que se ha dado en llamar "Segunda Guerra Mundial". O dicho de otra forma, a la barbarie contrarrevolucionaria generalizada, que cristalizaban el fascismo, el estalinismo, el antifascismo..., solo le quedaba un obstáculo para imponer la carnicería suprema (¡más de 60 millones de muertos!): ese obstáculo era la revolución, la lucha revolucionaria que en España fue capaz de llevar adelante el proletariado. Es, si se quiere, la última resistencia humana a una de las mayores masacres de la historia.

Por situarse a contracorriente, por su fuerza ejemplar, por constituir un ejemplo palpitante de la lucha por la REVOLUCION COMUNISTA contra todos los enemigos aliados, la lucha revolucionaria del proletariado en España seguirá alumbrando y guiando las generaciones futuras de revolucionarios. ¡De ahí tantos intereses en FALSIFICARLA!. De ahí el interés que tenemos en hacer luz la crítica de tanta porquería escrita, de ahí la energía que las fracciones de vanguardia del proletariado han puesto, y pondrán, para conocer y hacer conocer lo que nos enseña esa lucha revolucionaria, solo comparable con la revolución proletaria en México, en Rusia, en Alemania…

 

EL ABC SOBRE LA CUESTIÓN ESPAÑOLA

Insistir sobre el "abc de la cuestión española", que en realidad es exactamente lo mismo que el "abc de la lucha de clases", implica combatir todas las ideologías que han pretendido ver en España contradicciones particulares, condiciones únicas en el mundo o especificidades debidas al supuesto atraso o a la falta de desarrollo capitalista.

Para nosotros, hay sólo una cosa realmente particular en España, y es el desfase con el que llega la confrontación con respecto a la lucha de clases en otros países. Como afirmábamos más arriba, el proletariado había sido derrotado en todo el mundo, cuando en la década del 30, en España, éste hace temblar el orden burgués. Esa es, para nosotros, la única excepción. Contrariamente a todo lo que se dice, la lucha de clases en España es igual que en todas partes, una lucha entre el capital y el proletariado y todo lo demás es una gigantesca mentira.

Dada la complejidad aparente con la que la cuestión española es presentada, este criterio de clase es indispensable, para no enredarse en las mil y unas cuestiones personales, de fracciones, de posiciones y grupos, que ha hecho escribir, a más de uno, que la "cuestión española" es un laberinto inextricable.

La complejidad misma es crucial en la falsificación. Partamos pues de lo que es más simple para nosotros, proletarios, y descubriremos la clave de todo el proceso. El punto de vista del proletariado es siempre el de sus intereses materiales e históricos, el de su antagonismo general con toda la sociedad del capital, el de su necesidad de contraponerse al capital y su Estado. Esta es la tendencia "natural" del proletariado cuando actúa como clase. Sin embargo, en el proceso de asociacionismo, en la organización proletaria en contraposición a la propiedad privada y todos sus defensores, aparecen un conjunto de ideologías, de "teorías socialistas que los intelectuales introducen en la clase", según las cuales "es demasiado prematura la lucha por la revolución social", "lo que hay que hacer ahora es apoyar a tal gobierno progresista", "hay que hacer una alianza con tal o cual sector de la burguesía", "el enemigo principal es el fascismo, el feudalismo, el atraso o, lo que sea". No es que en España dichas teorías fuesen originales (a pesar de la pretensión de algunos de los autores); sino que por el hecho de que toda la burguesía mundial (con sus respectivas expresiones "nacionales") intenta transformar esa lucha revolucionaria en guerra imperialista, se produce la presencia simultanea de multitud de expresiones ideológicas que se encaminan a desdibujar aquella simplicidad de las contradicciones de clase, que caracteriza todo el capitalismo, y a confundir todo en un enjambre confuso de ideologías. La confusión es enorme, llegando en algunos casos al extremo de explicar esa formidable lucha en España como producto de un conflicto ideológico. Hasta algunos de sus protagonistas presentan lo sucedido sin tener en cuenta en absoluto la contraposición de clases, como si en España se hubiesen enfrentado "ideas", o principios "estatistas" versus "anarquistas", o según otros "la reacción" y "el progreso", o diferentes tipos de "socialismos": "socialismo libertario" versus "socialismo autoritario".

Es totalmente lógico que quienes presentan las cosas de tal manera, se alineen necesariamente, como sucedió prácticamente, en uno de los lados de la guerra imperialista, sea a favor del franquismo, sea del antifranquismo; es decir que pongan todas sus fuerzas en la lucha para liquidar al proletariado como clase, como fuerza y transformarlo en simple masa de maniobras o más concretamente en carne de cañón.

Desde el punto de vista de nuestra clase, las cosas son simples, transparentes: el proletariado se enfrenta al capital y al Estado burgués, exactamente igual que en cualquier otra parte. Esa es la contradicción real, profunda, total, que determina, como en cualquier otra parte, a todas las demás. Las "dos Españas", "el atraso no permite...", el feudalismo y el capitalismo", "las tareas democrático burguesas", la "revolución burguesa incompleta", las "necesidades de la guerra", "la lucha contra el fascismo", son, sin excepción, ideologías, anzuelos de la burguesía para ensartar al proletariado, abombarlo y arrastrarlo para mejor servirse de él.

Desde el punto de vista del proletariado, no puede haber absolutamente ninguna duda, se trata de una cuestión de vida o muerte, o se fortifica como clase o se lo destruye transformándolo en base de apoyo de las distintas fracciones burguesas, enviándolo al frente, transformándolo en ejército (industrial y militar.) Y en el ejército republicano o franquista, en la lucha fascista/antifascista, dígase lo que se diga, el proletariado no es clase, no se afirma a sí mismo, sino que da su vida, sus tripas, su sudor y su sangre en beneficio de los (éstos sí) complejos intereses de la ganancia capitalista, del reparto del mundo entre potencias burguesas afincadas en España y al mismo tiempo internacionales. El proletariado no entra en la guerra capitalista (fascismo-antifascismo) como clase, sino como carne de cañón, como negación negativa del proletariado.

Comprendidas las cosas precisamente así, en toda su simplicidad13, toda alianza interclasista o renuncia a esa simplicidad, es un abandono de la posición proletaria. Es totalmente transparente que las organizaciones que se decían obreras, como el PSOE o el PCE (o el PCUS), afirmaban claramente que no había que hacer la revolución social sino la guerra, que el enemigo no era el capitalismo y la burguesía, sino el fascismo. Siempre fueron, coherentes, en fortificar el Estado burgués para ello, en desarmar el "caos" proletario y armar el orden y el ejército ("todas las armas al frente").

En cambio, otras organizaciones como la CNT, la FAI o el POUM oscilarán con respecto a esa simplicidad durante toda su existencia, en función de la oportunidad, de los períodos, de las estructuras, de los"programas"y/o dirigentes. Sin embargo las especulaciones sobre "las particularidades de la cuestión española", sobre "el enemigo principal", sobre el hecho de que "la derecha es peor" conducirán a dichas organizaciones, de especulación en especulación, a renunciar a todas las posiciones de clase que se habían expresado en su seno. Dichas estructuras perderán así su carácter contradictorio desde la adopción misma de las tesis frentepopulistas de "primero la guerra, luego la revolución" e implicarán su alineamiento total en la guerra interburguesa, constituyéndose en parte fundamental del Estado burgués, impulsando, desde entonces, el encuadramiento y la militarización del proletariado. En definitiva, esas organizaciones, dentro de las cuales se habían asociado proletarios en su lucha y a pesar de sus tendencias tantas veces dominantes (socialdemócratas y sindicalistas), liquidarán totalmente esta posibilidad y se afirmarán como actores principales para la reorganización del orden burgués.

Todo lo que en España parece complicado, sobre el qué hacer, sobre las consignas, es fruto del abandono fundamental de ese simple análisis de clase que indica: el enemigo es la burguesía y el Estado, no hay un gobierno mejor que otro, no hay una burguesía mejor que otra, la posición del proletariado, frente a la policía y al ejército, es simplemente la de su destrucción. En cambio el POUM y la CNT argumentarían todo lo contrario: "que hay que hacer la guerra", que "el enemigo es el fascismo", "que el gobierno de la república es pequeño burgués", "el carácter excepcional, popular, de las organizaciones burguesas de izquierda"14...

Sin embargo, si, en ruptura con la historia oficia,l se corre el velo de las superficialidades ideológicas, se constata enseguida que la clave es la contraposición de clases, el antagonismo entre necesidades humanas y el Estado burgués. A ese nivel fundamental, es clarísimo que el fascismo y el antifascismo son dos mandíbulas de la misma jeta sanguinaria, dos discursos del mismo monstruo. En efecto, cuando no se olvida nunca el carácter burgués del Estado, y se tiene en cuenta que su objetivo es, como siempre, liquidar la revolución, reventar al proletariado autónomo, desarmar los grupos de proletarios que no aceptan someterse a la disciplina estatal (por ejemplo ante la militarización)..., todo lo ideológico queda clarísimo. Así cada discurso oficial de la República, cada llamado a "renunciar a todo menos a la victoria", "dejar de lado las desavenencias en la retaguardia" sea hecho por Azaña, Companys, Federica Montseny, Andrés Nin, Juan Negrín o Abad de Santillán, adquiere su real significado.

¡Cuánto más simple son las cosas si, contra todos los elementos ideológicos, contra todos los pretextos y mentiras, no olvidamos nunca que el Estado burgués, cualquiera sea su forma, es el capital constituido en fuerza y el órgano vital de opresión del proletariado! ¡Cuánto más transparente resulta cada hecho, y cada figura histórica, si dejamos de lado lo que esos individuos dicen de sí mismos, y vemos si dicha figura luchó por el proletariado o se puso al servicio del Estado!

¡Cómo también quedan claros los discursos de ambos lados del frente de batalla para llamar a la reorganización sindical del trabajo y la marcha hacia la guerra, si no perdemos de vista que de los dos lados de la guerra se impulsan la misma reorganización del capital!

A lo largo de nuestra exposición, veremos la tragedia en la que se sumerge la lucha proletaria en España, en donde los dirigentes fundamentales de su lucha histórica irán pasando a integrar los cuadros del Estado burgués, y le pedirán, al proletariado, que abandone su lucha clasista, hasta desarmarlo y derrotarlo. Veremos que para ello se irán liquidando aquellas bases instintivas y simples de lucha contra la propiedad privada y el Estado que, durante décadas, había caracterizado la lucha del proletariado en esa región, y se construirán complejas explicaciones y teorías para justificar esas claudicaciones.

 

EXPOSICIÓN DE LOS HECHOS MAS RELEVANTES

 

Como afirmábamos anteriormente, en la década de 1930, contradiciendo la situación mundial de derrota proletaria, la agitación y lucha proletaria en España sigue creciendo. Mientras que en todo el mundo la contrarrevolución se consolida, con el proletariado y sus estructuras derrotadas, aplastadas y/o canalizadas, con los revolucionarios liquidados y reducidos a un puñado de supervivientes esparcidos y refugiados por diversas regiones, en España, por el contrario, la situación se presenta totalmente diferente. En esa región, como resultado de ese desfase temporal en la lucha, el asociacionismo proletario está en pleno auge, derrochando vitalidad y energía, fortaleciéndose y delimitándose cada vez más con respecto a su enemigo histórico por medio de la lucha y contraposición al Estado burgués. A lo largo de ese periodo, este asociacionismo no dejará de crecer, y será, como siempre, la base sobre la que se afirme el proletariado como sujeto de la revolución.

 

Antecedentes a las luchas

de los años 30

Claro que toda esta afirmación clasista, que emerge con fuerza en esa década, no se puede entender sin captarla como producto histórico de la lucha y experiencia del proletariado mundial, de los combates y tentativas del pasado por organizarse como clase. No podemos reapropiarnos con profundidad de este episodio histórico sin comprenderlo como continuidad de las luchas del pasado. Por consiguiente, sin necesidad de remontarnos muy atrás, podemos reconocer una parte de sus antecedentes en las luchas y esfuerzos del proletariado en el siglo xix por organizar internacionalmente su combate. En España, esto se concreta en la lucha por instaurar una sección de la Primera Internacional, como la Federación Regional Española15, por constituir grupos de acción como los "defensores de la Internacional", por combatir el parlamentarismo y defender la acción directa. La burguesía no escatimará en medios para frenar y neutralizar estas tentativas del proletariado por constituirse en clase que desafiaban su dominación.

El Estado utilizará toda clase de operaciones para frenar el avance del proletariado: cambios en el aparato de Estado, aumento de las medidas represivas, declaraciones de estado de guerra, impunidad para la represión, asesinato selectivo de militantes, guerra de Marruecos, ley de fugas, lock-outs, deportaciones, detenciones masivas, listas negras, torturas, concesiones, libertades democráticas, sindicalismo, parlamentarismo… En todo este combate, el proletariado intentará responder golpe por golpe: al terrorismo de Estado le opondrá el terrorismo revolucionario, a la guerra de marruecos la lucha contra su propia burguesía, al sindicalismo y al parlamentarismo la acción directa contra el Estado y el capital.

No podemos dejar de señalar la semana de lucha, contra la guerra de Marruecos y la Iglesia, que hubo en Barcelona en 1909. En este episodio, conocido como Semana Trágica, (denominación dada por la burguesía), muchos de los edificios de culto del capital –parroquias, conventos, escuelas religiosas— fueron pasto de las llamas. Una vez más, el proletariado señalaba a la Iglesia como fuerza del capital que propiciaba su miseria y la muerte de sus hermanos en la guerra de Marruecos. Cabe destacar que muchos dirigentes de esta revuelta fueron prostitutas que rechazaban la miseria y el arrinconamiento a la que eran sometidas, bajo la cobertura higienista16.

Será justamente en el siglo xx, a partir de su segunda década, donde este combate de clases adquirirá momentos relevantes. Precisamente, en 1917, las noticias de las luchas internacionales llevadas a cabo por el proletariado, especialmente lo que tiene que ver con el proceso revolucionario en Rusia, llegan a los oídos de los proletarios en España, aportándoles fuerza y determinación en la lucha contra el agravamiento de sus condiciones materiales, favoreciendo el aumento de su organización, donde destacaban unas minorías coordinadas y armadas en distintos puntos del país. En mayo de 1917, hay motines e insubordinación en el ejército contra la guerra de Marruecos. Tres meses después, tiene lugar una huelga general que desata una potente revuelta que se prolongó varios días. La burguesía tuvo que recurrir a las ametralladoras del ejército pues la policía se vio desbordada. El proletariado fue derrotado, pero sacaba grandes lecciones de la batalla, delimitándose con mayor claridad de la socialdemocracia parlamentaria y politicista, que se expresaba en su forma clásica a través del PSOE.17

A finales de 1917, tras el triunfo de la insurrección proletaria en Rusia, en los círculos revolucionarios se discutía sobre la misma, sobre lo que hacía el proletariado en esa región y sobre los dirigentes bolcheviques. En los ámbitos militantes, incluidos entre los que se reivindicaban anarquistas, se aceptaba y se comprendía el significado de la dictadura del proletariado como una dictadura social contra el capitalismo y su progreso, una dictadura que contiene la supresión de toda dictadura y que tiene por objetivo la abolición del proletariado mismo y por lo tanto de todas las clases sociales. Evidentemente, esta dictadura social de los explotados para abolir toda explotación, no tenía nada que ver con lo que pasaba en Rusia. La verdadera dictadura del proletariado es la contraposición total a la dictadura politicista que impone un partido formal para hacer las tareas democrático burguesas que supuestamente la burguesía no había realizado. Esta dictadura es todo lo contrario a la dictadura de la humanidad contra la sociedad burguesa, es por el contrario la dictadura de un partido "socialista" para desarrollar el capital, para hacer progresar el trabajo y el capital, que era la vieja concepción socialdemócrata que defendían desde siempre, esos partidos y que, en Rusia, impusieron los bolcheviques contra la lucha revolucionaria del proletariado. Así, por ejemplo, en el periódico "El Comunista", publicado en Zaragoza en 1919, impulsado por el cenetista Zenón Canudo, se afirmaba: "De la llamada Revolución Rusa los anarquistas se hicieron la idea de una auténtica dictadura del proletariado destruyendo el poder de la burguesía y de la aristocracia zarista". Subrayemos que a nivel internacional sucedía lo mismo en la carta de Malatesta a Luigi Fabbri (que éste último publicó en el prólogo al libro Dictadura y Revolución, 1925, ed. La Protesta Bs. As.) éste comentaba "nuestros amigos bolchevizantes entienden por la expresión dictadura del proletariado el hecho revolucionario por el cual los trabajadores toman posesión de la tierra y de los instrumentos de trabajo y tratan de constituir una sociedad en la que no haya lugar para una clase que explote y oprima a los productores. En este caso, dictadura del proletariado significaría dictadura de todos y no sería una dictadura, de la misma manera que gobierno de todos no es ya un gobierno en el sentido autoritario, histórico y práctico de la palabra".

Sin embargo, en España, como en otros lugares del mundo, se identificará lo que en realidad es contrapuesto: la verdadera dictadura social contra el capital con la dictadura bolchevique, leninista, burguesa, que bajo la careta socialista, consiguió recomponer al capitalismo en toda la Gran Rusia. La identificación en todo el mundo entre ese monstruoso régimen capitalista y opresivo que era el mundo leninista con lo que era su opuesto, la dictadura del proletariado, el socialismo, el comunismo… por el que peleaba el proletariado del mundo, fue el mayor engaño y falsificación del siglo y la victoria suprema de la ideología contrarrevolucionaria. Desgraciadamente, también en la región Española se impuso la ideología leninista, que se tradujo en un proceso de "bolchevización" generalizado, que llevará incluso a la CNT a adherir a la Internacional "roja" y a defender e imitar el régimen leninista hasta en la organización de la explotación capitalista y los campos de trabajo (concentración).

En el II congreso de la CNT se aprueban cuestiones como: "Que encarnando la Revolución rusa, en principio, el ideal del sindicalismo revolucionario; que abolió los privilegios de clase y casta dando el poder al proletariado, a fin de que por si mismo procurarse la felicidad y bienestar a que tiene indiscutible derecho, implantando la dictadura proletaria transitoria a fin de asegurar la conquista de la Revolución."

Sin embargo, fue el desarrollo de los acontecimientos, lo que hizo que minorías revolucionarios fueran percibiendo que la verdadera política bolchevique, leninista/ estalinista, era todo lo contrario a lo anunciado. Como en todos los países del mundo, militantes y grupos revolucionarios desarrollarán una crítica cualitativa de los bolcheviques, sobre todo las encabezadas por Bruno Lladó, que estuvo en el Congreso de la internacional roja en 1920 junto a Nin y el resto de delegados de CNT. A finales de 1921 este militante afirmaba: "Cuando uno ha entrado en Rusia y vivido unos meses en medio del elemento oficial (burócratas policías), bolcheviques de la primera hora (pocos) y bolcheviques de ocasión (la mayoría), y extraoficialmente ha ido a visitar a obreros auténticos, en las fábricas o en sus viviendas, y ha visto, palpado, sentido, la verdad actual y la compara con lo que dice el bolchevismo, deduce toda la verdad que hay en todo grito, arenga, propósito o afirmación bolchevique; y, con horror, se piensa que inconscientemente es verdad, pero con pasión verdadera hemos estado unidos moralmente con los peores enemigos que ha podido tener la Revolución[…] Los bolcheviques sostuvieron siempre que la intervención extranjera obligó al bolchevismo a emplear medios y formas que a la vista de todo el mundo son propios de contrarrevolucionarios, y han sostenido que ellas eran dictadas para la defensa de la revolución. Yo sostengo lo contrario, o sea que la intervención extranjera permitió al bolchevismo […] que pudiera laborar contra la Revolución social para que ella fuese solamente una revolución política […] La dictadura del proletariado no es la de este ni la del partido comunista, sino la de una minoría sujeta a la tiranía moral de Lenin.[...] No ser cómplices con silencios indignos ni con concomitancias criminales con los verdugos del pueblo y la contrarrevolución. Podemos ayudar moralmente a los que allí sostienen la lucha, y materialmente, sosteniéndola contra nuestros propios gobernantes y capitalistas, debilitándolos, a fin de anular su fuerza el día que la quieran prestar decididamente a la contrarrevolución rusa... concretada, concentrada y representada por este partido bolchevique."18 Es decir no solo se era consciente que "la intervención extranjera permitió al bolchevismo […] que pudiera laborar contra la Revolución"sino que "hemos estado unidos moralmente con los peores enemigos que ha podido tener la Revolución"que será justamente lo que luego, a partir de 1936, se volverá a repetir cuando la CNT colabore con la contrarrevolución internacional bolchevique.

Justamente en esos años, como en muchos países, se constituye el llamado Partido Comunista19 como escisión con el Partido Socialista. Rápidamente ese partido se convertirá, como casi en todas partes, en una herramienta de la contrarrevolución y en una auténtica vanguardia anticomunista, adquiriendo, años después, un papel central en la represión del proletariado.

Determinadas disputas internas en ese partido harán surgir, desde su nacimiento, un puñado de pequeños partidos, la mayoría sin gran importancia, y que no supondrán ruptura programática alguna con el leninismo. Estos partidos, solo tendrán peso en el desarrollo posterior de los acontecimientos: la OCE (Oposición Comunista Española, más tarde Izquierda Comunista Española) y el BOC (Bloque Obrero y Campesino) cuya unificación a finales de 1935 constituirá el POUM.

En ese periodo, uno de los pilares del desarrollo del capital, de la modernidad democrática y del terrorismo de Estado contra el proletariado fue el pistolerismo, que centró su actividad en eliminar militantes y sembrar el terror en filas proletarias. La práctica de estos pistoleros (que funcionaron como verdaderos cuerpos para policiales, muchos de ellos afiliados a sindicatos de la patronal), fue complementada con un aumento de la democrática legislación represiva que garantizaba impunidad policial. En coherencia con la modernidad y el progreso mercantil, se aplicó, como en tantas partes del mundo,"la ley de fugas"que, en realidad, legitimaba el asesinato de los detenidos por la espalda, arguyendo intento de fuga. Las detenciones masivas y arbitrarias, así como las torturas y asesinatos de militantes, se multiplicaron con el progreso y el desarrollo del capital, junto con la creciente importancia de las formas parlamentarias y republicanas de dominación, así como el acceso y alternancia de las izquierdas en el gobierno. Es verdad que estas alternancias nunca se formalizarán claramente hasta el período posterior ("Segunda República"), sin embargo, incluso las formas bonapartistas (monarquía o dictadura de Primo de Rivera) incluirán siempre elementos de esa alternancia organizando el colaboracionismo de clases y haciendo participar (por ejemplo en el Consejo de Estado) a elementos de la izquierda como condimento necesario a la legitimización democrática del terrorismo de Estado. Pese a que muchos de los militantes más destacados del proletariado fueron asesinados o encarcelados en prisiones llenas a reventar, nuevas generaciones de proletarios nutrieron y crearon cuerpos de autodefensa armados contra la patronal -herederos de los "defensores de la Internacional" del siglo XIX-, especialmente grupos de acción auxiliados por redes solidarias y clandestinas. Si al principio muchos de estos grupos invierten sus energías en golpear a meros ejecutores de la burguesía, pronto comprenden la importancia de castigar a elementos mucho más decisivos de esa clase: cardenales, gobernadores, miembros de la patronal, altos cargos represivos (incluyendo varias tentativas de ajusticiar al rey).

Decenas de grupos de acción, como Los solidarios20, actúan en esa dirección. En 1923, tras un pleno clandestino de la CNT, se decidirá crear un comité de acción nacional que será una primera tentativa de centralización de los grupos de acción. Lo que estaba claro es que el proletariado respondía al terrorismo del Estado democrático con el terrorismo revolucionario, buscando, para ello, organizarse lo más efectivamente posible. Por supuesto que las medidas más consecuentes al respecto sólo se podían hacer pasándole por arriba al socialdemocratismo ideológico que había predominado en la CNT; lo que en los hechos se produce invariantemente por la creación de "organizaciones en la organización" que, al mismo tiempo que imponen inconsultamente una práctica consecuente, en base a diversas estructuras y grupos compartimentados, combaten al sindicalismo reformista reinante, levantando los objetivos finalistas de la sociedad comunista/anarquista, que si bien se habían inscripto en el programa constitutivo de la CNT, en los hechos había sido condenado a ser "letra muerta".

A pesar de la enorme represión, la protesta social y su cristalización en las minorías revolucionarias más decididas, pondrán en jaque al Estado en diferentes momentos cruciales. El 11 de agosto de 1921, la invariante lucha del proletariado por sus intereses materiales da vuelve a contraponerse en la calle a la guerra de Marruecos, llevada adelante por la burguesía y el Estado español. La represión, con los fusiles de la guardia civil como protagonistas, apenas consiguió mantener el orden, provocando la dimisión del Jefe de Gobierno. La burguesía aconsejó al rey Alfonso XIII que eligiera a Maura, dirigente de la represión de 1909, para "Meter a España en cintura", inaugurando las "cuerdas de presos", en las que los detenidos iban de cárcel en cárcel, atados unos con otros, andando por la carreteras, fuertemente escoltados. Medida que servía de escarnio y advertencia.

El 13 de septiembre 1923, el general Primo de Rivera, en acuerdo con Alfonso XIII y otros dirigentes de la burguesía, da un golpe de Estado "para acabar con el terrorismo, la propaganda comunista, la agitación separatista, la inflación, poner orden en las finanzas y solucionar el problema de Marruecos". Si bien las ejecuciones de militantes prosiguen a una escala menor, la represión es más efectiva con la sistemática y preventiva persecución de militantes y organizadores, la masificación de los fichajes y las detenciones (militantes como García Oliver cumplirán condenas de hasta siete años), el cierre de periódicos y locales proletarios. Dicha represión será exitosa, en primera instancia, paralizando y desorganizando durante cierto tiempo al proletariado 21.

Para algunos militantes es imposible actuar en esas condiciones, por lo que, para asumir ciertas tareas en la lucha revolucionaria, se impone el exilio. Esto desorganizó a diversas estructuras en España, pero permitió estrechar lazos internacionales y extraer mejores balances de luchas del pasado en distintos lugares del mundo, como las del proceso revolucionario en México y Rusia22. Sin embargo, es importante resaltar que mientras otras minorías, como las que publicaron Bilan/Prometeo o, más claramente aún"L’Ouvrier Communiste, así como la llamada izquierda germano holandesa o el núcleo en torno a Mackno y Archinov, escribían sobre el ABC de la revolución y la contrarrevolución, las minorías militantes de España, exiliadas o no, dejaron muy en segundo plano esta cuestión esencial del balance global de la lucha, de la sistematización teórica de la experiencia. Como en las luchas anteriores en otras partes del mundo, eso pesará muchísimo, cuando se desencadenen los momentos cruciales y haya que adoptar decisiones claras en la dirección de los proletarios en lucha: octubre de 1934, julio de 1936 o mayo de 1937.

En Francia, militantes exiliados como Durriti, Ascaso y Jover tienen como objetivo constituir un Centro Revolucionario y una revista internacional trilingüe (francés-español-italiano) en la que destacará la denuncia a la represión bolchevique del movimiento del proletariado en Kronstadt, en Ukrania (en particular de la Makhnochina) o el impulso a campañas solidarias con Sacco y Vanzetti, entre otros temas. También tienen como objetivo crear una editorial, recaudar fondos para la financiación de la lucha en España, adquirir armas y municiones que luego se introducían en Barcelona. Todo en coordinación con un comité revolucionario que funcionaba en España. Ejemplos como el entorno de la librería Internacional de París –atracos en Latinoamérica, conspiraciones para atentar contra reyes y burgueses, financiación de estructuras y publicaciones, formación de cuadros y grupos revolucionarios, lazos internacionales permanentes– funcionaron como un esbozo de internacional proletaria, como tentativa de lo que necesitaba el proletariado para organizarse internacionalmente, que objetivamente contrastaba con la denominada "Internacional Comunista", que no era más que una herramienta de los intereses burgueses e imperialistas del Estado ruso. Desde luego todas estas tareas fueron un elemento importante para el fuerte resurgimiento del proletariado en España a finales de la década de 1920, y su continuidad con su pasado reciente.

Es precisamente a finales de esa década cuando la efervescencia social vuelve a sacudir a España, doblando la mano de la represión. La crisis económica se agudizaba, golpeando brutalmente al proletariado, las huelgas retornaban a un primer plano, las contradicciones sociales se agudizaban... el proletariado redoblaba tambores de guerra. El gobierno de Primo de Rivera, incapaz de mantener el orden, caía como fruta madura. Frente a este devenir, la burguesía buscará un nuevo golpe de mano. El levantamiento de la guarnición de Jaca y los pactos de San Sebastián son la antesala del salvoconducto que el capitalismo se apresurará en dar a Alfonso XIII. De la noche a la mañana, la fracción monárquica de la burguesía devino republicana. Sin rey y con una República que daba un papel predominante a la izquierda, la burguesía esperaba volver a detener al proletariado sacándolo de su terreno de clase para arrastrarlo al fango parlamentario y sindical, sellando la paz social. La tentativa fracasó.

 

Primeros años de la República

Efectivamente, pese a que por un poco tiempo el proletariado se mantuvo expectante, pronto percibe que la denominada Segunda República española (se había llamado Primera República al régimen político proclamado por las Cortes en febrero 1873, que duró menos de dos años), lejos de concretarse en una disminución de la represión y la explotación a la que está sometido, supone un mantenimiento de la situación anterior, pero esta vez con la bandera liberal y parlamentaria. Por consiguiente, lejos de calmar los ánimos y fomentar ilusiones en el proletariado, se entrará en una fase más decidida, donde la lucha de clases alcanzará los niveles más elevados. Durante los años que siguen a la proclamación de la República se producen una sucesión incontable e interminable de huelgas23, ocupaciones de tierras y viviendas, expropiaciones, boicots, asaltos armados y quema de edificios públicos, incendio de conventos e iglesias, ajusticiamientos y actos de sabotaje. En dicho proceso, el proletariado se va forjando como clase, afirmando su experiencia, unidad y consciencia, expresado en un amplio proceso asociativo. La represión será terrible (miseria, torturas, destierros, cárcel, asesinatos, bombardeos…).

Entrada pues la década de 1930, manteniendo viva la experiencia de las décadas precedentes, el proletariado va a impulsar un rico proceso organizativo que se manifestará en una gran cantidad de estructuras y grupos diseminados por toda la región española que actúan en los diferentes aspectos de la vida social, asumiendo, a distintos niveles, la acción directa contra el Estado para la defensa de sus necesidades. El asociacionismo proletario se concreta en la multiplicación de los grupos de acción y los cuadros de defensa – que se estructurarán en los llamados comités de defensa-, agrupaciones de inquilinos, núcleos de militantes revolucionarios, sociedades obreras, ateneos, comités pro-presos, comités de casas, comités de calle, comités de barriadas, comités de coordinación... donde proletarios de todas las edades y sexos desencadenan huelgas, sabotajes, enfrentamientos contra los represores, organizan el impago de alquileres, la solidaridad de clase, así como redes de apoyo a los desocupados y familiares de encarcelados, atentados, ajusticiamientos, expropiaciones, publican cientos de periódicos, panfletos y revistas, preparan fugas carcelarias, revueltas, tentativas insurreccionales y un largo etcétera de acciones y prácticas.

Se trata de un proceso donde el proletariado va reconociéndose como clase, asumiendo a diversos niveles la lucha intransigente por sus condiciones materiales, lo que va situándole en contraposición a las distintas fracciones de la burguesía, posicionándose de forma cada vez más clara fuera y contra todas las estructuras del Estado, percibiendo la necesidad fundamental de destruir el capitalismo, de realizar la revolución social.

La mayoría de ese vasto asociacionismo proletario se estructurará durante todo este periodo en la CNT, a pesar de que el mismo iba en contra del proyecto dominante en esa central. Será fundamentalmente en está organización donde se concentre y organice la fuerza proletaria y será en su propio seno donde se desencadenará una batalla decisiva entre la afirmación del asociacionismo proletario, por un lado, y el colaboracionismo sindicalista y su integración al Estado, por el otro.

Por tanto, la proclamación de la Segunda República, lejos de significar la imposición de la paz social tan deseada por la burguesía, estuvo marcada por el auge de los conflictos y estallidos sociales, que cada vez iban siendo más violentos y radicales. Las huelgas, por poner un ejemplo, no dejaron de incrementarse de año en año.

La legislación republicana buscó responder a esta situación. De esta manera, desde su nacimiento hasta julio del 36, se decretará en 21 ocasiones el "Estado de Prevención, 23 veces el Estado de Alarma y en 18 momentos el Estado de Guerra. Cada uno de esos Estados de Excepción son en realidad la legalización democrática de la dictadura abierta: se dan diferentes comodines y cartas blancas a las fuerzas represivas para "excederse" legalmente, o dicho de otra forma, es la legitimación del terror de Estado: suspensión de los derechos ciudadanos básicos como el de expresión de ideas y de inviolabilidad del domicilio, allanamientos, registros, perquisiciones sin autorización especial, interrogatorios sin ir al juez, limitación del derecho romano de habeas corpus, asignaciones a residencias, censuras y clausura de todas las formas de difusión de ideas, interdicción de la libre circulación, aplicación de la justicia militar y de los jueces militares a los civiles, limites al derecho de reunión y asociación, prohibición de huelgas y de otros conflictos colectivos, toques de queda, movilización y militarización de la población, etc. Por lo general, se puede decir que los momentos de "normalidad" constitucional serán la excepción en la legalidad cotidiana de la República, en la medida en que los diferentes estados de excepción se van prorrogando mes a mes24.

Por otro lado, se fue promulgando una nueva legislación laboral, en la que destacaban los "jurados mixtos", tan similares a los comités paritarios de la época de Primo de Rivera, que intentaba imponer el modelo sindical "corporativo" (más cercano a los métodos de la UGT), frente a la acción directa utilizada por los proletarios en lucha que organizaban e impulsaban las huelgas pasando por encima de esos y otros organismos gubernamentales.

Al mismo tiempo, durante los primeros años de la Segunda República, las medidas de austeridad contra el proletariado fueron cada vez mayores. La explotación aumentó brutalmente hasta el punto de disminuir el salario real, siendo habitual que los proletarios no pudieran cubrir sus necesidades básicas. La burguesía trataba de esconder esa acción bajo un aumento formal (nominal) del salario. La desocupación, sin derecho a subsidio, superó, según los datos oficiales, el 16%, lo que generalizó la mendicidad para comer. Esta situación hacía depender de la solidaridad y la caridad de la gente la supervivencia de millares de proletarios sin recursos. Pero los proletarios no se resignaban a mendigar su vida y pusieron patas arriba a la República.

En mayo de 1931, se producen revueltas proletarias en Madrid, Sevilla, Málaga, Granada, Murcia y Valencia... donde se queman más de 100 iglesias y conventos. Poco después se producen importantes luchas en toda Andalucía que obligan, al gobierno, a declarar el Estado de Guerra, legitimando así la participación del ejército en la represión. En junio estalló la huelga de telefonistas a nivel nacional, que la UGT trató de sabotear con rompehuelgas, en combinación con un intento de asalto armado a la central telefónica de Madrid, dando lugar a sangrientos incidentes en Sevilla. Se realizan entonces huelgas generales de apoyo a los trabajadores en lucha de Telefónica. Nuevamente Sevilla, que quedó paralizada el día 20 de julio, fue la ciudad donde más intensos fueron los enfrentamientos. En respuesta, el gobierno utilizará Estado de Guerra, autorizándose a hacer uso de las fuerzas militares para ocupar toda la ciudad y atacar con artillería el local donde se reunía el comité de huelga. Hubo 30 muertos y 300 heridos.

A esta huelga la prosiguieron más conflictos en los meses siguientes, tanto en las ciudades (el del metal en Barcelona, el 4 de agosto de 1931) como en el campo, donde a las huelgas además se sumaron las importantes ocupaciones, expropiaciones de tierras y alimentos de jornaleros, expulsión de patronos, reapropiación de salarios no abonados y un largo accionar de los jornaleros en diferentes provincias: Córdoba (Bujalance y Baena), Granada (Moraleda de Zafayona), Sevilla (Écija y Estepa), Huesca, Teruel, Navarra, etc.

Al mismo tiempo, se generalizan los saqueos a centros de alimentos, panaderías y almacenes, sobre todo los organizados por algunos comités de barrios y calles dirigidos por mujeres proletarias. También se organizan comités de inquilinos y de casas que actúan por toda la región organizando el impago de alquileres, la resistencia frente a los desahucios por impago, así como el acoso y escrache de propietarios para que bajen los precios de los alquileres.

La serie de protestas y huelgas se prolongaban durante meses, haciendo de las huelgas, manifestaciones y enfrentamientos con la represión moneda corriente: Córdoba, Sevilla, Ciudad Real... En algunos casos se hizo necesaria la intervención del ejército para reprimir a los proletarios, que utilizaron tácticas de guerrilla urbana para enfrentar a las fuerzas del orden.

En diciembre de 1931, tras formarse el nuevo gobierno de coalición con republicanos de izquierdas y el PSOE, que será definido por los sectores proletarios como la "dictadura social-azañista", se convocó, en Badajoz, una huelga general. En Castilblanco, las fuerzas del orden intentaron evitar una asamblea y enviaron a la guardia civil a reprimir. Contra dicha represión, los proletarios organizados respondieron linchando a cuatro milicos, pero el saldo represivo de la venganza fue brutal desatándose también sobre otras localidades, como en Épila (Zaragoza) o Arnedo, donde se disparó a quemarropa sobre una manifestación matando a hombres, mujeres y niños. El saldo fue de decenas de muertos y de heridos.

Durante ese año, se desarrollaron también grandes huelgas solidarias con los presos, primero en Barcelona y luego en Zaragoza, Algeciras, Bilbao, Huelva, Cádiz..., que terminan generalizándose a todo el país.

Debido a la explosiva situación social que existe en esos momentos, la liberal y progresista República se ve "forzada" a aprobar la temible Ley de Defensa de la República, que otorga poderes cuasi divinos a las fuerzas del orden y al ministro de gobernación25. Al mismo tiempo, aumenta el grueso de las fuerzas represivas, incorporando, pocos meses después, un nuevo cuerpo: la Guardia de Asalto. En menos de un año, las fuerzas totales de orden público aumentarán en un 50% con respecto a la época del gobierno de Primo de Rivera, y en un 100% con respecto a 1918. Esto deja claramente establecido que las necesidades represivas del capital eran cada vez mayores y que la "República social de los trabajadores" supo asumir el terror de Estado que el capital necesita.

 

Profundización de la lucha y tentativas insurreccionales

En 1932 se sigue radicalizando el enfrentamiento de clases, produciéndose batallas cada vez más violentas entre el Estado, representado por un número cada vez más grandes de agentes del terrorismo burgués, y la revuelta proletaria, cada vez más armada. Los grupos de acción promueven y organizan huelgas, protestas y movimientos masivos, como el de la provincia de Logroño en enero que termina avivando la lucha social en otras ciudades. En la cuenca minera del Alto Lobregat y el Cardoner -zona en la que también se concentra la industria textil y la producción agrícola- la revuelta proletaria tiende a afirmar el proyecto revolucionario, intentando asumir aspectos decisivos de una verdadera dictadura de la revolución social contra el capital: se reivindica la abolición del dinero y la propiedad privada y se asume la necesidad del terror revolucionario. Se tomaron los edificios públicos de Manresa y Berga (Barcelona), y en algunos lugares, como Sallent y Fígols, las propiedades agrícolas fueron expropiadas. Las huelgas se sucedieron sin pausa. El ejército sofocó el levantamiento con un gran derramamiento de sangre. Los detenidos se contaron por cientos, y las fuerzas del orden burgués decidieron deportar a muchos de ellos. Pero, las protestas y violencias que se desataron en las calles obligaron al gobierno a rebajar el número de deportaciones.

Tras la revuelta de 1932, el Estado republicano decide crear la Guardia de Asalto con el objetivo de hacer frente al ascenso de la lucha proletaria. A pesar de la violencia de la represión republicana, los movimientos y los núcleos revolucionarios continúan en toda España y los enfrentamientos de clase son el pan cotidiano: Alicante, Valencia, Granada, Tarrasa... En pueblos y regiones enteras se proclama el comunismo libertario siendo en algunos casos una mera declaración, mientras que en otras partes las minorías de vanguardia tratan de imponer, por la violencia, medidas elementales contra el capital. El proletariado agrícola asume de nuevo, este año un importante papel con fuertes huelgas y expropiaciones de propiedades agrícolas en Victoria, Zaragoza, Cataluña, Ávila, Toledo, Andalucía, Extremadura, etc. También el proletariado minero juega un papel importante, ya en marzo se dan importantes huelgas en Asturias. Los enfrentamientos entre las fuerzas del orden y los proletarios en lucha se suceden en todo el país y durante todo el año: Toledo, Córdoba, Orense... Estructuras como los Comités de Defensa ganan fuerza y preparan una amplia red de núcleos y de niveles organizativos que serán vitales para los futuros combates.

Los Comités de defensa que se estructurarán en el seno de la CNT, tras el congreso de 1931, serán expresiones organizadas, realmente importantes, de la afirmación del proletariado como clase. Irán profundizando y mejorando su estructuración y orientación a lo largo de todo el periodo republicano, hasta alcanzar un alto grado de organización. Su brazo operativo serán los cuadros de defensa, que actuaban en un marco delimitado de una barriada, coordinados con otros cuadros de ese mismo barrio por medio del Comité de defensa de barriada. Los distintos comités de defensa de barriada se coordinaban, a su vez, en el Comité de distrito, los de distrito en el local, los locales en el regional, y los regionales en el nacional. Todo además ligado a otras estructuras más amplias. Es evidente que este esquema organizativo básico sufrió modificaciones dependiendo de los lugares y las coyunturas. También es cierto que, en los hechos, su nivel de coordinación, en las instancias superiores, tuvo muchas deficiencias y se produjeron muchos problemas y confusiones por la existencia de posiciones contrapuestas y la superposición entre los Comités de Defensa de la CNT y los comités superiores de la CNT, así como con los comités proletarios más autónomos, aunque también se considerasen parte de la CNT.

La tarea central de los Comités de Defensa fue la de preparar y buscar los momentos decisivos para concretar la lucha insurreccional: . serán ellos los que impulsaron y orientaron las tentativas insurreccionales de enero y diciembre de 1933, para culminar con la insurrección de julio de 1936 en Cataluña y las jornadas de mayo del 37.

En todo este proceso organizativo de los Comités de Defensa, es necesario subrayar el papel que jugó el grupo Nosotros (o Los Solidarios anteriormente), autentico dinamizador de ese proceso y vanguardia del proletariado en la región española hasta su disolución. Este grupo dirigirá y profundizará en la estructuración de estos comités, reflexionará constantemente en el arte insurreccional y en otros aspectos programáticos esenciales. Al mismo tiempo, peleará, y se impondrá en ocasiones, junto a otros militantes revolucionarios, contra el sector contrarrevolucionario de la CNT, defendiendo la autonomía de clase y la necesidad de la insurrección y de su preparación. El grupo Nosotros afirmaba que las jornadas insurreccionales, como las vividas en el Alt Llobregat, aunque finalmente no desencadenen la revolución, eran importantes por varias razones: "concienciaban" más a los proletarios que "toneladas de propaganda", desgastaban a la República y servían de entrenamiento y de aumento de fuerzas para el proletariado. A su vez, el grupo se defendía de sus detractores, que los acusaban de querer llevar a cabo un "golpe de estado" para apoderarse del poder, asegurando que en sus intenciones no había ni "blanquismo", ni trotskismo, sino que lo que querían era "aprovechar nuestras fuerzas para el triunfo de la revolución".

A partir de lo ocurrido en Alt Llobregat en 1932, los miembros de Nosotros insistieron en la necesidad de una mejor preparación y coordinación a nivel de todo el país. De ahí que, antes de cada una de las revueltas de 1933, estos militantes viajasen a los puntos más calientes de España, se reuniesen con las minorías más decididas, coordinasen la acción en los comités de defensa y otros núcleos proletarios. En todos los casos preparaban un plan insurreccional, estableciendo el punto de partida de la insurrección así como los lugares adonde tenían que producirse acciones tras "el aviso"; al mismo tiempo que organizaban un eventual repliegue.

Ante las derrotas de cada tentativa insurreccional se realizarán balances, reflexiones y discusiones entre los revolucionarios que se cristalizaron organizativamente en un perfeccionamiento de esos Comités, y que, como veremos, será fundamental para la insurrección de julio de 1936. Es evidente que esta realidad, y otros procesos asociativos paralelos, derrumban el mito espontaneísta que oculta la capacidad del proletariado para asumir la preparación y estructuración de su revolución. Cuanto más oficial será la historia posterior, más se ocultará este proceso real de lucha contra el individuo y el individualismo, menos se defenderá esa afirmación de la disciplina orgánica forjada conjuntamente y haciendo posible que el proletariado se afirme como fuerza de destrucción del capital y el Estado. Luego de la derrota del proletariado y la reafirmación del individuo libre tan importante en la reorganización del capital y el Estado toda la historia pasada se basará en falsificar esos salto cualitativos esenciales en la conformación de la clase…, en la organización de la fuerza revolucionaria del proletariado, presentándonos un pasado de individuos libres actuando espontáneamente y unificándose en función de afinidades inmediatistas.

Tras el fallido intento de golpe militar de agosto de 1932, por el General Sanjurjo (Sanjurjada), se realiza una nueva huelga general, pero fue rápidamente controlada por el gobierno.

El año 1933 comienza con importantes luchas que dejan claro que para nuestra clase era cada vez más evidente que el combate diario contra el deterioro de su nivel de vida iba ligado con su devenir revolucionario. Cada vez era más nítido que la lucha por los intereses inmediatos y los históricos o finalistas estaban indisolublemente unidos. A través del testimonio de un proletario de la época, pretendemos ilustrar la fuerza que había en aquél momento para comprender, entre otras cosas, porqué las minorías revolucionarias valoraban que había que impulsar lo que llamaban un ciclo insurreccional, que culminó en julio de 1936. A pesar de no estar exentas de voluntarismo, las minorías más decididas manifestaban claramente que para poner en jaque al Estado, e iniciar un proceso revolucionario, es necesaria la acción decidida de grupos coordinados que, ligados al resto de la clase, sirvieran de punta de lanza, golpeando simultáneamente los lugares vitales y a las fuerzas claves del enemigo.

"Los comités de casas, calles y barrios comenzaron a funcionar para hacer frente masivamente a los desahucios u otras medidas coercitivas de los propietarios, que se apoyaban en la fuerza pública. La movilización, particularmente de mujeres y chiquillos era permanente y, de tal modo, que, cuando se intentaban hacer desalojos, esas mujeres y chiquillos eran quienes afrontaban a la fuerza pública, impidiendo que se echara a los inquilinos de sus viviendas. Estos comités de mujeres y niños tomaron también sobre sí la iniciativa de salir en grupos a comprar fiado en los almacenes de comestibles. Las compras no eran abusivas ni arbitrarias, solo de productos de primera necesidad"27.

Este testimonio también recuerda que se crearon bolsas de parados que se organizaban para acudir a los restaurantes a comer de forma gratuita y a sentarse frente a las fábricas para, el día de paga, presentarse ante el patrón a cobrar su semana de sentado. "En conjunto, todas estas medidas tenían como objeto la movilización general y permanente, ligada por la solidaridad generalizada, lo cual era una manera de ejercitar la acción y desarrollar la toma de conciencia revolucionaria entre los trabajadores de ambos sexos, incluidos los propios chiquillos, fenómeno este último que explica el papel importante que jugaron infinidad de muchachos de apenas quince años en los comienzos de la revolución española de 1936. […] El conjunto de todos estos factores creaba en Barcelona un clima verdaderamente explosivo que se acentuó aun más por la puesta en práctica de los atracos"28.

Precisamente, en enero de ese año tiene lugar una tentativa insurreccional, preparada, impulsada y coordinada especialmente por los Comités de defensa y núcleos militantes de diversas localidades que vuelven a poner patas arriba a la República durante varios días. Sin embargo, una serie de errores, confusiones y problemas entre los Comités mandaron al traste la tentativa insurreccional. Así, por ejemplo, hay tal ambigüedad cuando llega el "aviso" que en algunas partes se cree que se ha cancelado y se desmovilizan (por ejemplo el comité regional de Andalucía anula la orden de huelga general que era el desencadenante, al entender que todo quedaba cancelado) lo que permitió a la República de Azaña mostrar su capacidad para llevar el terrorismo estatal a su máxima expresión: se da la orden de tirar directamente a matar a los proletarios insurrectos.

Enero de 1933 es el mes señalado, por diversas estructuras y comités de defensa, que llevan tiempo preparados y coordinados, para impulsar la insurrección. La tentativa se inicia el primer día del año con bombas de gran potencia en La Felguera (Asturias), disturbios y expropiaciones en Sevilla, incendio de la iglesia en Real de la Jara, saqueos en Lérida y toma del Ayuntamiento y proclamación del comunismo libertario en Pedro Muñoz (Ciudad Real). En Zaragoza, el Estado está prevenido y detiene a los revolucionarios antes de su movimiento. La lucha continuará en Asturias, principalmente en la Felguera, Gijón y Oviedo; también se desarrollará en Valencia y en varias localidades del interior rural levantino. En Bugarra se vence a las fuerzas del orden y se proclama el comunismo libertario; y en Ribarroja y Bétera se asalta el ayuntamiento y se queman los registros de propiedad. Sin embargo, en otros lugares como Pedralba – donde la policía mata a diez insurrectos— el movimiento fracasa desde el primer momento.

El 8 de enero es el día marcado para que los insurrectos de varias ciudades claves, como Barcelona y Madrid, se incorporen al proceso insurreccional. Sin embargo, en Barcelona las fuerzas del orden habían sido advertidas e incautan arsenales de explosivos y armas preparadas por los Comités de defensa de algunos barrios. En algunas zonas, el proletariado trata de resistir y se producen choques con fuertes tiroteos. Pero globalmente, el proletariado es derrotado en toda la ciudad de Barcelona siendo arrestados numerosos militantes. En Madrid, estallan bombas en la jefatura de policía y grupos armados intentan tomar, de forma coordinada y simultánea, tres cuarteles. En Zaragoza, Murcia y otras provincias, también se producen alzamientos con carácter insurreccional, alcanzando su mayor resonancia en Andalucía en donde se generalizan las huelgas. En La Rinconada, por ejemplo, es proclamado el "comunismo libertario". En Sevilla, donde siguen los enfrentamientos con las fuerzas represivas, los proletarios incendian coches y tranvías. En la Provincia de Cádiz, la revuelta es bastante generalizada en la capital y en diferentes localidades, como Jerez de la Frontera, Paterna de la Rivera, Los Barrios, Sanlucar..., los insurrectos imponen su fuerza. El comunismo libertario es proclamado en diversas partes y en villas y pueblos se hace flamear la bandera roja y negra.

La eficaz coordinación de las fuerzas represivas, desplazando tropas con rapidez, la mano dura que el Gobierno Socialista les impone y la improvisación en la coordinación y los preparativos del proletariado en lucha, llevan a explosiones insurreccionales discordantes saldados con episodios represivos de extrema crueldad, como el sucedido en Casas Viejas (Cádiz).

El fracaso de esta tentativa insurreccional dará fuerzas a la contrarrevolución, que tratará de ganar de nuevo terreno al interior de la CNT (como los trentistas). Diversos periódicos de esta organización atacarán a los militantes revolucionarios, afirmando la cantinela reformista de siempre. Desde Madrid, el mismo diario de la CNT afirmaba, en su editorial del 9 de enero de 1933 "Nuestra revolución no es una simple conjura, no se llevará a cabo conspirativamente. Se trata de una sublevación de conciencias proletarias, de una organización de los productores en grandes núcleos sindicales que irán a la revolución cuando su potencialidad llegue al máximo y cuando las organizaciones básicas – y no los comités- lo determinen". Como se puede constatar, las tendencias burguesas en la CNT tratan de afirmar las estructuras de base sindical (de la"convención nacional de trabajadores") frente al desarrollo de los comités que habían puesto todo su empeño en dinamizar y afirmar la lucha autónoma del proletariado. Sin embargo, ante la reacción de los revolucionarios, el periódico se verá obligado a rectificar esos dichos en los días siguientes.

La brutal represión de la tentativa de enero, con decenas de muertos, multitud de encarcelamientos y torturas, fue un adelanto de lo que ocurrirá más de un año y medio después en Asturias, provocando una ola de indignación proletaria que se extenderá por toda la región. Las huelgas y manifestaciones se sucedieron con el objetivo de liberar a los presos políticos, que ya se contaban por miles, mientras el gobierno declaraba ilegal a la CNT y clausuraba sus locales. En abril de 1933, se declaró en Barcelona una huelga de la construcción que se prolongó en el tiempo. Las huelgas solidarias no tardaron en convocarse, como las que se concretan de inmediato en Sevilla, Zaragoza, Oviedo y La Coruña. En mayo, el proletariado vuelve a ocupar la calle en Madrid, Barcelona, Valencia, Burgos, Alicante, Sevilla, Granada, Bilbao...

A mediados de 1933, el proletariado del campo continuaba con las tomas de tierra, que en muchos casos eran impulsadas por jornaleros (como los de Sevilla). Cuando es imposible asegurar la ocupación, se usa la quema de fincas, como las que se generalizan en la provincia de Cádiz y que se multiplicarán en otras regiones durante los meses siguientes. En septiembre, presionado por los acontecimientos, el gobierno se ve obligado a aprobar la ley de orden público que reemplazaba a la asesina ley de defensa de la República29.

En noviembre de 1933, se convocan elecciones y el gobierno decreta, una vez más, el Estado de Prevención en todo el territorio, intentando romper la huelga de la construcción de Madrid, así como las acciones y manifestaciones de solidaridad que se estaban produciendo por todo el territorio. Justamente, cuando en toda España se producen acciones y manifestaciones, la CNT lanza una campaña contra las elecciones y pocos días antes de que se desencadene la tentativa insurreccional de diciembre, se produce la fuga de 58 presos30. Precisamente por esos mismos días, el gobierno era informado de que grupos insurrectos estaban preparando un plan revolucionario. En efecto, en un pleno de la CNT en Zaragoza celebrado el 26 de noviembre se crea un Comité Revolucionario que debía concretar los preparativos y decidir el momento más adecuado para el estallido insurreccional. En ese comité se hallaban Durruti, Cipriano Mera, Isaac Puente y los hermanos Alcrudo, entre otros.

El balance del levantamiento proletario de enero de ese mismo año especificaba que, para vencer a las fuerzas represivas, hacía falta una mayor implicación de otros sectores proletarios. También se consideraba importante explicar los pasos a seguir, una vez apoderados de los Ayuntamientos y proclamado el comunismo libertario, y durante los preparativos se diseñó el mapa de España con distintos colores, en función de la lucha que se proyectaba que en cada región se llevaría a cabo, una vez desencadenada la revuelta proletaria.

En el grupo Nosotros hubo una fuerte polémica con Durruti sobre en qué momento impulsar la insurrección cuyo detonante se tenía planificado y estructurado. La mayoría afirmaban que diciembre era un mal momento, por la situación represiva y el cansancio que todavía pesaba tras las intensas luchas de los meses pasados. También argumentaban que contenía el peligro de ser instrumentalizada, por la socialdemocracia, para el juego parlamentario por acontecer, inmediatamente después de la victoria de fracciones de derecha en las elecciones de noviembre. Durruti, por el contrario, si bien compartía en parte las posiciones de sus compañeros, consideraba que ante el contexto que estaban viviendo no podían postergar la insurrección. Su confianza en los grupos de Zaragoza, ciudad que debía ser el centro de gravitación del movimiento, era muy fuerte.

Para percibir bien este ambiente, nada más claro que la voz las fuerzas del Estado, el informe policial que el ministro Rico Avello transmitió al Parlamento: " En tal situación me entero muy oportunamente de que se celebra una reunión y que en ella se decide provocar el movimiento. [...] Era un plan de insurrección armada. El plan de insurrección armada que ha contemplado España entera. Tendía a la realización de eso que se llama comunismo libertario, para implantarlo por medio del pueblo en armas. [...] Se recomendaba que no se respetase ninguna autoridad, que se fuese a destruir el Estado, a pulverizar la sociedad, a abolir, por consiguiente, la propiedad privada; que habría que ir al asalto y a la toma de los bancos, poniéndolos bajo el control de los propios comités; que la tierra se pondría igualmente a disposición de los comités anarcosindicalistas; que se habría de ir a la ocupación de las viviendas de las personas pudientes de todos los pueblos de España; que las tiendas y los almacenes, los comercios en general, habrían de ponerse bajo el control de los comités, de los comités de barriada, y que quedaba suprimida o se iba a la supresión de la moneda. ¿Procedimientos que se aconsejaban [...] para la realización del comunismo libertario? Atentados, sabotajes, violencias. Se recomendaba, en primer término, la voladura de puentes y vías férreas para conseguir las incomunicaciones, se recomendaba el incendio de los depósitos de gasolina y los asaltos y la explosión de los polvorines de todas las poblaciones, [...] el asalto de cuarteles; recomendaba el asalto de todas las oficinas públicas, juzgados, ayuntamientos, etc.; el incendio y destrucción de todos los documentos y sus archivos."

Tras los informes policiales, el 8 de diciembre, el gobernador de Zaragoza ordena la clausura de todas las sedes de la CNT y la detención de medio centenar de militantes. Sin embargo, esas detenciones no frenaron la acción del proletariado que saldrá a la calle y tendrá en jaque, durante una semana, a la República en varias ciudades con sabotajes, ataques a ayuntamientos, voladuras de líneas de trenes, destrucción de registros y archivos, incendio de iglesias, tiroteos y un largo etcétera de acciones.

Efectivamente, el 8 de diciembre, se inicia el movimiento con la huelga general en numerosas ciudades de España, al mismo tiempo que se producen numerosos enfrentamientos con la policía en todo el territorio. Se produce el levantamiento general en Hospitalet de Llobregat (Barcelona), en Logroño, en Huesca, en Teruel, en Zaragoza... En esta última ciudad, el gobierno cambió el Estado Sitio por el Estado de Guerra. En Hospitalet de Llobregat, ciudad vecina a Barcelona, ardió la central eléctrica, se asaltó el Ayuntamiento y se quemaron los archivos y los registros de la propiedad. Actos parecidos se sucedieron en Logroño, Huesca y Teruel, donde además se producen cortes de electricidad y de las comunicaciónes, asalto de los cuarteles de la guardia civil y arresto de grandes propietarios. El comunismo libertario es proclamado en Fabero (León) y doce localidades de Aragón. En diferentes localidades, se producen numerosos enfrentamientos y tiroteos (con bajas en ambos bandos): Barbastro, Villanueva de la Serena (Badajoz). En Córdoba un convoy de los que transportaba presos, denominados sociales, fue atacado y los presos fueron liberados.

Al mismo tiempo, hubo sabotajes a vías férreas y otras formas de comunicación. Se producen atentados y explosiones en Alicante, Almería, Burgos, Cáceres, Castellón, La Coruña, Granada, Guadalajara, Guipúzcoa, León, Lugo, Málaga, Pontevedra, Salamanca, Badajoz y Valencia.

La tentativa insurreccional apenas duró una semana en los lugares de mayor fortaleza proletaria. La represión poco a poco fue llegando a todos los puntos calientes del país y el repliegue se hizo obligatorio. Se clausuraron locales militantes, la CNT fue declarada ilegal y gran parte de la prensa obrera fue prohibida. Se produjeron casi cien muertos y otros tantos de heridos, miles de arrestos, torturas que llevaron a firmas de autoinculpación. Setecientos insurrectos fueron procesados y llevados a la cárcel a espera de juicio. Tras la derrota, parte del Comité Revolucionario que preparó la insurrección logró coordinar una acción para asaltar el juzgado donde estaba el expediente con las declaraciones y lo destruyó, dificultando así la represión de quienes habían participado en la revuelta.

Es evidente que estos primeros años de la República estuvieron marcados por la guerra social continua y la determinación del proletariado, que no dio tregua a una burguesía que intentaba por todos los medios controlar la situación. El accionar del proletariado en todo el período, fue considerado luego, con mayor perspectiva histórica, como un conjunto ensayos y tentativas que harán posible un movimiento más maduro en 1934, 1936 y 1937, en donde se intentará actuar con mayor fuerza, coordinación y preparación para generalizar la insurrección e imponer la violencia dictatorial contra el capital y el Estado.

Es cierto que existieron muchos problemas de centralización organizativa, mucho impulso localista influenciado por la ideología federalista que pulverizaba el esfuerzo global en una miríada de pequeños focos, que lastraron la poderosa acción de nuestra clase, que hicieron fracasar las numerosas tentativas insurreccionales y posibilitaron que la represión de una república desbordada y temerosa fuera, en última instancia, efectiva. El balance de muertos, heridos, presos y deportados de nuestros compañeros, en ese sinfín de acciones, es muy desfavorable.

Claro que también es cierto que son esos sufridos fracasos precedentes, en los que se perdió a muchos militantes en ataques, enfrentamientos, sabotajes y asaltos contra el capital y sus fuerzas represivas, los que aportarán una nutrida experiencia, que llevará a nuestra clase a hacer balance de sus prácticas, tácticas y concepciones, buscando mejorar su organización y asegurar el triunfo insurreccional. Pero no se trata de un balance de laboratorio o de biblioteca, sino que por su propia naturaleza se trata del balance de la experiencia de clase, rico en contradicciones y apreciaciones.

Es la misma situación social la que empuja a una decantación, a mediano plazo, inevitable. Ambas clases de la sociedad saben que las cosas no pueden seguir así. El proletariado no puede seguir desangrándose; la burguesía no puede seguir sin orden para su acumulación. El proletariado necesita superar ese situación imponiendo su fuerza contra el orden establecido, la burguesía para mantener el orden requiere aislar democráticamente a las minorías insurrectas para masacrarlas impunemente, para hacer desaparecer nuevamente al proletariado de la historia. El proletariado necesita concentrar, centralizar toda su potencia para imponer socialmente su poder destruyendo el capital y el Estado mismo, la burguesía requiere restaurar su dictadura y para eso requiere mucho más palo y zanahoria. La sanguinaria dictadura de la burguesía, solo puede ser liquidada por la dictadura de las necesidades humanas contra el capitalismo.

A mediano plazo no hay punto intermedio o el proletariado va por el todo e impone su poder o la burguesía reconstituye su paz social. Las ideologías intermedias, centristas, del mal menor, de "las condiciones no están dadas"…, son las mayores trabas contra la determinación del proletariado a imponerse socialmente, a imponer su fuerza contra la fuerza de la burguesía. Todo el lastre de la ideología burguesa, toda la inmundicia ideológica socialista democrática, unitarista, posibilista se concentra en la "oposición a toda dictadura". En España la ideología más paralizante es sin dudas el antiautoritarismo, el "anarquismo" burgués, es decir democrático el que en el momento decisivo en donde solo se puede imponer el poder de una de las dos clases contrapuestas, grita "contra toda dictadura" y por la democracia, cuando esa es en realidad la mejor defensa de la dictadura del capital, de la continuidad del Estado.

Si bien la fuerza y la autonomía del movimiento revolucionario en España se la debemos a la autonomía del anarquismo revolucionario, al anarquismo realmente comunista…con respecto al leninismo que se embandera también de "revolución"y de "comunismo"siendo todo lo contrario; la debilidad del movimiento se la debemos al "anarquismo" ideológico, democrático, antiautoritario…que constituirá la mayor traba a la imposición necesaria de la dictadura social contra el capitalismo. Es esta ideología que creará la máxima confusión sobre lo que es el Estado, sobre lo que es el capital, que terminará pariendo en el Congreso de Zaragoza un conjunto programático confusionista cuya característica central es imaginarse que si los proletarios ocupan sus medios de producción y dirigen cada unidad productiva el Estado se irá disolviendo o desapareciendo más o menos solo, sin necesidad de una verdadera destrucción por la fuerza centralizada del proletariado revolucionario.

En el seno del proletariado no hay y no habrá mucho tiempo para clarificar los diferentes problemas que plantea la serie de tentativas y fracasos insurreccionales y se tenderá a la polarización en dos posiciones contrapuestas. Una temerosa, ideológica, pacifista… que defenderá que los fracasos insurreccionales se debieron a la"falta de unidad"y amplitud en la unificación, por lo que para tener posibilidades de éxito había que buscar la unificación con más fuerzas. Bajo la justificación de la unidad, defenderá el sistema democrático burgués, haciendo de todo para liquidar la autonomía proletaria, conduciendo a unidades policlasistas, al frentismo ("Alianzas Obreras", frente único, frente popular...) y se concretará en posiciones que llevan al sometimiento a la contrarrevolución. En la CNT y otras estructuras en las que se habían organizado proletarios es esa posición, que repudia toda ruptura violenta la que llevará al sometimiento de las mismas al Estado burgués y al capital. ¡Cuánto más pacifismo más se va hacia la guerra! ¡Cuanta más oposición a "toda dictadura"(incluso a la de la revolución social), más se colaborará con la peor de todas las dictaduras!

La otra se mantiene en el terreno de clase y reconocerá con razón que faltó coordinación, centralización, objetivos claros y comunes. Trata de elaborar una estrategia centralizada y global que fortalezca al proletariado como clase para triunfar. Se asume abiertamente la necesidad del proletariado en constituirse en fuerza e imponer su poder. Esta posición la expresará por ejemplo, el grupo Nosotros, y se cristalizará sobre todo en el Comité de Defensa Regional de Cataluña. Dicha tendencia expresa la única directiva posible para la afirmación del proletariado como clase. Sin embargo no tiene la fuerza programática para la critica fundamental del anarquismo ideológico contrarrevolucionario y carecerá de una verdadera estrategia de poder de clase capaz de destruir el capital mismo y el Estado.

Mientras el proletariado expresa, a su manera, la necesidad de imponer su fuerza y se afirma cada vez más la consciencia de imponer la "dictadura de la anarquía", esa posición es atacada por todas partes como "anarco bolchevique", lo que es evidentemente una falsificación total y deliberada que identifica dictadura revolucionaria con la dictadura contrarrevolucionaria de los bolcheviques y que sin dudas aísla a las minorías revolucionarias. La descalificación y falsificación llevada adelante por el anarquismo ideológico de la única perspectiva proletaria de contraposición al Estado, será la mejor garantía para liquidar la autonomía del proletariado y en última instancia para someterlo al Estado.

Entre esas posiciones contrapuestas, entre quienes se oponen simple y llanamente a toda acción de fuerza del proletariado hacia la insurrección llamando a las unidades frentistas, y los grupos que habían estado al centro de las tentativas insurreccionales y que, a pesar de sus debilidades, tratan de perfeccionar las tácticas, la organización y centralización, se situarán un conjunto de posiciones centristas que consideran que "las condiciones no están dadas"pero, que a pesar de ello, definen como perspectiva una verdadera insurrección organizada y centralizada, como la que expone Shapiro en tanto que expresión de la Asociación Internacional de Trabajadores.

Así, mientras que en el informe se valoran y se tienen en cuenta las necesidades de la insurrección, la importancia de la organización, la centralización y la coordinación, cuestiones que en muchos casos era en parte subestimada y que nosotros consideramos fundamentales a la hora de la preparación insurreccional, también es cierto que el informe de Shapiro hace importantes concesiones a los contrainsurreccionalistas. Sólo desde esa perspectiva se puede decir que, en España, en esa época, "las condiciones no eran propicias". Afirmar semejante posición era objetivamente reforzar y dar validez a las posiciones y los argumentos contrainsurreccionales de los treintistas (como Ángel Pestaña o Joan Peiró) que desde siempre defendían posiciones no revolucionarias (no finalistas) que en los hechos implicaban el sindicalismo, las alianzas interclasistas y el frentismo que se concretarían en el Frente Popular, en definitiva la oposición a la lucha por la revolución social.

Las limitaciones de este período, de estas insurrecciones fallidas, es que mucho más allá de que sus impulsores intentaran centralizar la acción e ir mucho más allá de la acción local coordinándola a nivel nacional, el esfuerzo chocaba objetivamente con un conjunto de ideologías localistas (reforzadas al mismo tiempo por situación totalmente desfavorable internacionalmente de la lucha revolucionaria, como expusimos al principio), así como contra toda la ideología sindicalista y contrainsurreccional con la que se seguía subsistiendo en la misma organización, en base a una ideología que en los hechos ya era frentepopulista. Para ir más lejos en la misma centralización insurreccional, las minorías revolucionarias hubiesen tenido que romper fundamental y programáticamente la unidad sin principios con el posibilismo y el sindicalismo dominante, pero lamentablemente dicha ruptura que formalmente se había expresado a punta de revolver en 1932, nunca llegó a concretarse programáticamente expulsando definitivamente al sindicalismo posibilista mismo. A pesar de la expulsión formal de los trentistas, estos seguirán teniendo una nefasta influencia contrainsurreccional y reformista en la estructura de la CNT y no sólo serán formalmente readmitidos en el Congreso de Zaragoza de 1936, sino que esa "vuelta a la unidad"será el primer paso franco y abierto a la renuncia a "ir por el todo" y el primer jalón en el camino hacia el frentepopulismo, el electoralismo y en última instancia en el antifascismo burgués.

Solo llevando la ruptura clasista a sus últimas consecuencias, se podía haber dado el salto cualitativo en la potencia insurreccional del proletariado y se hubiese afirmado la fuerza política y la centralización orgánica del proletariado desembarazado de toda la mierda ideológica posibilista y reformista que minaba sus filas.

 

Insurreción de octobre del 34 y el ascenso del frentismo

1934 se inicia con importantes huelgas obreras: metalúrgicos y tipógrafos en Madrid, gas y electricidad en Barcelona, huelga general en Zaragoza. Gran parte de los presos, por los sucesos de diciembre de 1933, fueron liberados por la continuidad de la lucha proletaria, que obligó al gobierno a decretar la amnistía general, que al mismo tiempo liberaba a los militares (Sanjurjo entre otros) que habían realizado la intentona golpista el 10 de agosto de 1932. Sin embargo, otros insurrectos siguieron presos, por lo que la huelga general, que debía prolongarse hasta que todos aquellos prisioneros salieran en libertad, siguió con fuerza en Zaragoza. En mayo, en la capital aragonesa, solo funcionaban los hospitales, las lecherías y las panaderías. Nadie más trabajaba, no se recogía la basura ni se encendía el alumbrado público. Ante aquella situación de carestía y posibles enfrentamientos, se decidió que cientos de chiquillos fueran cuidados por familias proletarias de otras ciudades. Partieron caravanas hacia Madrid y hacia Barcelona.

En la capital catalana, la Generalidad, que ante la ola de atracos había ilegalizado a una FAI que llamaba a seguir la lucha desde la clandestinidad, se prestó a hacerse cargo de los niños. Las familias proletarias no aceptaron esa maniobra que quería ningunear la solidaridad de clase, y se concentraron frente a la redacción de Solidaridad Obrera. A las 16 horas, más de veinte mil personas, sobre todo, mujeres y niños, esperaban a los hijos de los huelguistas de Zaragoza.

A pocos kilómetros de Barcelona, la caravana de niños fue detenida por Guardias de Asalto, que interrumpieron su paso por mandato de la Comisaría de Orden Público de la Generalidad, que mandó a despejar la concentración de las familias. Cientos de policías, porra en mano, empezaron a golpear a la multitud, algunos montando a caballo y otros disparando con sus pistolas. Hubo heridos de todas la edades y un trabajador muerto. Ello despertó la furia social, que respondió enfrentando a la policía, obligándola a retroceder. Enseguida se improvisó una manifestación hacia el centro de la ciudad, incendiando tranvías y asaltando una comisaría por el camino. Además se decretó una huelga general, que se alargó incluso varios días después de la llegada de los niños de Zaragoza a los hogares solidarios.

Sin embargo, será el proletariado agrícola31 el que ocupe un lugar central con huelgas y protestas constantes en la primera mitad del año. En mayo, el gobierno responde declarando las cosechas "servicio público nacional", para tipificar toda huelga en el campo ilegal y facilitar las medidas de represión. Pero la situación no hará sino presentarse más explosiva y cohesionar al proletariado del campo que, empujado por las terribles condiciones que sufre, se organizará en pequeños grupos para expropiar propiedades y hacer frente a los explotadores. Pese a las tentativas de la UGT por contener esas luchas, e impedir la huelga general a la que se dirigían los trabajadores del campo, por transformarla en paros escalonados, pese a las circulares del comité ejecutivo desautorizando cualquier movimiento general, un gran número de comités locales de la Federación Española de Trabajadores de la Tierra (organización sin embargo encuadrada por la UGT) comienzan a preparar la huelga, obligando al Comité Nacional de esa federación a apoyarla frente a la negativa del PSOE y la dirección de UGT. El 5 junio, justamente en una fecha decisiva para la cosecha, se establece el comienzo de la huelga general que rápidamente afecta a más de 1500 municipios de no menos de 40 provincias. Andalucía y Extremadura fueron los bastiones de la lucha.

Durante dos semanas los proletarios en lucha plantaron una potente batalla, pero el aislamiento del campo respecto al resto del proletariado será terrible. Sin duda alguna, el saldo represivo de los años anteriores fue un factor fundamental para el aislamiento, pues a pesar de la fuerza mostrada, el proletariado se encontraba terriblemente golpeado por la cantidad de presos, el agotamiento, la reestructuración, la desorganización. Pero también pesaba la ideología socialdemócrata en el proletariado, por lo que se le daba poca importancia a las luchas en el campo, con respecto a la de "los obreros" o incluso se teorizaba, erróneamente, que esas luchas eran meras maniobras del PSOE para recuperar el dominio del parlamento. Eso hizo ganar fuerza a la UGT, que maniobró y creó un cordón sanitario para impedir la extensión, cortocircuitando las tentativas de generalización allí donde pudo y saboteando las tentativas de huelgas de solidaridad.

En ese marco, la represión pudo abalanzarse sobre las zonas en huelga dando un terrible golpe al proletariado del campo con decenas de muertos, cientos de heridos y cerca de 7.000 detenidos. Salvando las distancias, tanto cualitativas como cuantitativas, las similitudes con lo que pasará meses después en la insurrección en Asturias son evidentes.

Precisamente Asturias pasará a ser durante el 34, especialmente tras la represión sufrida por las luchas del proletariado del campo, el centro de gravitación de la lucha del proletariado, estando el proletariado minero a la vanguardia. Sin duda el momento más álgido de ese año es la insurrección proletaria en octubre de 1934, que se conoce como "insurrección de Asturias" o "insurrección de octubre". Fue uno de los momentos más importantes y valiosos de toda la lucha proletaria de los años 30 en España. 32

Ya en el 32 y en 33 las huelgas mineras habían agitado el descontento, pero será a finales del 33 y en el transcurso del 34 cuando, al calor de las luchas, huelgas, explosiones y experiencia, comenzarán a estructurar comités de huelga que tienden a unificar, en la práctica, la unidad de clase y que impulsarán las luchas y huelgas.

En marzo de 1934, se crea la llamada "Alianza Obrera Asturiana" como consecuencia de un pacto entre UGT-CNT, a la que más tarde se sumarán el BOC (Bloque Obrero Campesino), la IC (izquierda comunista), y, días antes de la insurrección, el PC (partido "comunista"). Tras su constitución se forma un Comité Provincial y posteriormente, se desarrollan Comités locales en cada localidad donde las organizaciones adherentes a la Alianza tienen presencia. Para nosotros, pese a algunos aspectos particulares de esa Alianza –como la participación de la CNT o el discurso más radical que usa – la misma no diferirá en nada de las del resto del país, siendo como todas las demás un organismo interclasista, una herramienta de la contrarrevolución.

Así es, desde su constitución en marzo del 34, la Alianza intentó, por todos los medios, imponer su programa de desmovilización basado en "nada de huelgas", "guardar todas las fuerzas para el momento decisivo", etc, etc. Contra toda esta práctica de neutralización de la lucha, el proletariado se hizo fuerte en Asturias a base del combate, de las huelgas, de las explosiones, de sabotajes, de la experiencia... Los múltiples comités locales que debían seguir la política de contención dictada por la Alianza, se veían totalmente lanzados a la lucha y a una serie imparable de huelgas para defender los intereses y necesidades de su clase. Las necesidades y tareas que planteó el enfrentamiento cotidiano contra el capital, empujó al proletariado a contraponerse y desbordar el encuadramiento socialdemócrata. Huelgas, expropiaciones, sabotajes y enfrentamientos fueron el pan cotidiano. En septiembre, la lucha del proletariado llega a su apogeo. Todo gracias a esa trayectoria de luchas que abarca todo el año y que tiene ese mes el punto culminante que anuncia ya la necesidad del salto cualitativo.

Precisamente, si en Asturias el proletariado fue capaz de realizar la insurrección se debió, sobre todo, a que desbordó totalmente al PSOE-UGT y el paro nacional que este partido convocó. Nuestra clase, por medio de comités locales, comités de fábrica, comités de huelga, comités de defensa (incluso proletarios fuertemente encuadrados en el PSOE, como las Juventudes Socialistas, se vieron abocados al torrente de la lucha), preparó durante meses el movimiento insurreccional no sólo contra ese partido de la socialdemocracia y de sus directrices, sino cuestionando todo el marco de ideologías de que dicen representarlo. La cuidadosa preparación insurreccional, a la que se dedicó nuestra clase meses antes, puede rastrearse en todo el accionar del proletariado. Redes clandestinas para acopio de armamento, plan insurreccional, discusiones programáticas...

La fábrica de armas de Vega de Oviedo fue uno de los almacenes principales de suministro de armas. Pese al férreo control del armamento que había, existía un viejo material de guerra importado de África que no estaba controlado y que sería el más expropiado. El comité de fábrica y el Comité de Defensa de la CNT organizaron la extracción de esas armas. Durante casi un año, los proletarios extraían diariamente despiezado el armamento de diversas formas, así como las municiones. Se transportaban a armeros que las montaban y después se escondían fundamentalmente en las cuencas mineras.

Otra fuente de armas fueron los hornos de la Fábrica de Mieres. Los proletarios se enteraron que iba a llegar un vagón de chatarra lleno de fusiles pertenecientes al ejército alemán en la llamada primera guerra mundial, destinado a los hornos de dicha fábrica. Se apoderaron de ellos y, en talleres clandestinos, se arreglaron más de un centenar de ellos para esconderlos en espera del momento. Estos talleres clandestinos también se usaron para realizar explosivos y demás armas para la lucha.

Además, hay que tener especialmente en cuenta el acopio masivo de dinamita que se fue haciendo. Pero si estas fueron las principales fuentes de armamento, existían una cantidad innumerable de pequeñas fuentes. Sería imposible describir el ingenioso y laborioso proceso de armamento y las redes de distribución y transporte que concretó nuestra clase. El proceso fue tan metódico, tan bien estructurado, que las decenas de registros policiales que sospechaban la existencia de armas nunca consiguió encontrar ninguno de los depósitos de armas, si exceptuamos, claro está, lo que fue publicitado por toda la prensa, el espectáculo dantesco del PSOE y el barco Turquesa, cuyo objetivo evidente fue no solo ocultar lo que era realmente importante, sino mejorar la imagen del PSOE frente al proletariado, como si también éste estuviese apoyando el armamento de los proletarios y en cualquier momento llamaría a la revolución. Pese a todo, hay que anotar que en el avituallamiento de armas el proletariado se centró demasiado en los fusiles y las armas y descuidó la munición, aspecto que se hará sentir en la insurrección y convertirá a la dinamita en un arma fundamental.

A parte de las armas, desde los comités y estructuras que prepararon el impulso insurreccional se trazaron líneas generales para el ataque de los principales centros del poder burgués. Los centros armados de la represión fueron el primer objetivo, los centros políticos el segundo, luego los lugares de acopio de alimentos... Todo fue coordinado a diversos niveles, y también se planificó el desencadenamiento cronológico de todas las operaciones desde los pueblos más pequeños hasta las localidades más grandes, planeando un movimiento envolvente.

El 4 de octubre, tras una crisis ministerial, cuatro miembros de la CEDA entran en el parlamento. Recordemos que el PSOE llevaba meses chorreando verborrea y amenazando que si algún miembro de este partido, al que consideraba "fascista", entraba en el parlamento "desencadenaría la revolución" 33. Llegado pues ese momento, los cuadros de ese partido palidecen. Lanzan la consigna de "huelga general revolucionaria", pero los mismos que hacen llegar la consigna a algunas provincias la tratan de transformar en un simple paro formal de trabajo. Pese al fuerte movimiento en Bilbao, y dadas las tentativas infructuosas en Barcelona y Madrid, la lucha quedará rápidamente circunscrita a la región de Asturias, especialmente confinada a las grandes concentraciones mineras. La huelga general llevada adelante por el proletariado unificado bajo la consigna U.H.P (¡Uníos, Hermanos Proletarios!) asume inmediatamente un carácter armado e insurreccional, desbordando al PSOE que intenta imponer sus límites y su control. El proletariado minero a la vanguardia del combate tomará rápidamente las cuencas mineras y avanzará hacia la ciudad de Oviedo, utilizando la dinamita y las armas que durante meses escondieron. El movimiento es directamente insurreccional en toda Asturias, aunque algunos lugares estratégicos, como Gijón, se verán frenados por una desesperante falta de armas que la socialdemocracia se asegurará de que no lleguen. Efectivamente, en la preparación del movimiento el Comité Local de Gijón había confiado increíblemente en la palabra de los miembros del Comité Provincial de la Alianza Obrera que justamente se aseguraron de que esas armas, que los insurrectos necesitaban desesperadamente, nunca llegaron a la ciudad.

Mientras tanto, la insurrección va apoderándose de toda la región (salvo pequeñas zonas y lugares claves de Oviedo y Gijón). Se asaltan los cuarteles de la guardia civil y demás centros de represión, así como las distintas instancias del poder burgués, se toman las fábricas de armas, se expropian los almacenes y medios de producción. A los pocos días, el Comité Provincial de la Alianza intenta desmovilizar al proletariado. Disuelve su comité y ordena el fin de la insurrección y la rendición, alegando que la misma ha fracasado en el resto del país. El proletariado, pasándole por arriba a la orden de la Alianza, sigue impulsando el combate desde los comités locales que se mantienen firmes y restituye los órganos afectados, persiguiendo a los desmovilizadores. Pese a la fuerza que prefigura esta situación, nuestra clase también muestra la terrible debilidad que contendrá su movimiento: los miembros del disuelto Comité Provincial, ante la respuesta proletaria, vuelven y desgraciadamente se les permite reincorporarse a la dirección del movimiento.

Sin embargo, durante las casi tres semanas que dura el proceso insurreccional, el proletariado sigue cuestionando esa dirección constantemente para imponer sus necesidades. Se tiende a organizar la producción para las necesidades humanas que, en ese momento, son fundamentalmente necesidades de sobrevivencia e insurrección. Los Comités Locales organizan la distribución de alimentos y demás productos básicos; se declara la abolición del dinero, se desvía el uso primario de medios de producción para ponerlos al servicio de la producción de armamento. Se fabrican así diferentes tipos de armas, así como blindados. El objetivo es para todos los proletarios el mismo, extender y profundizar la insurrección; se realizan infinidad de bandos y textos que, pese a su heterogeneidad y límites, dan muestras de la riqueza de la tentativa revolucionaria. A los burgueses locales se les anula todo poder como clase. La propiedad privada, la mercancía, el valor, el trabajo asalariado, el Estado... todo se pone en el punto de mira, se los ataca por todos los medios. Se trata de un verdadero esbozo de dictadura del proletariado.

Pero el rápido fracaso de la insurrección en el resto del país -sin duda en ello tuvo un peso decisivo la terrible y constante represión de esos años y especialmente tras las dos tentativas insurreccionales del 33 y la reciente represión del proletariado del campo- y los límites del armamento proletario, permiten al Estado aislar el movimiento y concentrar todas sus fuerzas para derrotarlo. El gobierno de la República declara el Estado de Guerra y, desconfiando de la lealtad del ejército, ordena a los generales Franco y Goded, que eran los más fieles generales republicanos (de los que más se fiaba la República) al mando de la legión extranjera –que tiene su base en las colonias marroquíes–, cruzar toda la península para aplastar a los insurrectos. Contra el mito de la historia oficial (fascismo-antifascismo), vemos claramente que en ese momento los generales que serán luego titulados como "fascistas" son fieles obedientes de la República, que ello muestra hasta que punto, frente al proletariado insurrecto, el Estado burgués es uno solo; que no hay ningún matiz entre "fascistas y antifascistas" a la hora de imponer el terrorismo de Estado. O dicho de otra forma, con la terminología oficial, fue la República la que llamó a los "fascistas" para hacer su "trabajo sucio".

El Estado republicano no se equivocaba al utilizar a esos militares percibiendo que en parte del ejército reinaba el descontento con el peligro que suponía que los soldados se "contagiaran" de la lucha del proletariado. La base aérea de León, que sin lugar a dudas fue un pilar para la represión del movimiento proletarios en Asturias, nos muestra esta realidad con las tentativas de motín que se sucedieron los primeros días de la insurrección y que finalmente fueron sofocadas. Una de ellas fue preparada junto a militantes proletarios del exterior, otras se desarrollaron desde el interior como el fuerte movimiento de pilotos que se negaron a reprimir y quisieron organizar la confraternización. Un año más tarde algunos de los impulsores de estos motines serán condenados a pena de muerte por un tribunal militar. También hubo intentos de romper la disciplina del ejército y unirse a la insurrección por parte de soldados y marinos del crucero Libertad pero no llegaron a materializarse. Estos intentos de motines que para algunos puede parecer anecdóticos, para nosotros tiene una gran trascendencia. Sobre todo porque la insubordinación y deserción de los soldados, su confraternización con el proletariado en lucha siempre ha sido un salto de calidad fundamental para todo movimiento proletario. Por contra cuando la policía y el ejército están totalmente cohesionados, y obedecen sin pestañear como fuerza militar del Estado, el proletariado tiene grandes dificultades para contraponerse a esa maquinaria asesina. Precisamente la derrota de esos motines supuso un duro golpe para el devenir de los acontecimientos en Asturias. En concreto la base aérea de León, donde se dieron los intentos de amotinamiento más serios, será un elemento decisivo de la represión permitiendo que la aviación provoque brutales bombardeos contra el proletariado insurrecto y sirva como importante apoyo logístico al movimiento de las tropas militares. Subrayemos además que la incipiente aviación militar del Estado Republicano tendrá su "bautismo de fuego" en la insurrección de Asturias. Será allí donde el Estado español utilice por primera vez en su historia esta brutal arma de guerra del capital. Por otro lado el Puerto de Gijón, que el crucero Libertad despejará a cañonazos será la puerta de entrada de grandes dotaciones del ejército republicano.

En ese proceso contra la insurrección, el PSOE jugará un papel decisivo, pues aunque como hemos visto el proletariado lo desbordará constantemente en la lucha, los cuadros de mando de la llamada Alianza Obrera, dominados por ese partido, seguirán adoptando decisiones fundamentales en el desarrollo del combate. Como señalamos, eso será nefasto para el proletariado, dado que desde esa dirección formalista se impulsará el aislamiento, se frenará el avance insurreccional, se impedirá el armamento de zonas estratégicas como Gijón. Esa dirección solo sirvió para desorientar, confundir, contener, obstaculizar la lucha y favorecerá la derrota del proletariado.

Contra el mito oficial, afirmamos que la Alianza no sólo no fue el motor de la insurrección, sino que por el contrario fue el freno y el obstáculo principal que tuvo en su contra la lucha del proletariado. Esto independientemente de si tal o cual militante que participó en la dirección de esa Alianza era un militante revolucionario, si la voluntad de tal o cual dirigente era organizar la revolución social, si comités enteros de la Alianza eran clasistas. Es bajando la mirada al suelo terrenal donde podemos apreciar la verdadera naturaleza de los acontecimientos, rompiendo el velo de las interpretaciones ideológicas. Sólo así podemos romper con las falsas evidencias y percibir que la unidad del proletariado y la insurrección, que este desencadenó al grito de UHP, sólo fue posible por la contraposición y la ruptura práctica que materializó nuestra clase frente a la política y las directrices que marcaba la Alianza Obrera.

Desgraciadamente, como hemos visto, el proletariado no llevó la contraposición a la Alianza (y a la contrarrevolución en general) hasta las últimas consecuencias, permitiendo nefastamente que gran parte de sus estructuras (comités locales, núcleos, redes...) fueran centralizadas, no por un órgano que emanase de sus necesidades, sino por un órgano como la Alianza Obrera, lo que significaba dejar a los cuadros socialdemócratas asumir la dirección formal del movimiento para liquidarlo. Pese a que la potente lucha cotidiana, así como la propia insurrección de octubre, puso constantemente en cuestión esa dirección, creando fuertes contradicciones, desbordes y desobediencias, el proletariado fue incapaz de generar un órgano propio de centralización fuera y contra de la Alianza que expresara su ruptura revolucionaria con todos sus enemigos, que le dotara de una clara delimitación y autonomía de clase.

Luego de una terrible lucha de 20 días y una sangrienta represión (más de 30.000 proletarios fueron encarcelados, con cientos de muertos, de violaciones y torturas), el Estado logra restaurar el orden burgués.

Tras el aislamiento y la derrota de la Comuna de Asturias de octubre de 1934, se siguen produciendo luchas en toda España. Sin embargo, el resto del año y todo el año 1935 la generalización de la represión y el terrorismo de Estado serán las características centrales de las relaciones entre las clases que forzará a los proletarios a actuar en cerrada clandestinidad. Evidentemente, ello favoreció la ideología frentepopulista y antifascista, que se va imponiendo cada vez más en las estructuras organizativas del proletariado hasta el triunfo electoral del Frente Popular34 en 1936 y la amnistía de los presos políticos, que constituyen ya, formas de canalización democráticas de la lucha proletaria desarrollada hasta entonces.

Por último, el Frente Popular buscaba esconder y marginalizar la verdadera acción masiva del proletariado para liberar a todos sus hermanos presos, que desconociendo toda la cuestión jurídica asaltó las cárceles en donde pudo: Madrid, Barcelona, Oviedo, Gijón, Cartagena…En ninguno de esas aglomeraciones el proletariado respetó los límites burgueses y arrancó de las cárceles a todos los compañeros encarcelados, sin ninguna distinción entre políticos y comunes. En realidad eso es lo que explica que el Frente Popular se apurara tanto en declarar la amnistía para impedir la afirmación de la fuerza del proletariado frente a la cual siempre tuvo y tiene mucho temor… De hecho, del Gobierno en funciones hace entrega del Gobierno del país al Frente Popular (¡siempre tan comprensivos ellos!) sin siquiera esperar los resultados definitivos de la primera vuelta y antes de realizar la segunda vuelta prevista para el 1 de marzo acelerar esa medida tan importante para canalizar (castrar) la fuerza proletaria que se expresaba en las calles.

Por su parte la CNT da pasos fundamentales para convertirse en aparato de Estado como ala de izquierda del Frente Popular mediante la renuncia a la acción y difusión del abstencionismo revolucionario afirmando la utilidad coyuntural de las elecciones y el parlamentarismo, es decir, haciendo campaña a favor del Frente Popular.

 

La insurrección proletaria de julio de 1936 y su encuadramiento estatal

Tras el triunfo electoral del Frente Popular, el proletariado seguirá luchando y, durante los meses anteriores a julio, las huelgas y conflictos volvieron a agudizarse amenazando de nuevo la paz social. Precisamente, para tratar de liquidar, de una vez por todas, la constante amenaza proletaria, en julio de 1936, otra fracción de la burguesía (discrepante con el Frente Popular sobre las maneras para hacerlo) decide hacerse con el mando del Estado español, para imponer el orden. Una parte del ejército dirigido por los generales Franco y Mola se movilizan con este objetivo. El gobierno del Frente Popular, ante dicha movilización, trata de negociar con ellos para buscar un acuerdo. El proletariado por su parte, percibiendo que es un movimiento del Estado burgués para aplastarlo, sale a la calle a defender sus intereses. La experiencia que durante esos años ha adquirido el proletariado, así como la existencia de estructuras que han ido perfeccionando la preparación insurreccional (especialmente los Comités de Defensa interconectado con una vasta red de estructuras), hacen que en algunas regiones el proletariado armado afirme su proyecto revolucionario. Hay que tener en cuenta que desde meses antes, las minorías de vanguardia del proletariado estaban preparándose para asumir una batalla decisiva contra la burguesía.

En consecuencia, en muchas regiones por toda España, el proletariado mostrará su fuerza llevando el miedo a todas las fracciones burguesas: ocupa edificios estratégicos (cuarteles, comunicaciones, hoteles céntricos…), fábricas, empresas, tierras, almacenes y mercados de abastos. En pocas horas se hace con el control de una parte de las carreteras, transportes, centrales telefónicas, bancos, medios de comunicación, comida, municiones, cañones, metralletas, flota automovilística, casas y edificios. Con ese accionar, trata de imponer sus necesidades a las del capital. Los capitalistas huyen, otros patrones se esconden, muchos curas son ajusticiados, las monjas son "liberadas" , las iglesias y símbolos religiosos quemados. Los presos de ambos sexos son rescatados y engrosan las filas del movimiento, alguna cárcel es derribada. En ese momento, gran parte de los explotados sienten que caminan juntos hacia su emancipación social.

En la calle, se desata la fiesta revolucionaria, que se extiende como una mecha en el seno del proletariado, que celebra la tentativa de una incipiente transformación en las relaciones sociales. La comunidad de lucha ocupa la calle, prefigurando una comunidad humana. La propiedad privada, el Estado, el individualismo y el egoísmo están en crisis y son cuestionados hasta en sus fundamentos. Los proletarios sienten y están convencidos de que van hacia la revolución social, se imaginan de golpe liberados de siglos de explotación. Muchos moldes y prejuicios de la sociedad burguesa son hechos añicos.

Sin embargo, el proceso revolucionario presenta, desde el principio, dudas y limitaciones que acabarán posibilitando su encuadramiento por la izquierda burguesa. El frentepopulismo y el antifascismo que habían ganado fuerza en los años anteriores cogerán un nuevo impulso que poco después acabará liquidando todos los esfuerzos revolucionarios e imponiendo en su lugar la guerra imperialista entre fascistas y antifascistas.

Todo esto se concreta, en los primeros momentos, con la tolerancia que existió hacia burgueses que no participaron en el golpe. La fuerza de la ideología frentepopulista estuvo presente en los mismos proletarios que se habían erigido en dirigentes de ese proceso. Eso les provoca dudas respecto a cómo profundizar la revolución. Se plantean si la pueden y deben profundizar, o si es mejor posponerla y aliarse con la burguesía para iniciar una guerra de frentes contra los generales golpistas que han vencido en otras ciudades y avanzan hacia las regiones insurrectas. ¡Es la fuerza contrarrevolucionaria del antifascismo, el antiautoritarismo y el mal menor materializándose estructuras, grupos y proletarios!

Del mismo modo, se ataca más a los símbolos que a las relación social capitalista. En algunos lugares, por ejemplo, se realizan quemas de dinero pero no se oponen claramente al valor -verdadera sustancia del dinero y del capital- y algunas determinaciones de este sujeto, como el trabajo asalariado o la mercancía ,¡serán respetadas como si fueran tan naturales como el agua!. El resultado real será que el capital siguió reproduciéndose y ejerciendo su dictadura por doquier y consecuentemente el Estado mismo, que se había tambaleado, quedará intacto.

En algunas ciudades se extiende la repartición y distribución de productos: desde los menús que sirven en el lujoso hotel Ritz hasta las mantas y ropas que se expropian a los burgueses. Sin embargo, pocos días después, con la política de colaboración, se pone fin a esa subversión de las relaciones laborales y de distribución, y se vuelve a trabajar a cambio de un salario. Simultáneamente, se vuelve a trabajar en las mismas fábricas, en casi las mismas condiciones -y en breve tiempo las condiciones serán mucho peores-, pero ahora sin patrón directo. Por muy poco tiempo y en lugares determinados, la producción se encuentra en manos de los proletarios que trabajan sin patrón y gestionan la producción, pero no cuestionan las relaciones sociales de producción, ni el intercambio de mercancías, lo que posibilitará que muy rápidamente el Estado, que se va recuperando, asuma su papel de patrón. Las relaciones sociales del capital siguen reproduciéndose, aunque en vez de patrones haya obreros que realicen la gestión. Serán esas mismas relaciones del capital que exigirán cada vez más trabajo por menos salario y que encontrarán, en los sindicatos, sus mejores agentes para ese aumento de la explotación.

A la hora de emprender medidas y acciones concretas para consolidar el proceso revolucionario que acabe con el capitalismo, hubo mucha confusión. Los discursos antiautoritarios y antiestatales, en la mayoría de los casos, eran totalmente inconsecuentes y típicos de la ideología "libertaria". Además de fusionarse cada vez más con el discurso burgués antifascista, generaba la ilusión de cambiar la sociedad y destruir al Estado por la simple toma de las fábricas y de los centros de producción por parte de los productores. La misma concepción creaba la ilusión de que en una zona se había ganado y que en la otra había que hacer la guerra, en realidad en ambos lados se sometía al proletariado, al trabajo, al capital, al Estado y a la guerra. Claro que la peor de las ilusiones era pensar que la autoridad del capital y el estado desaparecería con discursos contra la autoridad y, como si adonde se había ganado, el capital y su organización en fuerza (el Estado) desaparecería sin enfrentamiento de clases, sin destruir la mercancía y por la magia de los trabajadores trabajando antiautoritariamente.

Los niveles de autonomía de clase y la capacidad de contraponerse al encuadramiento del Frente Popular y el antifascismo, fueron determinantes en la lucha proletaria. Mientras en algunas zonas, de primera, el Estado logra imponer la polarización interburguesa y el proletariado es sometido directamente a ser carne de cañón de la guerra imperialista, será en las regiones con mayor autonomía proletaria en que el proletariado logrará victorias decisivas primero ocupando cuarteles y depósitos de armas para enfrentar al Estado y venciendo a los militares que amenazan con más represión.

Pero a pesar de esas diferencias reales en diversas zonas del Estado español, podemos decir que globalmente en 1936, el proletariado es capaz de armarse, enfrentar y vencer al "fascismo"36, pero al mismo tiempo se paraliza frente a la República y sus llamados a defenderla. La tendencia a "ir a por el todo" y por la "dictadura de la anarquía", que antes se expresaba en los hechos por doquier, va perdiendo fuerza frente al antifascismo (incluso dentro de la CNT/FAI), que por otra parte encuentran apoyo a sus tesis, en julio de 1936, en la amenaza de las flotas francesa e inglesa contra la insurrección. Con el "colaboracionismo antifascista" descarado de las direcciones que se imponen en la CNT, la FAI y el POUM que, como veremos, tendrá un salto cualitativo a partir de julio de 1936, el proletariado va cediendo en su lucha contra el Estado burgués, que en base a ello va logrando liquidar su autonomía, desarmarlo y encuadrarlo en los ejércitos antifascista y fascista. Aun así, el proletariado expresará su resistencia de muchas maneras: negándose a desarmarse, expropiando a la burguesía, resistiendo al trabajo, protestando contra la explotación, haciendo huelgas y cuestionando a los sindicatos, abandonado un frente militarizado, ejecutando a policías y oficiales estalinistas, publicando octavillas contra el colaboracionismo, pero ya no lo hará con la unidad y fuerza de épocas anteriores. Para todo el gobierno de la República, incluida la CNT-FAI, toda esa resistencia es obra de militantes incontrolados a los que hay que reprimir. Por lo tanto, los meses siguientes a julio de 1936, la represión y el terrorismo de Estado republicano completa, con creces, la acción de los nacionales dirigidos por Franco; la militarización antifascista se hace al compás de las desapariciones, asesinatos y las torturas dirigidas por los agentes rusos dirigidos desde el Kremlim, con la complicidad manifiesta de las direcciones políticas de la CNT y el POUM (alguno de cuyos miembros serán sus propias víctimas).

La última gran resistencia generalizada de los explotados por afirmar su proyecto revolucionario, y romper con la guerra interburguesa, se produce en las decisivas jornadas de mayo de 1937, cuando el intento de los guardias de asalto por despojar a los militantes de la CNT del control que tenían sobre el edificio de la Telefónica (y en realidad sobre las comunicaciones de toda la zona) saca de nuevo a la calle a miles de explotados impulsados por los Comités de Defensa de barriada que volverán a ser un centro de organización fundamental. El proletariado se encuentra solo en la calle y se enfrenta a todas las estructuras del Estado burgués, incluidos no sólo sus represores republicanos estalinistas y socialistas sino también a las organizaciones en las que el proletariado se había estructurado, la CNT, la FAI y el POUM que por todos los medios lo llaman al desarme, a volver al frente y al trabajo. Pese a todas las batallas que el proletariado ya había perdido, mayo del 37 constituye un momento crucial de la lucha de los 30. El proletariado se enfrenta a todo el aparato del Estado, a todas las fracciones de derecha e izquierda de la burguesía mundial. El hecho de que no haya ninguna "expresión" del Estado al lado de los proletarios, hace de ese momento algo sumamente excepcional en la historia de la lucha de clases, y solo se pueden encontrar situaciones parecidas en otros grandes movimientos revolucionarios como el movimiento Maknovista en Ukrania/Rusia, o tal vez en México en las primeras dos décadas del siglo XX.

Serán los llamados del POUM y los discursos de los dirigentes/ministros más en boga de la CNT/FAI quienes lograrán al fin el desmantelamiento de las barricadas, la vuelta a las casas y al trabajo de los proletarios que gracias a ello se transformarán en blancos aislados y desarmados del terrorismo democrático de Estado dirigido por el estalinismo: en los días siguientes a los sucesos de mayo, se mata, se tortura, se instaura la desaparición de militantes revolucionarios como los métodos preferidos del orden republicano. El Frente Popular había logrado su objetivo supremo: desarmar al proletariado y enviarlo al matadero. Lo que sigue después es abiertamente una guerra burguesa37, una guerra imperialista en la que el proletariado juega el papel de carne de cañón y que pronto se generalizará al resto del mundo. El "modelo español" será utilizado con mucha más facilidad en el resto de Europa, en donde el proletariado ya había sufrido antes una profunda derrota contrarrevolucionaria vanguardizada por el leninismo internacional.

 

ELEMENTOS DE BALANCE CRÍTICO

A lo largo de las diferentes publicaciones iremos profundizando y desarrollando el balance crítico de esa extraordinaria lucha proletaria y su derrota, aquí sólo avanzamos algunos elementos imprescindibles, que sitúan nuestra posición global de clase y que permitirán situar e ir más lejos en la discusión y comprensión de los materiales que iremos publicando.

Una vez más, la derrota del proletariado se produce porque éste no logró organizarse como clase, es decir, como partido autónomo contra todas las fuerzas burguesas38. Y todo ello como consecuencia de la concepción y la política socialdemócrata del mal menor, del apoyo a la democracia progresista, de la alianza de los mal llamados "partidos obreros" que desde diferentes organizaciones e ideologías se logra imponer en las filas proletarias. La constitución del Frente Popular y de la alianza antifascista significó la rápida y total disolución de la autonomía de clase del proletariado y su enrolamiento en la guerra interburguesa, primero en España y después en el resto del mundo en la llamada "segunda guerra mundial".

El Frente Popular (y más precisamente la dualidad antifascismo-fascismo) es la táctica utilizada en ese momento por la burguesía contra el proletariado para liquidar su autonomía de clase. Los fenómenos del fascismo, del nazismo, del frentepopulismo, del estalinismo, que se desarrollan en esos años tienen todos las mismas características básicas de conciliación nacional, movilización de masas, apología del trabajo y de la producción en gran escala y conducen todos a la renuncia de los intereses proletarios, al esfuerzo nacional y en última instancia a la guerra imperialista, donde el único papel que tiene el proletariado es el de carne de cañón. A pesar de la resistencia activa de las fracciones comunistas e internacionalistas, el proletariado no logra la ruptura con dichas corrientes y terminará jugando exactamente ese papel de carne de cañón. España es entonces el último país de todo el período en donde el proletariado libra una gran batalla revolucionaria y a su vez será el primero en donde el capitalismo mundial logra concretar la canalización de todas las energías proletarias en la guerra fascista-antifascista cuya culminación será la guerra mundial.

La lucha en España durante la década de los treinta, en la medida que culmina en la transformación de la guerra social en guerra imperialista y en destrucción/liquidación del proletariado, concluye el proceso contrarrevolucionario que ya era general en el mundo. Para ello fue fundamental el papel que jugó la socialdemocracia, como partido burgués para los obreros. En España ese rol lo desempeñaron PSOE, PCE, POUM y la CNT. Mientras que las dos primeras organizaciones tiene un programa abiertamente burgués y opuesto a la revolución proletaria (tareas democrático burguesas...) será en las otras dos donde el proletariado estructure su lucha. No existen organizaciones masivas de proletarios organizados autónomamente. A partir de estructuras militantes de la CNT, la FAI y pequeños grupos, que aunque no son oficialmente reconocidos se reivindicaban de esas estructuras, se organizó la insurrección armada. Minorías y grupos que se reivindicaban de la CNT fueron la vanguardia de las expropiaciones proletarias y de la acción autónoma de nuestra clase contra el capitalismo. La masa proletaria no organizada vio también en la CNT a su organización. Sin embargo, como hemos visto y profundizaremos en las siguientes revistas, las posiciones de la contrarrevolución, que siempre fueron importantes, acabaron por dominar al interior de la CNT. Como veremos en esta organización acabará imponiéndose un programa dominado por concepciones socialdemócratas, que serán decisivas en la destrucción de la autonomía de clase y la afirmación del frente interburgués. El antiautoritarismo (que se opone a las necesidades más elementales del proceso insurreccional en favor de la democracia, del Estado y crea la ilusión de que el Estado se disolverá solo, si se los proletarios controlan la producción), el gestionismo (que lejos de conducir a la abolición del capitalismo, no hace sino reproducirlo bajo la "gestión obrera"), el sindicalismo (que liquida la reivindicación de clase en pos de la reforma)y el federalismo (que reproduce la separación propia a la reproducción mercantil) serán las bases sobre los que la contrarrevolución se asentará.

Será como consecuencia del dominio de estas concepciones socialdemócratas, como en los meses previos al asalto insurreccional de julio de 1936 la ideología antifascista, que ya no designaba como enemigo a la burguesía y el sistema social capitalista, sino al fascismo, pudo imponerse al interior de la CNT, abriendo el camino al frentepopulismo. Nada más lógico que en las elecciones de 1936 la CNT actuara como un aparato capaz de funcionar como el ala izquierda del republicanismo y el Frente Popular renunciando al abstencionismo revolucionario y defendiendo la participación activa en las elecciones del lado del Frente Popular. Aunque esta práctica se denunciará en el interior mismo de la CNT (por ejemplo, en el Congreso de Zaragoza), la transformación de la CNT en aparatado del Estado burgués marcará un punto de no retorno. Como decíamos anteriormente, muchos militantes revolucionarios no comprendieron esta cuestión y en plena batalla decisiva contra el Estado fueron incapaces de romper con dicha organización y malgastaron sus energías en un esfuerzo desesperado por variar su dirección contrarrevolucionaria.

La afirmación de este proceso contrarrevolucionario al interior de la CNT, extensible -con sus particularidades- a la FAI y al POUM, (que implicará que ninguna de esas organizaciones dé directivas teórico-prácticas contra el Estado burgués, ni antes, ni después del 36), explican lo fácil y rápido que fue la transformación de la milicia obrera de julio de 1936 en un organismo capitalista sometido a la República.

En las luchas en España, el proletariado alcanzó grados altísimos de autonomía y dio evidencias del alcance de la revolución que contiene. Son de destacar la concreción y la radicalización de la lucha, la autonomía de los proletarios para prepararse, armarse y tomar los centros de poder en diversas ocasiones como en octubre de 1934 y julio de 1936, las rupturas de grupos o fracciones que fueron más lejos que sus propias organizaciones, la rápida extensión de consignas y tentativas prácticas de lucha contra la propiedad privada, las expropiaciones de tierras y fábricas, los intentos de abolición del dinero, la búsqueda de organismos de producción colectiva y la búsqueda de otras formas de producción, distribución y vida, la contraposición general con respecto a todo el abanico de fuerzas burguesas como en mayo de 1937. Sin embargo, la ideología antiautoritaria, antidictatorial, federalista... socialdemócrata que predominaba dispersó esa formidable energía en miles de pequeñas acciones sin fuerza orgánica capaz de aplastar al capitalismo. La concepción gestionista predominante se completaba perfectamente con la política antifascista y juntas impidieron que el proletariado impusiera sus propios intereses en base a su dictadura revolucionaria. Ese extraordinario movimiento del proletariado fue incapaz de cristalizar una dirección revolucionaria en el sentido más fuerte de esa palabra y en su lugar existió una dirección formal que no correspondía con la práctica real del movimiento y que lo dirigía al callejón sin salida del antifascismo, y el gestionismo radical a la formación de colectividades en coexistencia pacífica con el capitalismo y sus leyes económicas: las colectividades autónomas consolidan el intercambio de mercancías y se constituyeron, como no podía ser de otra manera, en parte de la economía del capital. Su existencia y desarrollo no cuestiona en absoluto la ley del valor que regula la sociedad burguesa. Más todavía aquellas colectividades no cuestionan ni la unidad de base de la producción burguesa, ni la esencia mercantil de la sociedad: la empresa, la mercancía…

En 1936, el proletariado se arma y toma la calle frente a la burguesía, a la propiedad privada y al Estado; pero se encuentra desarmado políticamente por las organizaciones de la socialdemocracia que, con su ideología antiautoritaria y secundariamente "socialista" y leninista, lo conducen atado de pies y manos a aceptar la disciplina del antifascismo (milicias antifascistas), la república burguesa (legalidad democrática), la gestión capitalista (colectividades). Aunque los aspectos militares, políticos, económicos de la lucha de clases están indisociablemente unidos, podríamos esquematizar la imposición de la contrarrevolución haciendo una disociación de esos aspectos, para exponerlo con más claridad. En lo militar, se liquidó la lucha de clases al someter al proletariado al frente militar dirigido por la burguesía republicana. En lo político, la entrada y colaboración de esas organizaciones en el gobierno republicano fue una confirmación de su incapacidad de defender intereses proletarios contrapuestos, así como a darle a la situación una salida revolucionaria. En lo económico, la ideología que pretende que se puede organizar la producción sobre bases revolucionarias, sin la dictadura del proletariado que destruya centralmente la propiedad privada (la mercancía, el dinero, el trabajo asalariado...), condujo a canalizar la energía proletaria hacia la gestión y reproducción de la economía mercantil (generalizada), es decir hacia una forma "obrera" de funcionamiento de la sociedad del capital. Aclaremos que no estamos criticando el hecho de apropiarse de los medios de producción para la lucha contra el capital y el Estado, sino constatando el nefasto papel de la ideología que presenta ese hecho como una solución gestionista de la cuestión social, creando la ilusión de que si quien toma las decisiones son los obreros, en vez del patrón, se superará al capitalismo, cuando en realidad el capital se encuentra a sus anchas con la gestión obrera. Toda la energía revolucionaria del proletariado fue liquidada por el antifascismo (guerra imperialista) y el gestionismo (colectividades) que impuso la CNT/FAI, lo que vino a complementar con creces el papel criminal que realizaban en el campo antifascista la socialdemocracia clásica (PS, PC…).

Dada la coherencia entre la práctica social y la ideología (así como las prácticas anteriores), de todos los grandes partidos denominados de izquierda, resulta absurdo hablar de traición. De la misma manera que la socialdemocracia formal no traicionó en 1914, sino que cumplió su papel histórico de partido burgués para los obreros, y los asesinatos de revolucionarios y las casas de tortura utilizados por el "PC" confirmaron su papel contrarrevolucionario, el papel centrista desempeñado por la CNT y el POUM, que parten de la lucha del proletariado, de sus necesidades y efectúan declaraciones revolucionarias, para someterlo inmediatamente a las necesidades de la guerra y la economía capitalista, resultó confirmado por la práctica de estas organizaciones: última barrera contra la revolución social. Dichas fuerzas fueron esenciales para encuadrar a lo mejor del proletariado y liquidarlo en el campo de la guerra antifascista y de la producción militar capitalista. No se puede entonces hablar de traición sino de la confirmación del programa socialdemócrata que se fue imponiendo en la CNT y el POUM durante los años anteriores.

Mayo del 37 será la última tentativa de nuestra clase de romper con el frente interburgués. La derrota de esta insurrección (la más claramente antiburguesa, antiestalinista y antirrepublicana) se produce gracias a que el antifascismo radical logra desarmar totalmente al proletariado insurrecto, notablemente gracias a la dirección que logra imponer en el proletariado insurrecto la CNT, el POUM, así como sus ministros. La paralización/liquidación de la insurrección y la vuelta al trabajo, preconizada por estas organizaciones, dejaron el campo totalmente libre para la tortura, la desaparición y los asesinatos practicados por los estalinistas para descabezar la revolución. El P"C", la CNT, la FAI y el POUM, conjuntamente con las diferentes policías republicanas, logran así lo que hasta ese momento no había conseguido ninguna fracción del Estado (de izquierda o derecha): liquidar física y orgánicamente a los sectores más decididos del proletariado. En mayo de 1937, como en las otras tentativas insurreccionales, octubre de 1934 y julio de 1936, podemos constatar que el proletariado no afirmó una dirección revolucionaria realmente propia, que estuviera dispuesta a no transigir y a contraponerse a los criminales llamados a la paz social del antifascismo. Su formidable impulso revolucionario logró ser liquidado por la represión física selectiva y la ideología de vuelta al trabajo y al frente de batalla antifascista que impusieron la CNT y el POUM.

Frente al desarrollo de los enfrentamientos, y tras la derrota del proletariado en España, los militantes de otras partes del mundo se encontraron sin poder actuar en solidaridad con el mismo, como hubiese sido necesario para impedir su aislamiento y liquidación. Ello se debió principalmente a la debilidad del movimiento del proletariado internacionalista en ese período que, como expusimos anteriormente, había sido derrotado por doquier. A pesar de las luchas en Francia en junio de 1936, en México, en Austria, en El Salvador... se dio una situación de aislamiento del movimiento a nivel internacional. La burguesía mundial logró camuflar el verdadero antagonismo de clase de la "guerra civil" en España y venderla a la opinión pública mundial como una guerra entre republicanos y fascistas, lo que llevó al proletariado revolucionario en España a un aislamiento político muy profundo. Cuanto más se imponían internacionalmente las banderitas fascistas y antifascistas con los colores nacionales y más se movilizaban al proletariado hacia las Brigadas Internacionales, más solos se encontraron los revolucionarios e internacionalistas en España para enfrentarse al capitalismo mundial.

El frente popular y el antifascismo levantaron un auténtico muro para el aislamiento. Poco a poco lo único que comunicaba desde España, los pedidos de solidaridad... ya no eran del proletariado, sino que estaban mediatizados y filtrados por Estados imperialistas como Rusia. En particular, el papel de la Internacional "Comunista", la URSS y los diferentes P"C", así como sus diferentes apoyos críticos (sobre todo el trotskismo en sus múltiples variantes) fue fundamental en ese aislamiento. Cuanto más se reclutaba para el antifascismo, más se liquidaba la posibilidad internacional de acción internacionalista en comunidad de acción y lucha con el proletariado en España. Es obvio que existe una relación directa entre las necesidades de la URSS, en tanto que potencia capitalista compitiendo con otras potencias capitalistas, y la defensa de tal o cual "táctica" en la IC. La del Frente Popular, que tuvo en España su confirmación más clara como fuerza de liquidación de la energía revolucionaria del proletariado, obedecía a los intereses imperialistas del CAPITAL en el mundo.

Contra todas esas fuerzas burguesas, sólo un puñado de compañeros dispersos por el mundo repudiaron por igual el fascismo y el antifascismo y continuaron la lucha invariante del Partido contra el capitalismo mundial y el Estado. Nosotros consideramos importantísimo, no sólo para el análisis del pasado, sino para la lucha futura, los aportes de esos distintos compañeros, más o menos estructurados en grupos o fracciones comunistas en diferentes países del mundo. Por consiguiente, uno de los ejes fundamentales de las publicaciones que realizaremos será precisamente el del rescate histórico de los mejores de esos materiales. Sin ese decisivo trabajo de reapropiación, el proletariado debería volver a empezar siempre de nuevo su propia historia, repetir los mismos errores e improvisar inmediatistamente la dirección a tomar. Sin ese aporte decisivo, los internacionalistas de hoy y de mañana no tendríamos todo ese bagaje de experiencia, de teoría revolucionaria, que constituye el arma más decisiva y potente de gestación de una dirección revolucionaria que asegure el triunfo en la próximas olas de luchas proletarias.

Evidentemente, otro eje será reivindicar y exponer las expresiones proletarias que, en pleno proceso de imposición del Frente popular y de la guerra imperialista, se contrapusieron al mismo y trataron de resistir. La lucha contra la alianza interburguesa antifascista, la resistencia a la explotación en las colectividades y la lucha contra la militarización y el frente interburgués fueron asumidas por grupos y sectores proletarios. Subrayar todas esas luchas y resistencias nos parece fundamental, para mostrar ese antagonismo entre las necesidades de nuestra clase y las de la contrarrevolución frentepopulista.

Por consiguiente, en las próximas revistas iremos profundizando y desarrollando lo que en esta primera hemos ido esbozando. La orientación fundamental que guía todo nuestro trabajo sobre la cuestión española es el análisis crítico de las fuerzas que posibilitaron la transformación de la guerra de clases en guerra imperialista. Para exponer con mayor claridad este proceso contrarrevolucionario, en las próximas revistas sobre el tema, iremos abordando:

1. qué ideologías, organizaciones, individuos y momentos jugaron un papel fundamental en ese proceso y cómo se impusieron contra la revolución,

2. cómo ese proceso se manifestó en los diversos aspectos de la lucha del proletariado (político, militar, económico, social), que evidentemente son articulaciones de una misma unidad

3. qué fuerzas proletarias y qué momentos de lucha trataron de resistir a ese proceso y por qué sucumbieron.

Finalmente cerraremos todo este trabajo sobre la cuestión española con un balance global que subraye las enseñanzas y directrices fundamentales que está experiencia histórica nos dejó para las futuras luchas.

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Notas:

1. Hemos realizado un análisis crítico de este libro, así como de dicha concepción típicamente centrista, y por lo tanto contrarrevolucionaria, que publicaremos en una próxima revista sobre el tema.

2. La forma más correcta de expresar ese nivel supremo de lucha de clases entre los dos proyectos antagónicos posibles sería decir revolución comunista o contrarrevolución y reorganización del capitalismo, o sea, afirmar explícitamente cada vez "la revolución y la contrarrevolución en tal país durante tales años". Por razones que veremos a lo largo de todo este trabajo, las formulas como "revolución española" o "guerra civil" son incorrectas dado que implican e inducen a concepciones falsas. Como aquella fórmula es demasiado larga y puede resultar pesada en cada frase, no hemos encontrado otra solución para abreviarla que decir "la cuestión española", así como la "cuestión rusa" o la "cuestión mexicana" pero en todos los casos debe entenderse precisamente ese proceso revolucionario del proletariado y su derrota contrarrevolucionaria.

3. El mejor ejemplo de estas excepciones es el extensísimo y valiosísimo trabajo histórico realizado por Balance (Agustín Guillamón) (email: chbalance@gmail.com) que comentaremos en próximas revistas, señalando nuestras diferencias con sus análisis.

4. Ver al respecto nuestras revistas "Rusia, Contrarrevolución y Desarrollo del Capitalismo" en Comunismo No. 15-16, 17 y 18; como también "Leninismo y Contrarrevolución I y II" en Comunismo No. 55 y 56 respectivamente. Ver también nuestro libro "La Contrarrevolución Rusa y el Desarrollo del capitalismo" Distribuido por: Libros de Anarres, Corrientes 4790, Buenos Aires Argentina; edicionesanrres@gmail.com Tel. +54-11-4857-1248 y Virus, c/Aurora 23, 08001 Barcelona, España; tel: +34 93 441 38 14

5. El mismo trotskismo es un buen ejemplo de esta concepción, de esta falsificación. Nunca dejará de repetir la vieja idea socialdemócrata de la debilidad histórica del proletariado en Rusia y de apoyar "críticamente" el desarrollo impuesto por el estalinismo. La innegable explotación y represión del proletariado no serán explicados por medio de la lucha entre clases antagónicas, como producto de la contrarrevolución burguesa, sino recurriendo al viejo expediente de la burocracia, de las contradicciones secundarias entre capas sociales.

6. Para nuestro grupo esta tarea es prioritaria y central, pero evidentemente está lejos de ser la única que estructuramos. Intentamos asumir, dentro de nuestras escasas fuerzas, todas las tareas que el movimiento nos exige, jerarquizándolas según las necesidades históricas del mismo. Ver al respecto Comunismo No. 64 "Comunidad de lucha y partido".

7. Nosotros, como Marx, consideramos que la revolución y la contrarrevolución se desarrollan contradictoria y simultáneamente; que los niveles más altos de revolución mundial fueron destruidos por los niveles más desarrollados de contrarrevolución mundial. Nuestra visión se encuentra también aquí en las antípodas de la metafísica (dominante en todo el socialismo burgués), que imagina que en la oposición entre ambas, cuando una se fortifica un poco, se debilita la otra y recíprocamente, o que cree que hay como autopistas y cuando se toma la de la guerra la revolución desaparece, y cuando se toma la de la revolución la de la guerra desaparece. Toda la experiencia histórica muestra a la revolución surgiendo y desarrollándose en los períodos más profundos de contrarrevolución, como sucede precisamente la guerra imperialista; (en donde la consigna clave de los revolucionarios es precisamente la transformación de esa guerra interburguesa en guerra contra la burguesía). De la misma manera que la respuesta, por excelencia, del Estado a la lucha del proletariado es la transformación de la guerra revolucionaria de clases en guerra interburguesa, es decir en guerra imperialista entre países o dentro de un país (fascismo-antifascismo, por ejemplo).

8. Insistimos en que se trata de los militantes revolucionarios en Rusia y en España y no los "rusos" y "españoles", porque tanto en uno como en otro caso se asesinan también a "extranjeros". Muchas veces, contra las visiones nacionalistas del proletariado de tal o cual país, hasta sacrificando el estilo y haciendo más pesada la lectura, nuestro grupo utiliza "el proletariado o los militantes revolucionarios en España" o "en tal otra parte" para marcar el carácter internacional e internacionalista del proletariado y sus fracciones de vanguardia. Bueno, en este caso el "en" tiene entonces una doble razón de ser.

9. Al margen de los materiales sobre Rusia que mencionamos en una nota anterior, hemos publicado también un pequeño trabajo sobre Hungría: "1919: Revolución y contrarrevolución en Hungría" Comunismo nº29 y nº30.

10. Por poner un ejemplo del caso que nos ocupa, destaquemos todos los esfuerzos de la CNT por borrar las huellas de su acción contrarrevolucionaria en la historia. Así en 1980 la CNT firma por medio de su secretariado (Ángel Espinosa y José Luis González, con José Bondía como secretario general) un contrato con el instituto de Ámsterdam para evitar que salgan a la luz pública parte del gigantesco material donado en mayo de 1939 por la organización a dicho instituto. En 1989 cuando por fin se hace público ese valioso material histórico ya ha pasado el filtro de los peritos de la CNT, es decir han sido destruido todos los documentos que la CNT ha querido. Recordemos también que el acta del pleno de locales y comarcales celebrado en Barcelona el 21 de julio, el más importante de la historia de esa organización, donde se decide no ir a por el todo y plegarse a la colaboración antifascista, también "desapareció".

11. Concretamente se publicaron dos cuadernillos: "Barcelona Mayo de 1937", "Fascisme et antifascisme contre le prolétariat!" (juin 1987), que publicamos en común con un grupo de militantes revolucionarios denominado Raia y luego un rectificativo (Note critique sur la Brochure mai 37). El primero de ellos, si bien señalaba correctamente la frontera revolución/contrarrevolución, partía del principio partidista típico de reducir lo sucedido a la falta de partido. El segundo, criticaba correctamente ese reduccionismo simplista y formalista y proporcionaba algunos elementos generales de crítica de esa visión que, para nosotros, sigue prisionera de elementos de la concepción socialdemócrata. A pesar de los aportes de estos materiales, los mismos no constituían algo cualitativo y fundamentalmente diferente sobre la "cuestión española" y por ello no fueron reproducidos en español. En efecto, si bien esos materiales se situaban a un buen nivel de consideraciones generales sobre la "cuestión española", nos parecieron totalmente insuficientes para constituir un aporte cualitativo en español sobre dicha cuestión y preferimos seguir profundizando.

12. Cuando hablamos de la negación negativa del proletariado nos referimos a su tendencia a desaparecer totalmente como clase autónoma, condición necesaria para servir de carne de cañón de los intereses nacionalistas: la carnicería generalizada de la guerra imperialista es el nivel supremo de ese matanza mutua y destrucción física del proletariado, en el altar de la guerra impuesta por el lucro burgués. En ese sentido, tal como ya lo hemos señalado en muchas ocasiones, se contrapone a la negación positiva del proletariado, cuando éste se unifica, se constituye en fuerza, en clase internacional, en clase dominante para autonegarse como clase, negando a toda la sociedad del lucro, a todas las clases y Estados.

13. Aquí, como en otros dominios, la clave teórica y metodológica está en romper con esa confusa representación ideológica (concreto representado), que aparece en la superficie de la sociedad, haciendo abstracción de todos los elementos ideológicos y propagandísticos que le dan potencia a esa representación (como el cuco del fascismo o cualquier otra fórmula de propaganda partidaria) y concentrarse en los intereses antagónicos de las clases en pugna y los proyectos históricos que de los mismos se derivan. Esta abstracción, que nos permite captar la realidad en toda su simplicidad, es equivalente a la que nos permite, por ejemplo, comprender las formas más simples del valor, así como el desarrollo de ellas (hasta las formas más complejas) y el proceso mismo de valorización; es decir concebir el capital como sujeto general de esta sociedad y poner en evidencia la necesidad y la posibilidad histórica de abolirlo.

14. "Los centristas y reformistas de cada país subrayan siempre el carácter excepcional, popular, de las organizaciones burguesas de izquierda de cada país", decía Moulin, militante que se definía como trotskista o mejor dicho bolchevique leninista, en un artículo de denuncia contra el POUM por su participación gubernamental titulado "El POUM se convierte en partido gubernamental". Moulin fue desaparecido y torturado a muerte por los lenino/estalinistas.

15. La creación de estas federaciones regionales finalistas fue una tendencia mundial del proletariado en el siglo xix que expresaba su unidad internacional, su gran fortaleza unitaria y su proyecto social único e internacional. Ello se sitúa continuidad de la obra de la AIT y forma parte del proceso reorganizativo del proletariado como clase y por lo tanto como partido internacionalista.

16. Recordando esa gesta proletaria, un siglo después, en el 2009 se realizaron acciones contra 22 centros religiosos de Barcelona. Otros actos recientes, que relacionan las luchas de los años treinta con las actuales, fueron la ocupación simbólicas del hotel Ritz o la pancarta colgada en Telefónica, un 1º de mayo, "A por el todo", denunciando el colaboracionismo de la CNT y la represión estalinista.

17. El Partido Socialista Obrero Español nació en 1879 como concreción nacional del modelo clásico de la socialdemocracia que se agrupaba en la internacional contrarrevolucionaria conocida como Segunda Internacional. En coherencia con esa internacional, se trató siempre de un partido burgués para los obreros, de una organización para sabotear el asociacionismo autónomo del proletariado, para neutralizar la lucha del proletariado, encuadrarlo y conducirlo hacia la reforma del capitalismo. Bajo un discurso obrero, hará apología del desarrollo capitalista contraponiéndose invariablemente a los intereses proletarios, enfrentándose a toda lucha proletaria. Como es habitual en este tipo de partidos, creó su brazo sindical, la Unión General de Trabajadores.

18. Las posiciones de Lladó no fueron publicadas en la prensa confederal sino difundidas en folletos por grupos militantes a contracorriente de la posición del Comité Nacional de la CNT. Poco después las posiciones proletarias irían imponiéndose contra esa "bolchevización" pero desgraciadamente nunca se la derrotó y a partir de 1934 volvió a desarrollarse hasta dominar nuevamente en 1936 pese a que en su discurso se tratara de mostrar contraria al estalinismo.

19. El llamado partido "comunista" Español se fundó en 1921 como escisión del PSOE, con la pretensión de sumarse a la Tercera Internacional y en poco tiempo se convirtió en el partido oficial del leninismo estalinista en España. Siguiendo las diferentes directrices e intereses de Moscú, fue dando bandazos para defender el programa contrarrevolucionario del leninismo. En 1936, este agente directo del P"C" Unión Soviética (o mejor dicho del Imperialismo del Kremlin moscovita), adquiere un papel principal y decisivo como herramienta de la contrarrevolución y la represión. Los revolucionarios sufrirán esta realidad en carne propia mediante "desapariciones", torturas, asesinatos, masacres. La sombra siniestra de las checas y un vasto historial represivo quedará siempre unida a los leninistas en España, estando a la altura del terrorismo "anticomunista" en todo el mundo.

20. Formado por Durruti, Ascaso, Garcia Oliver, Jover, Ramona Berni, Pepita Not, Antonio Ortiz y Ricardo Sanz entre otros. Este núcleo dará pie, posteriormente, al grupo Nosotros.

21. Anotemos de paso que el PSOE será parte activa en el gobierno de Primo de Rivera desde el primer día, asumiendo funciones determinantes en el Consejo de Estado. Se vanagloriaba, además, de que en los siete años del gobierno de Primo de Rivera, mientras el proletariado había sido reprimido, ellos sólo habían tenido media docena de militantes presos que evidentemente fueron expulsados de sus filas.

22. Por ejemplo, en el contacto mantenido en París entre Durruti y Ascaso con Makhno, o en Alemania con otros militantes, o en otros lugares del mundo, con Camilo Berneri o con los compañeros de La Antorcha. Esos viajes, esas reuniones, más su larga experiencia en el enfrentamiento directo, ayudó a esos compañeros, que darán lugar al grupo Nosotros, a formarse políticamente, y abrir cierta brecha en la ideología dominante en la CNT (antiautoritarismo, sindicalismo, democratismo, reformismo…), cuestión por la que fueron denunciados e insultados como anarcobolcheviques.

23. Evidentemente, cuando en nuestras publicaciones hablamos de huelga no nos estamos refiriendo a paros sindicales, sino a verdaderas huelgas de clase. Paro total del trabajo, salida a la calle, sabotajes, enfrentamientos, ataques a representaciones del capital...

24. El Estado de Prevención permitía, al Gobierno, aplicar medidas que afectaban a la libre de circulación, también permitían al poder intervenir en industrias y comercios, obligar a la presentación previa de publicaciones (censura previa) y prohibir reuniones y asociaciones en caso necesario. Durante el Estado de Alarma era posible practicar registros domiciliarios, detenciones preventivas, imponer penas de destierro, prohibir actos públicos y disolver asociaciones consideradas peligrosas. Asimismo se impartían las órdenes necesarias a las fuerzas de seguridad para asegurar el abastecimiento de los mercados y los centros de producción. En la práctica, este "Estado" permitía poderes tan extraordinarios que era casi equiparable al Estado de Guerra, en el que, además, la autoridad militar asume las funciones de Gobierno, así como del poder judicial, que pasa a ser gestionado por los consejos de guerra.

25. La ley castigaba lo que se consideraban "actos de agresión a la República", entre otros: "incitación a resistir o a desobedecer las leyes", la incitación a la "comisión de actos de violencia contra personas, cosas o propiedad", "la difusión de noticias que puedan quebrantar el crédito o perturbar la paz o el orden público", "toda acción o expresión que redunde en menosprecio de las Instituciones del Estado", "la suspensión o cesación de industrias o labores de cualquier clase, sin justificación bastante" o "las huelgas no anunciadas con ocho días de anticipación... las declaradas por motivos que no se relacionen con las condiciones de trabajo y las que no se sometan a un procedimiento de arbitraje o conciliación". También se podía "suspender las reuniones o manifestaciones públicas de carácter político, religioso o social, cuando […] su celebración pueda perturbar la paz pública", "clausurar los Centros o Asociaciones que se considere incitan a la realización de actos de agresión contra la República". Por consiguiente, la acción y el asociacionismo proletario, así como la verdadera huelga de clase, estaban permanentemente perseguidos. Las penas por esos delitos iban desde la deportación hasta la multa económica, pasando por la prisión, y no existía juicio alguno, pues el ministro de Gobernación decidía el delito y la pena.

26. Esta palabra designa en Cataluña a una milicia ciudadana que funciona como cuerpo parapolicial.

27. Abel Paz, Durruti, p. 360

28. Ibidem

29. En la práctica se volvía a la legislación anterior a la ley de defensa de la República, pues se tomó como referencia el anteproyecto elaborado por la Asamblea Nacional del gobierno de Primo de Rivera, del que copió, entre otras cosas, los tres tipos de estado de excepción (prevención, alarma y guerra).

30. Los esfuerzos para organizar fugas de presos, militantes o no, fue una tarea asumida siempre por los núcleos revolucionarios, en todo el periodo de la república.

31. A nivel internacional la sociología y la socialdemocracia habían impuesto una separación dentro del proletariado cuyo objetivo evidente era dividirlo. Se hablaba de "campesinado" en lugar de proletariado agrícola y ello correspondía a una explicación según la cual se trataba de una clase social diferente al proletariado -como si en pleno capitalismo la clase campesina del feudalismo siguiera existiendo- y oscilante entre las clases, incluso se decía que era una clase pequeño burguesa que no tenía la "consciencia socialista" y que defendía la propiedad privada. En rechazo total y completo con esta concepción, el proletariado se constituye en clase contra la propiedad, el capital y el Estado... y por eso nosotros nunca hablamos de campesino, para insistir siempre que viva o trabaje en la ciudad o en el campo se trata de la misma clase social.

32. El análisis y balance de la insurrección de octubre del 34, requeriría por lo menos una revista entera, lo que desbordaría el cuadro que hemos trazado en nuestro trabajo sobre la cuestión española. Por lo tanto nos vemos obligados a conformarnos con este pequeño aporte totalmente insuficiente, como hacemos con otras cuestiones centrales de la lucha proletaria en la región, pero en el que tratamos de exponer algunas cuestiones fundamentales.

33. Sobre el mito del viraje del PSOE volveremos en futuros materiales.

34. El Frente Popular en España agrupó a los diversos partidos de izquierda: Izquierda republicana, Unión republicana, PSOE, PC, Partido Sindicalista y el POUM. La CNT, aunque formalmente no formó parte del mismo, funcionó apoyando ese frente "críticamente" hasta su sumisión total al mismo.

35. Sobre todo este tema ver nuestro libro " Contra la democracia " (Miriam Qarmat) 1996, Libros de Anares, Buenos Aires, Argentina.

36. Aunque profundizaremos en esta cuestión esencial de la contrarrevolución en la próxima revista, queremos aclarar que si ponemos entrecomillamos el término fascismo lo hacemos para subrayar que fue el antifascismo el que fue formando y moldeando el "monstruo fascista" como algo separado y diferente al Estado Republicano. La realidad es que la fracción franquista, en tanto que frente unificado de derechas, es parte y expresión del Estado Republicano. Recíprocamente, el Frente Unificado de Izquierda, el Frente Popular, representará la otra expresión fundamental de ese mismo Estado. Recordemos que en el 33-35 fueron esos mismos "republicanos franquistas" los que fueron afirmándose como defensores de la república frente a la amenaza proletaria (la máxima expresión fue la represión y masacre de la insurrección de Asturias). Además de esa realidad, el antifascismo oculta el origen histórico del fascismo, que fue un movimiento de izquierda y de la socialdemocracia.

37. La guerra burguesa interimperialista en España comienza mucho antes, claro está, como lo verán y denunciarán claramente diferentes grupos de revolucionarios en el mundo, pero hasta esa fecha hay una potente resistencia proletaria a someterse a la misma y defender sus intereses de clase.

38. Todos los capítulos de la historia de la lucha de clases se cierran con "la derrota de la revolución" y en todos ellos podemos constatar que el proletariado no fue lo suficientemente lejos en la afirmación de sus intereses, de su fuerza de clase, de su autonomía, de su organización, de su centralización. Sólo en ese sentido tiene validez la tesis que afirma formalísticamente "faltó el partido" y, en ese mismo sentido, es siempre verdad. En realidad, lo que se está afirmando es que la dirección formal que tuvieron los proletarios en esa circunstancia (los dirigentes formales y sus concepciones ideológicas) lo condujeron al fracaso por falta de ruptura con las concepciones burguesas (socialdemócratas), que en un momento dado el proletariado se dejó conducir hacia objetivos que no son los suyos. Es precisamente el análisis y la denuncia de estas ideologías y esos falsos objetivos que constituye lo más importante de un BALANCE, y no la repetición estúpida e impotente de que lo que "faltaba es el partido".

 

Encadrés

 

 

Combate por la Historia

MANIFIESTO

 

La amnesia, pactada por los sindicatos y partidos políticos de la oposición democrática con los últimos gestores del Estado franquista a la muerte del dictador, fue un aspecto más de la Transición, que tuvo importantes consecuencias para la memoria histórica de la Dictadura Franquista y la Guerra Civil. La amnistía significó un borrón y cuenta nueva con el pasado. Ello imponía el olvido deliberado y "necesario" de toda la historia anterior a 1978. Era preciso reescribir una nueva Historia Oficial, puesto que la versión franquista y la antifranquista ya no servían al nuevo poder establecido, bajo una óptica superadora de los antagonismos que determinaron la guerra civil española.

En la actualidad, desvanecida de la memoria colectiva cualquier referencia conflictiva, antagónica, o que pusiera de manifiesto que la guerra civil fue también una guerra de clases, ha comenzado la tarea de su recuperación como episodio de la historia burguesa. Los mandarines de la Historia Oficial, minimizado o ignorado el carácter proletario y revolucionario de la guerra civil, acometen la recuperación del pasado como relato de la formación y consolidación histórica de la burguesía democrática, o en las autonomías históricas, como justificación de su constitución en nación.

Se arrebata a la clase obrera su protagonismo histórico, en beneficio de los nuevos mitos democráticos y nacionalistas de la burguesía que detenta ahora el poder económico y político.

LA MEMORIA HISTÓRICA

ES UN CAMPO DE BATALLA

DE LA LUCHA DE CLASES.

Las instituciones burguesas del aparato cultural del Estado tratarán siempre de controlar y utilizar la historia en su provecho, ocultando, ignorando o tergiversando los hechos que cuestionan o ponen en entredicho la dominación de clase, a lo cual se avienen gustosos, salvo raras y honrosas excepciones, los académicos e historiadores profesionales. La publicación de Queridos camaradas de Elorza y Bizcarrondo; los capítulos de Casanova, Solé y Villarroya, del libro Víctimas de la guerra civil, coordinado por Santos Juliá, que es además autor de una introducción "antológica"; o el inefable curso sobre la guerra civil, organizado en marzo-mayo pasados por el servil Museo de Historia de Cataluña, son los ejemplos más recientes que ilustran la Historia Oficial de que se habla en este Manifiesto.

LA HISTORIA OFICIAL

ES LA HISTORIA DE CLASE

DE LA BURGUESÍA.

La objetividad, como idea platónica, no existe en la realidad de una sociedad dividida en clases sociales. En el caso concreto de la historia de la Guerra Civil, la Historia Oficial se caracteriza por su EXTRAORDINARIA ineptitud y su no menos EXTRAVAGANTE actitud. La INEPTITUD radica en su incapacidad absoluta para alcanzar, o siquiera intentarlo, un mínimo rigor científico. La ACTITUD viene dada por su consciente IGNORANCIA o NEGACIÓN de la existencia de un potentísimo movimiento revolucionario, mayoritariamente libertario, que condicionó, se quiera o no, todos los aspectos de la guerra civil. Estos funcionarios de la burguesía, en el campo de la historia, incurren en diversas aberraciones intelectuales (aberrantes incluso desde una perspectiva burguesa): EXALTAN Y ELOGIAN los métodos y la eficacia represiva del SIM. Quizás no son demasiado conscientes de que con ello están elogiando la tortura, y hasta es posible que personalmente sean partidarios del procesamiento de Pinochet. Pero es éste un aspecto que, como ningún otro, delata la influencia de la perspectiva e intereses de clase en el trabajo histórico, porque ese elogio de la eficacia del SIM contra los revolucionarios, corre paralelo al horror mostrado ante la violencia de clase, desencadenada en julio de 1936 por los "incontrolados" contra la burguesía. Pueden ser especialistas en el tema de la violencia, contables eficientes de muertes violentas, que muestran sin embargo una total parcialidad cuando califican de "terror" anarquista o "eficacia" policíaca lo que no deja de ser siempre violencia de una clase contra otra. Sólo que para ellos la violencia obrera es terror, y en cambio, la violencia del SIM es eficacia. No hay más razón que su perspectiva de clase. La violencia se mide por un doble rasero, según el toma y daca de quien la ejerza o la sufra.

NIEGAN, aunque prefieren IGNORAR, porque resulta más cómodo, efectivo y elegante, la fuerza decisiva en la zona republicana de un movimiento revolucionario, mayoritariamente anarquista.

NIEGAN, o disminuyen hasta límites que falsifican los hechos, documentalmente probados, el enorme papel represivo, reaccionario y cómplice de la Iglesia Católica en el golpe de estado militar, y su participación activa en la preparación, desencadenamiento y bendición de la posterior represión fascista.

LAMENTAN que George Orwell escribiera un "maldito" libro que jamás debió leerse, y Ken Loach filmara una "horrorosa" película que jamás debió verse.

Queremos lanzar una señal de ALARMA contra una creciente marea de historiadores revisionistas de la guerra civil española.

ALARMA por la decidida falsificación de los hechos históricos de que hacen gala, pese a la documentación disponible. Los hechos mismos pasan a la clandestinidad y los documentos son ignorados, o malinterpretados. La historiografía sobre la guerra civil ha pasado de ser una historia militante, hecha por protagonistas y testigos de la guerra civil, con todos los riesgos que ello supone, pero también con la pasión insustituible de quien no juega con palabras porque antes se ha jugado la vida, a ser una historia académica mema, caracterizada por el disparate, la incomprensión e incluso el desprecio a los militantes y organizaciones del movimiento obrero.

ALARMA ante la creciente banalización de la Historia Oficial, y la metódica marginación de las investigaciones que ponen de relieve el decisivo papel histórico del movimiento obrero, por más rigurosas que sean.

En realidad, existe una absoluta incapacidad por parte de los historiadores burgueses no ya para comprender, sino siquiera aceptar, la existencia histórica de un movimiento revolucionario de masas en la España de 1936. Nos hallamos ante una historia negacionista del movimiento revolucionario que se desarrolló durante el período de la guerra civil.

La Historia Oficial plantea la guerra civil como una dicotomía entre fascismo y antifascismo, que facilita el consenso entre los historiadores académicos de izquierda y derecha, los nacional-catalanistas y los postestalinistas que, todos juntos, coinciden en descargar el fracaso republicano en el radicalismo de anarquistas, poumistas y masas revolucionarias, que se convierten de este modo en la víctima propiciatoria común.

Con la ignorancia, omisión o minimización de las connotaciones proletarias y revolucionarias que caracterizaron el período republicano y la guerra civil, la Historia Oficial consigue ponerlo todo del revés, de forma que sus principales popes se imponen la tarea de reescribirlo todo DE NUEVO, y consumar de este modo la expropiación de la memoria histórica, como un acto más del proceso de expropiación general de la clase trabajadora. Pues, a fin de cuentas, la historiografía es quien elabora la Historia. Si, paralelamente a la desaparición de la generación que vivió la guerra, los libros y manuales de la Historia Oficial ignoran la existencia de un magnífico movimiento anarquista y revolucionario, dentro de diez años se atreverán a decir que ese movimiento NO HA EXISTIDO. Los mandarines creen firmemente que NUNCA ha existido aquello sobre lo que ELLOS no escriben: si la historia cuestiona el presente, la niegan.

Hay una contradicción flagrante entre el oficio de recuperación de la memoria histórica, y la profesión de servidores de la Historia Oficial, que necesita olvidar y borrar la existencia en el pasado, y por lo tanto la posibilidad en el futuro, de un temible movimiento obrero revolucionario de masas. Esta contradicción entre el oficio y la profesión se resuelve mediante la ignorancia de aquello que saben o deberían saber; y eso les convierte en necios. La Historia Oficial pretende ser objetiva, imparcial y global. Pero se caracteriza por su incapacidad para reconocer el carácter clasista de su pretendida objetividad. Es necesariamente parcial, y no puede adoptar más perspectiva que la perspectiva de clase de la burguesía. Es necesariamente excluyente, y excluye del pasado, del futuro y del presente a la clase obrera. La Sociología Oficial insiste en convencernos que ya no existe la clase obrera, ni la lucha de clases; a la Historia Oficial le toca convencernos de que nunca existió. Un presente perpetuo, complaciente y acrítico banaliza el pasado y destruye la conciencia histórica.

Los historiadores de la burguesía tienen que reescribir el pasado, como lo hacía una y otra vez el Gran Hermano. Necesitan ocultar que la Guerra Civil fue una guerra de clases. Quien controla el presente, controla el pasado, quien controla el pasado, decide el futuro. La Historia Oficial es la historia de la burguesía, y hoy tiene por misión mitificar los nacionalismos, la democracia liberal y la economía de mercado, para convencernos de que son eternos, inmutables e inamovibles.

Los firmantes de este Manifiesto declaran su beligerancia en este COMBATE POR LA HISTORIA.

 

 

Barcelona, 8 de julio de 1999.

Apartado 22.010 - 08080 Barcelona, e.mail: balanci@teleline.es

 

 

El Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), se constituyó en septiembre de 1935 como resultado de la fusión del Bloque Obrero y Campesino (BOC) y la Izquierda Comunista de España (ICE), que a su vez venía de la Oposición de Izquierda Internacional, donde se agrupaban mundialmente los "bolcheviques-leninistas", como se denominaban a sí mismos los militantes leninistas opuestos al estalinismo. La ICE había participado en el sindicato UGT, la Alianza Obrera y en la insurrección de Asturias. Su órgano de difusión era la revista Comunismo.

Tras los sucesos de Asturias de 1934, las Juventudes Socialistas de España (que se encontraban bastante radicalizadas) invitaron a los militantes de la ICE a entrar y "bolchevizar" el PSOE. La ICE vivió un debate interno entre los favorables a entrar en el PSOE, encabezados por el propio Trotsky y Grandizo Munis (que más tarde fundarían la sección bolchevique-leninista de España y tendrían una postura clasista con respecto al Frente Popular y a los sucesos de mayo de 1937) y los partidarios de fusionarse con el Bloque Obrero y Campesino (BOC) de Joaquín Maurín, encabezados por Nin y que resultaron mayoritarios.
El POUM pese a presentarse a sí mismo como "marxista revolucionario", entre otras cosas por estar opuesto al estalinismo, e incluso al trotskismo, lo cierto es que sus posiciones nunca rompieron en lo esencial con la contrarrevolución. Simplemente, tomaron un nuevo aire ocultado bajo su centrismo: parlamentarismo, unidad interclasista, necesidad de revolución democrático-socialista, defensa de las nacionalidades oprimidas, alianza con la "pequeña burguesía", apoyo "crítico" a la URSS...
Dicho partido fue miembro activo del Frente Popular que ganó las elecciones en febrero de 1936. Participará en el gobierno de la República, tanto antes como después de julio del 36, y se plegará a toda alianza antifascista para defender la República, inclusive en los sucesos de mayo de 1937, a través de su órgano de difusión.

Debido a la denuncia constante de la práctica contrarrevolucionaria del estalinismo (pero nunca del leninismo), a su participación en el 19 de julio a través del GABOC (grupos de acción del BOC) y a la presencia de proletarios combativos en sus filas (como Rebull, y muchos militantes internacionalistas del extranjero, que levantaron barricadas contra la República en mayo de 1937, es correcto afirmar que el proletariado (a falta de grandes organizaciones revolucionarias) también estructuró su lucha en el POUM.

 

 

 

La Confederación Nacional del Trabajo (CNT) se creó en 1911 como heredera directa de Solidaridad Obrera, fundada dos años antes, y, en alguna manera, se presenta como sucesora de la Federación Regional Española de la AIT en el siglo XIX. Si bien en su seno se expresó un complejo proceso asociacionista del proletariado, que abarcaba todos los ámbitos de la vida social, funcionó también (en períodos enteros o por la dirección y la burocracia de la misma) como una estructura sindical posibilista como evidencia su propia denominación "confederación nacional del trabajo" lo que es coherente con la ideología socialdemócrata de colaboración de clases y apología del trabajo. Al mismo tiempo que en su seno se organiza la parte más combativa del proletariado, que intenta afirmar los objetivos finalistas y revolucionarios del proletariado, la tendencia sindicalista y contraria a la revolución logra controlar, durante periodos enteros, las estructuras formales, las delegaciones y contactos internacionales, y las publicaciones de dicha organización, que harán visualizar a esta estructura internacionalmente como similar y hasta cómplice con el sindicalismo de la Segunda y la Tercera Internacional. La vida de la CNT, desde su creación, será la historia de la lucha entre la revolución y la contrarrevolución. Las oscilaciones que desde su constitución sufrirá este organismo, serán el resultado de la confrontación entre esos proyectos antagónicos, hasta que finalmente, como veremos, llegará un momento -julio de 1936- en el que esa pelea se decantará para uno de los lados: el de la contrarrevolución. En efecto, una serie de concepciones ideológicas, como el obrerismo, el antiautoritarismo, el gestionismo, el frentismo, el sindicalismo y el federalismo, acabarán imponiéndose en la CNT para hacer de ella, a partir de julio del 36, y, sobre todo mayo del 37, un gendarme de la República y del antifascismo frente a la lucha del proletariado, un freno a la ruptura proletaria y a la revolución. Esa decantación marcará, desde entonces, la dinámica de esa organización en tanto que aparato del Estado burgués.

 

El nacimiento de la Federación anarquista ibérica (FAI) tiene lugar en 1926, con el objetivo declarado de crear una organización específica de militantes anarquistas para defender los "principios finalistas" de la CNT contra el reformismo y camaleonismo dominantes. Según sus promotores, entre ellos Marcos Alcón y Manuel Pérez, había que luchar por preservar la esencia anarquista y revolucionaria de la CNT frente a las ideologías contrarrevolucionarias que se habían ido apoderando de instancias decisivas de la organización. Por consiguiente, se acordaba, en su fundación, "laborar por todos los medios que tengamos a nuestro alcance, procurando que este organismo Confederal se organice; no se desvíe de sus principios revolucionarios y mantenga su orientación libertaria." (Congreso de la Federación de Grupos Anarquistas de Lengua Española en Francia Marsella, mayo de 1926).

Pero evidentemente, eso de crear una organización específica, sin llamar a destruir el sindicalismo camaleónico, y contraponerle el asociacionismo proletario finalista y revolucionario, implicaba aceptar el principio mismo del sindicalismo oportunista y a resignarse trabajar dentro de él. En vez de llamar a la lucha afuera y en contra del sindicalismo contrarrevolucionario, se creaba una organización específica para influenciarlo en un sentido diferente, sin darse cuenta que con ese acto se está legitimando la unidad obrera sindicalista y posibilista. Esa concepción ya era criticada por aceptar la división entre organizaciones sindicales y políticas y, en los hechos, hacerle el juego a la posición dominante y reaccionaria de Pestaña y compañía que resumía el dualismo de la siguiente manera en "los sindicatos había que ser sindicalista …[y]… anarquista en los grupos de afinidad". En realidad, esa era la vieja posición socialdemócrata, la posición sindicalista dominante en todo el mundo y que conciliaba a todos diciendo que había que preservar la unidad del sindicalismo en sí y hacer la "política", o la "acción especifista", en las estructuras políticas respectivas. El especifismo aceptaba, en los hechos, que la defensa de los principios finalistas no se podía hacer en la organización masiva de los proletarios ("para no dividir"), sino que para ello había que hacer una "organización en la organización" de los proletarios. De esa forma, le hacía el juego al sindicalismo "apolítico", no diferenciando el sindicalismo reformista del asociacionismo revolucionario, buscando cualquier tipo de alianza sin principios. Ese camaleonismo no era solo la posición dominante entre los libertarios, sino la mismísima que habían impuesto la Segunda Internacional y que también patrocinaba la Tercera Internacional. Sin dudas esa concepción sindicalista fue la que dominó cuando en el Congreso de Zaragoza se acepta a todas las tendencias en la CNT (incluidas muy especialmente las que se oponían totalmente a la revolución), lo que constituye un paso decisivo en el frentepopulismo y el camino hacia la contrarrevolución.

A pesar de ello, la historia de la FAI será una de las más mitificadas de los años 30 en España. El mito de su intransigencia, de ser un aglutinador de los sectores anarquistas más decididos, responde a un desconocimiento y falsificación de lo que realmente fue esta organización en la práctica. En realidad, la actividad de la FAI apenas tuvo relevancia, hasta la proclamación de la II República. Fue a partir de esa fecha, cuando esas siglas adquirirán trascendencia en todo el país. Frente a la socialdemocracia, que era dominante en la CNT (la participación en los pactos de San Sebastián del Comité Nacional será una de sus más claras manifestaciones), la bandera de la FAI apareció como expresión de la defensa de las posiciones revolucionarias. Pero este protagonismo no fue producto de la práctica real de la FAI, dado que ni como organización específica funcionaba orgánicamente, sino que simplemente el sello FAI fue usada por los sectores combativos como bandera (literalmente: sin organizarse como FAI iban al Congreso envueltos en una bandera de esa organización) contra el sindicalismo de los Pestaña y los Peiro. Precisamente, de ahí deriva el mito de la FAI. Fueron los mismísimos Pestaña y Peiro y sus adeptos, es decir los objetivamente más opuestos a toda actividad de preparación revolucionaria, que más prestigio le dieron a la FAI por definirla como quienes revolucionaban la CNT. De ahí que se asociara el sello FAI a grupos y militantes que nunca se organizaron realmente en una estructura con ese nombre.

A principios de los años 30, frente al sindicalismo y reformismo encaramados en la dirección de la CNT, se generó una respuesta clasista que se cristalizó en comités de toda índole, en diversas secciones e instancias, en las deliberaciones públicas.... que si bien algunos utilizaron la FAI como bandera, no pertenecían a una organización específica con ese nombre. Ante esta coyuntura, los trentistas, partidarios del sindicalismo partidista, denunciaban que 'la FAI se había adueñado de la CNT'. El mito de la FAI como sinónimo de organización revolucionaria, tendrá un peso macabro más tarde, cuando quienes aparezcan como los más conspicuos representantes del Faísmo y dirijan las publicaciones en nombre de la FAI (como Federica Montseny y Abad de Santillan) que en los hechos nunca habían sido parte de aquella respuesta clasista (que SÍ había sido auténtica y proletaria), en nombre de la FAI llamen al Frente Popular y a la Guerra.

 

Revuelta de enero de 1932

La revuelta comenzó el 19 de enero de 1932, cuando los mineros de Fígols (Barcelona) iniciaron una huelga contra las duras condiciones de trabajo y la falta de medidas de seguridad laboral. Los proletarios habían diseñado con antelación un plan para apoderarse de las armas del somatén26 , vencer rápidamente toda oposición local y tomar el ayuntamiento. Al día siguiente, otras localidades mineras de la zona, en contacto con el comité de huelga, se alzan creando Comités de acción: Berga, Cardona, Navarcles, Balsareny, Suria y Sallent donde pararon las minas, cerraron los comercios y tomaron los ayuntamientos. En Manresa (la principal ciudad de la región), los piquetes impidieron el acceso a las fábricas y los talleres. Las líneas telefónicas fueron cortadas. Los comités difunden comunicados que proclaman la revolución social y amenazan a quienes se opongan a la misma.

Pocos días después, el Estado inundó las localidades de fuerzas armadas. El 22 de enero, entraron en Manresa los primeros militares y el 23 sólo resistía Fígols, que sería tomado al día siguiente cuando el comité de huelga hace volar el polvorín de la mina. Ese mismo día, el Comité Nacional de la CNT llama a la huelga general en toda España, aunque en muy pocos lugares se asumirá pues el llamado se realiza en pleno reflujo del movimiento. Algunos Comités Regionales acusaron al Comité Nacional, controlado por los contrarrevolucionarios como Pestaña, de haber retrasado y obstaculizado la respuesta de clase (poco más tarde se hace dimitir a este Comité Nacional). Finalmente, sólo en localidades de Valencia y Aragón se responderá al llamamiento. En Binéfar, Belver de Cinca, Alcorisa, Castel de Cabra, Sollana y Alcarisa habrá enfrentamientos, explosivos, piquetes para cerrar comercios, ataque a registros de la secretaria municipal, asaltos a cuarteles y sabotajes a líneas de comunicación y transporte.

El fin de los enfrentamientos, se saldó con muchos detenidos, cierres de locales proletarios y sedes de CNT de las comarcas afectadas. Se aplicó la ley de defensa de la República a un centenar de detenidos y, junto con otros arrestados, se intentó deportarlos en un buque a las colonias de África pero las protestas, que durante los siguientes meses se organizaron, como la "Jornada de Agitación Nacional del 29 de mayo", obligaron a la república a recular.

 

El informe Shapiro

(Asociación Internacional de Trabajadores)

 

Fue en aquellos momentos de máxima agitación e imparables incidentes cuando algunos militantes reflexionaron más detenidamente en la táctica insurreccional, y comenzaron a cuestionar los métodos y las concepciones insurreccionales seguidos hasta entonces.

En ese sentido, Alexander Shapiro, secretario de la AIT, elaboró un informe durante su estancia en España en 1932-1933 en el que relataba qué eran y cómo funcionaban los comités de defensa, organizados exclusivamente para tareas insurreccionales de choque.

Sobre los comités afirmaba: Esos Comités de Defensa, que ya existían desde tiempo antes, tenían como única meta preparar las armas necesarias en caso de insurrección, organizar los grupos de choque en los diferentes barrios populares, organizar la resistencia de los soldados en los cuarteles, etcétera.

Además, constataba en una ponencia el fracaso de la táctica insurreccional, la "gimnasia revolucionaria", porque había demostrado "lo absurdo y peligroso que era una insurrección local en un momento inadecuado y sin una seria preparación previa", ya que sometía a los compañeros a la represión estatal sin conseguir nunca una extensión del movimiento a todo el país, ni la adhesión de otras organizaciones de proletarios.

Por ejemplo, sobre la insurrección del 8 de enero de 1933, y cuando todavía se hallaba en la Península, Shapiro decía: El secretario del CN de la CNT, que era al mismo tiempo el secretario del CN de D[efensa], le declara que como representante de la CNT se oponía a un movimiento tan precipitado, pero que en tanto que militante y anarquista, coincidía del todo con ellos. [...] Creyendo que la decisión del Comité Regional de Defensa se había tomado en pleno acuerdo con el Comité regional confederal —lo que no era el caso—, el secretario del CN de la CNT mandó, en su calidad de secretario del CN de Defensa, un telegrama a varias regionales notificándoles que Cataluña se levantaba. […]

Varios compañeros anarquistas, cuya valentía y denuedo están fuera de duda para todos, pero que son del todo inconscientes de lo que puede significar un movimiento revolucionario, se dejaron llevar por su impaciencia claramente subjetiva.

Quisieron el golpe de Estado, quisieron "hacer la revolución social" sin interesarse en absoluto en si las condiciones del ambiente eran propicias o no y, sobre todo, sin tomar de ningún modo en consideración los intereses de la Confederación Nacional del Trabajo.

 

 

SOBRE LA AMNISTÍA

" Para los más clásicos partidos burgueses, el que salgan los presos es siempre una consecuencia de que se decrete tal o cual cosa legalmente; para los partidos burgueses que se autoproclaman obreros la cosa es al revés, el decreto de amnistía es la gran victoria de la clase obrera. Ambos tipos de partidos están de acuerdo en que lo fundamental es la formalización jurídica, la acción del estado. Existe oposición, pero se trata de una oposición en el seno de una misma clase: la burguesía. Sólo están en desacuerdo en cuáles son las vías más adecuadas para integrar democrática y jurídicamente la situación.

Para los comunistas, por el contrario, la victoria obtenida por la clase no consiste en ningún decreto, sino en la fortificación organizativa de la clase, la afirmación práctica de su autonomía, y que los presos estén en la calle. ¿Y la amnistía? La amnistía la denunciamos como lo que es: una maniobra jurídica de la burguesía que intenta integrar en su legalidad, en su estado democrático, lo que pasa en la calle y no puede evitar. Su objetivo es evidente, transformar una correlación de fuerzas coyunturalmente favorable a su enemigo histórico en su contrario, al retomar las riendas de la sociedad. La formalización jurídica permite disfrazar la salida de los presos en amnistía –la izquierda y la derecha aportan las máscaras para la ocasión–, esconder detrás de la libertad del ciudadano todo lo que le resulte simpático a la totalidad de los proletarios (unos como "triunfo", otros como "consecuencia")"35

Precisamente, la amnistía declarada en 1936 en España por el Frente Popular cumple, en detalle, con todo lo que denunciamos en el libro Contra la Democracia:

En primer lugar la amnistía será junto con el antifascismo la bandera para enganchar a ese indomable proletariado de la región española al Estado burgués, para convencerle de que para sacar a sus compañeros de las garras del Estado, no es necesaria su organización autónoma para la acción directa, sino que puede delegar en los políticos de izquierda gubernamental, que lo defenderán, que lo representarán. Es un anzuelo para imponer la mediación democrática atacando de raíz el formidable asociacionismo transformado en fuerza que el proletariado había desarrollado en la afirmación de sus necesidades, atacando su programa, su autonomía, y su inevitable contraposición a todo Estado. De esta forma la burguesía busca frenar y destruir el proceso de autonomización que contiene la lucha proletaria y que el Estado con máscara de izquierda, aparezca como un organismo que defendería sus intereses.

En segundo lugar la bandera de la amnistía transforma una necesidad y reivindicación proletaria de liberar a sus compañeros, en una reforma para que el Estado pueda tragarla, digerirla. La amnistía no es la libertad de los presos, sino la respuesta del Estado a la lucha por liberar a los presos. Mientras que para los hermanos proletarios se trataba de vaciar las cárceles de los suyos, sacando a todos los hermanos sin distinción (tal y como lo había expresado todavía el Pleno de Regionales de la CNT a principios del 36) cuestionando la existencia de esos centros de reclusión, así como la sociedad que los crea, para la burguesía se trataba de limar lo más posible esa reivindicación para que de esa forma la amnistía de los "delitos político-sociales" formulada en el programa del Frente Popular afecta exclusivamente a los "presos políticos". De hecho se excluyen a los presos que la burguesía llama "presos comunes", introduciendo así la división entre los hermanos en lucha contra la sociedad burguesa y el Estado, al mismo tiempo que dejando a muchos encerrados con el aval de todos. Ello no solo aísla y divide sino que en el caso de España solo se aceptará liberar a los presos políticos condenados por los acontecimientos de octubre de 1934. Más exclusiones, más división, más debilitamiento de la clase frente al Estado.

 

Una vez más, la derrota del proletariado en España se produjo porque éste no logró organizarse como clase y como partido autónomo contra todas las fuerzas burguesas. Y todo ello gracias a la concepción y la política socialdemócrata del mal menor, del apoyo a la democracia progresista, de alianza de los mal llamados "partidos obreros". A la Alianza Obrera de octubre de 1934 entre PSOE, BOC (después POUM), PCE y secciones de la CNT, siguió el Frente Popular de principios de 1936 contra el fascismo, que unía a PSOE, PCE, POUM, CNT y toda una serie de partidos burgueses declarados (ERC, Azaña...). La constitución del Frente Popular y de la alianza antifascista significó la rápida y total disolución de la autonomía de clase del proletariado y su enrolamiento en la guerra interburguesa en España primero y después en la segunda guerra mundial en el resto del mundo.

El Frente Popular (y más precisamente la dualidad antifascismo-fascismo) es la táctica utilizada, en ese momento, por la burguesía contra el proletariado para liquidar su autonomía de clase. Los fenómenos del fascismo, del nazismo, del frentepopulismo, del stalinismo, que se desarrollan en esos años, tienen todos las mismas características básicas de conciliación nacional, movilización de masas, apología del trabajo y de la producción en gran escala y conducen todos a la renuncia de los intereses proletarios, al esfuerzo nacional y en última instancia a la guerra imperialista, donde el único papel que tiene el proletariado es el de carne de cañón. A pesar de la resistencia activa de las fracciones comunistas e internacionalistas, el proletariado no logra la ruptura con dichas corrientes y terminará jugando exactamente ese papel de carne de cañón. España es entonces el último país…, en donde el proletariado libra una gran batalla revolucionaria y a su vez el primer país en donde el capitalismo mundial logra concretar la canalización de todas las energías proletarias en la guerra fascista-antifascista cuya culminación será la guerra mundial.

 

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Y LA CONTRARREVOLUCIÓN

EN LA REGIÓN ESPAÑOLA DURANTE LOS AÑOS TREINTA

(1996/97)

 

La lucha en España durante la década de los treinta en la medida que culmina en la transformación de la guerra social en guerra imperialista y en destrucción/liquidación del proletariado concluye el proceso contrarrevolucionario que ya era general en el mundo. Para ello fue fundamental el papel que jugó la socialdemocracia, como partido burgués para los obreros. Ese rol lo desempeñaron PSOE, PCE, POUM y CNT. Mientras que las dos primeras tiene un programa abiertamente burgués y opuesto a la revolución proletaria (tareas democrático burgueses...) será en las otras dos que el proletariado estructuró su lucha. No existen otras organizaciones masivas de proletarios organizados autonomamente. A partir de estructuras militantes de la CNT, la FAI y pequeños grupos, que aunque no son oficialmente reconocidos se reivindicaban de esas estructuras, se organizó la insurrección armada. Minorías y grupos que se reivindicaban de la CNT fueron la vanguardia de las expropiaciones proletarias y de la acción autónoma de la clase obrera contra el capitalismo. La masa proletaria no organizada vio también en la CNT a su organización. Sin embargo, tanto por su práctica social global (la CNT era principalmente un sindicato y funcionaba como un aparato del Estado burgués) como por su concepción (predominio de una ideología anarquista incapaz de concebir la lucha contra el Capital y el Estado), esa organización que encuadraba a la vanguardia del proletariado no pudo dar otra dirección que no fuera la del antifascismo. En efecto, desde mucho antes de 1936, la CNT había confirmado su naturaleza socialdemócrata y durante las elecciones de ese año, así como con posterioridad, se mostró como un aparato capaz de funcionar como el ala izquierda del republicanismo y el Frente Popular. Más aún, durante los meses previos al asalto insurreccional de julio de 1936 se había ido imponiendo una línea abiertamente antifascista a secas (es decir burguesa) que ya no designaba como enemigo a la burguesía y el sistema social capitalista, sino al fascismo. Aunque esta práctica se denunciara en el interior mismo de la CNT (por ejemplo, en el Congreso de Zaragoza), el frentepopulismo se impuso totalmente en la renuncia al abstencionismo revolucionario y en la participación activa en las elecciones del lado del Frente Popular.

En las luchas en España, el proletariado alcanzó grados importantísimos de autonomía y dio evidencias del alcance de la revolución que contiene. Son de destacar la concreción y la radicalización de la lucha, la autonomía de los proletarios al armarse y tomar los centros de poder en diversas ocasiones como en octubre de 1934 y julio de 1936, las rupturas de grupos o fracciones que fueron más lejos que sus propias organizaciones, la rápida extensión de consignas y tentativas prácticas de lucha contra la propiedad privada, las expropiaciones de tierras y fábricas, los intentos de abolición del dinero, la búsqueda de organismos de producción colectiva y la búsqueda de otras formas de producción y distribución; sin embargo, la ideología antiautoritaria, antidictatorial,... socialdemócrata que predominaba, dispersó esa formidable energía en miles de pequeñas acciones sin fuerza orgánica capaz de reventar el capitalismo. La concepción gestionista predominante se completaba perfectamente con la política antifascista y juntas impidieron que el proletariado impusiera sus propios intereses en base a su dictadura revolucionaria. Ese extraordinario movimiento del proletariado no tenía una dirección revolucionaria en el sentido más fuerte de esa palabra y en su lugar existía una dirección formal que no correspondía con la práctica real del movimiento y que lo dirigía al callejón sin salida del antifascismo y el gestionismo radical: la formación de colectividades en coexistencia pacífica con la economía capitalista.

 

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Y LA CONTRARREVOLUCIÓN

EN LA REGIÓN ESPAÑOLA DURANTE LOS AÑOS TREINTA

(1996/97)

En 1936, el proletariado se arma y conquista la calle frente a la burguesía, a la propiedad privada y al Estado; pero se encuentra desarmado políticamente por las organizaciones de la socialdemocracia que con sus ideologías anarquistas y secundariamente socialistas y leninistas lo conducen atado de pies y manos a aceptar la disciplina del antifascismo (milicias antifascistas), la república burguesa (legalidad democrática), la gestión capitalista (colectividades). Aunque los aspectos militares, políticos, económicos de la lucha de clases están indisociablemente unidos, podríamos esquematizar la imposición de la contrarrevolución haciendo una disociación de esos aspectos para exponerlo con más claridad. En lo militar se liquidó la lucha de clases al someter al proletariado al frente militar dirigido por la burguesía republicana. En lo político, la entrada y colaboración de esas organizaciones en el gobierno republicano fue una confirmación de su incapacidad de darle a la situación una salida revolucionaria y de su política contrarrevolucionaria de conciliación de clases. En lo económico, la ideología que pretende que se puede organizar la producción sobre bases revolucionarias sin la dictadura del proletariado que destruya centralmente la propiedad privada (la mercancía, el dinero, el trabajo asalariado...) condujo a canalizar la energía proletaria en la gestión y reproducción de la economía mercantil. Toda la energía revolucionaria del proletariado fue liquidada por el antifascismo (guerra imperialista) y el gestionismo (colectividades) que impusieron la CNT y el POUM, lo que vino a complementar con creces el papel criminal que realizaban en el campo antifascista el PC y el PSOE. Dada la coherencia entre la práctica social y la ideología (así como las prácticas anteriores), de todos los grandes partidos denominados de izquierda, resulta absurdo hablar de traición. De la misma manera que la socialdemocracia formal no traicionó en 1914, sino que cumplió su papel histórico de partido burgués para los obreros, y los asesinatos de revolucionarios y las casas de tortura utilizados por el PC confirmaron su papel contrarrevolucionario, el papel centrista, desempeñado por la CNT y el POUM que parten de la lucha del proletariado, de sus necesidades y efectúan declaraciones revolucionarias, para someterlo inmediatamente a las necesidades de la guerra y la economía capitalista, resultó confirmado por la práctica contrarrevolucionaria de estas organizaciones. Ello fue esencial para encuadrar a lo mejor del proletariado y liquidarlo en el campo de la guerra antifascista y de la producción militar capitalista y lejos de constituir una traición significó la confirmación de la concepción general de esas organizaciones y de su política de años anteriores.

 

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Y LA CONTRARREVOLUCIÓN

EN LA REGIÓN ESPAÑOLA DURANTE LOS AÑOS TREINTA

(1996/97)

 

La milicia obrera del 19 de julio es un organismo proletario. La "milicia proletaria" de la semana siguiente es un organismo capitalista adaptado a la situación del momento. Y para realizar su plan contrarrevolucionario la burguesía puede utilizar a los centristas (stalinistas - ndr), a los socialistas, a la CNT, a la FAI, al POUM, ya que todos hacen creer a los obreros que el Estado cambia de naturaleza cuando el personal que lo dirige cambia de color.

Bilan, nº 51 mayo-junio 1937,

órgano de la fracción de izquierda del Partido Comnista de Italia

 

La derrota de la insurrección de mayo de 1937 (la más claramente antiburguesa -antiestalinista- y antirrepublicana) se produce gracias a que el antifascismo radical logra desarmar totalmente al proletariado insurrecto, notablemente gracias a la dirección de la CNT, del POUM y sus Ministros. La paralización/liquidación de la insurrección y la vuelta al trabajo preconizada por estas organizaciones dejaron el campo totalmente libre para la tortura, la desaparición y los asesinatos practicados por los stalinistas para descabezar la revolución. Como en las otras tentativas insurreccionales, en abril de 1931, octubre de 1934 y julio de 1936, el proletariado no afirmó una dirección revolucionaria realmente propia, que no estuviera dispuesta a transigir y a aceptar los llamados a la paz social del antifascismo. Su formidable impulso revolucionario logró ser liquidado por la represión física selectiva y la ideología de vuelta al trabajo y al frente de batalla antifascista que impusieron la CNT y el POUM.

 

 

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Y LA CONTRARREVOLUCIÓN

EN LA REGIÓN ESPAÑOLA DURANTE LOS AÑOS TREINTA

(1996/97)

 

Frente al desarrollo de los enfrentamientos y tras la derrota del proletariado en España, los proletarios de otras partes del mundo se encontraron sin poder actuar en solidaridad con el mismo, como hubiese sido necesario para impedir su aislamiento y liquidación. Ello se debió principalmente a la debilidad del movimiento del proletariado internacionalista en ese período, puesto que había sido derrotado por doquier. A pesar de las luchas en Francia en junio de 1936, en México... se dio una situación de aislamiento del movimiento a nivel internacional. La burguesía mundial logró camuflar el verdadero antagonismo de clase de la "guerra civil" en España y venderla a la opinión pública mundial como una guerra entre republicanos y fascistas, lo que llevó al proletariado revolucionario en España a un aislamiento político muy profundo. Cuanto más se imponían internacionalmente las banderitas fascistas y antifascistas con los colores nacionales, y más se movilizaban al proletariado hacia las Brigadas Internacionales, más solos se encontraron los revolucionarios e internacionalistas en España para enfrentar al capitalismo mundial.

En particular, el papel de la Internacional Comunista, la URSS y los diferentes PC, así como sus diferentes apoyadores críticos (sobre todo el trotskismo en sus múltiples variantes) fue fundamental para ese aislamiento. Cuanto más se reclutaba para el antifascismo, más se liquidaba la posibilidad internacional de acción internacionalista en comunidad de acción y lucha con el proletariado en España. Es obvio que existe una relación directa entre las necesidades de la URSS en tanto que potencia capitalista compitiendo con otras potencias capitalistas y la defensa de tal o cual "táctica" en la IC. La del Frente Popular, que tuvo en España su confirmación más clara como fuerza de liquidación de la energía revolucionaria del proletariado, obedecía a los intereses imperialistas del Capital en esa región del mundo.

Contra todas esas fuerzas burguesas sólo un puñado de compañeros dispersos por el mundo repudiaron por igual el fascismo y el antifascismo y continuaron la lucha invariante del Partido contra el capitalismo mundial y el Estado. Nosotros consideramos importantísimo, no sólo para el análisis del pasado, sino para la lucha futura, los aportes de esos distintos compañeros, más o menos estructurados en grupos o fracciones comunistas en diferentes países del mundo. Uno de los ejes fundamentales de las publicaciones que se realizarán será precisamente el del rescate histórico de los mejores de esos materiales. Sin ese decisivo trabajo de reapropiación, el proletariado debería volver a empezar siempre de nuevo su propia historia, repetir los mismos errores e improvisar inmediatistamente la dirección a tomar. Sin ese aporte decisivo, los internacionalistas de hoy y de mañana no tendríamos todo ese bagaje de experiencia, de teoría revolucionaria, que constituye el arma más decisiva y potente de gestación de una dirección revolucionaria que asegure el triunfo en la próximas ola de luchas proletarias.

 

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Y LA CONTRARREVOLUCIÓN

EN LA REGIÓN ESPAÑOLA DURANTE LOS AÑOS TREINTA

(1996/97)

 

 

CLAVES DE LA CONTRARREVOLUCIÓN

 

VOCES DE LA CONTRARREVOLUCIÓN

Diálogo entre Escofet, jefe de la policía, y Companys, presidente de la Generalitat. Barcelona, 20 de julio de 1936.

Extraído de las páginas 496 y 497 de Durruti en la revolución española, Abel Paz.

"- Presidente, vengo a comunicarle oficialmente que la rebelión [militar] está completamente vencida…

- Sí, Escofet, muy bien. Pero la situación es caótica. La chusma armada e incontrolada invade las calles y se entrega a toda clase de excesos. Y, de otro lado, la CNT, potentemente armada, es la dueña de la ciudad y detenta el poder. ¿Qué podemos hacer para oponernos? [...]

- De momento, todos estamos desbordados, e incluso los mismos dirigentes de la CNT. La única solución, Presidente, es mantener la situación políticamente sin abandonar nuestras respectivas autoridades. Si por vuestra parte lo conseguís, yo me comprometo a hacerme de nuevo el amo de Barcelona, cuando me lo ordenéis o cuando las condiciones lo permitan. Si no, pondré a vuestra disposición mi cargo de comisario general de Desorden Público.

Y Escofet concluye: - Bajo aquella triste impresión nos despedimos. Nunca había visto al Presidente Companys tan abatido como lo vi al termino de aquella entrevista. ¿Sabría contener la situación políticamente?"

 

CRITICA DE LA POSICIÓN ANTI-EMANCIPADORA DE LA C.N.T

"Desde la fundación de la C.N.T. en setiembre de 1911, a la fecha, ésta ha tenido muchos altos y bajos en su orientación ideológica y en sus prácticas de lucha y no somos nosotros los únicos que opinamos de esa manera.

Buenacasa manifiesta, en el libro que hemos citado ("El movimiento obrero español"): "He dicho y escrito en más de una ocasión, que la CNT de España, ha tenido épocas cuya ejemplaridad ha logrado casi obscurecer los mejores gestos de la vieja sección española de la primera Asociación Internacional de los Trabajadores. Indudable también que el mencionado organismo desde 1919 hasta hoy (1926) ha sufrido los más lamentables errores y las más funestas desviaciones…"

Pero , echemos una mirada retrospectiva y vayamos a la alianza aceptada por la C.N.T. con la U.G.T y los políticos "izquierdistas" como Cambó y Lerroux, que se realizó como prolegómeno a la gran huelga de agosto de 1917, que tuvo verdadero carácter revolucionario, pero que fue traicionada por los socialistas y republicanos, siendo incontables las víctimas que ocasionó entre los aherentes de la C.N.T. aquel infeliz ensayo aliancista…

No obstante los desaciertos cometidos y los decepcionantes resultados obtenidos en las diversas oportunidades en los que la C.N.T. ensayó poner en práctica consignas unionistas, ésta insiste en el error, pues en el congreso de Zaragoza, en mayo de 1936, se aprobó una ponencia por la cual se emplazaba a la U.G.T., central obrera netamente política, para realizar un pacto de alianza revolucionaria que tuviera como finalidad "la destrucción del régimen político". Alianza que se realizó, con gran algarabía por parte de los cenetistas, al año de estallar la sublevación militar, que criticó acerbamente la Federación Obrera Regional Uruguaya, - crítica que fue publicada en el Nº 5 de la Revista Internacional de la A.I.T- y que vamos a hacer conocer, en lo que tiene relación con dicha alianza, pues esos sensatos comentarios tuvieron plena justificación en los hechos que ya muchos conocemos:

LA POSICIÓN ANTI-EMANCIPADORA DE LA C.N.T

El oficialismo de la C.N.T. en esta emergencia, está desmintiendo el historial brillante del movimiento obrero español e internacional, cuya savia vivificadora para la causa de la liberación humana, les fue trasmitida por los primeros internacionalistas. No conforme la C.N.T. con sus "experiencias revolucionarias" desde los órganos del Estado, sino que aconseja al proletariado internacional a seguir su ejemplo, instándole a abandonar sus posiciones revolucionarias, deponiendo la intransigencia principista anárquica frente a las corrientes autoritarias, para poder abrazarse con los políticos del "antifascismo", que para la causa de los trabajadores no son mejores ni peores que los políticos del fascismo, pues si alguna diferencia entre ellos pudiera existir, no es una razón por la que el movimiento obrero internacional, orientado anárquicamente deba abandonar sus posiciones revolucionarias, que se caracterizan por la acción directa, el antiestatismo y la finalidad anárquica, para someterse a la burguesía representada por el antifasismo".

El mejoramiento de vida y de trabajo del proletariado y su liberación, sólo podrá obtenerse mediante los medios de lucha y de propaganda que distingue al anarquismo, en oposición, firme y decidida, a toda idea política y estatal autoritaria. Lo demás es cooperar con el enemigo, consciente o inconscientemente, para prolongar la existencia de nuestra vida miserable, a que nos reduce la inicua explotación patronal y la opersión del Estado."

Miguel Azzaretto "Las pendientes resbaladizas"

(los anarquistas en España)

 

 

Dos

 

En el Pleno de la CNT del 21 de julio de 1936, propuse de ir a por todas y hacer la revolución social […]. Se dio una fuerte discusión pero se decidió colaborar y así se determinó la suerte de la revolución. […]. Lo más importante de un movimiento no es vencer al enemigo, sino destrozarlo, impedir que pueda reaccionar. Y eso nosotros no lo hicimos. La colaboración política es todo lo contario. Tendríamos que haber anulado todos los partidos políticos.

Aquello me destrozó, me dolió mucho. Además, muchos de los militantes que habíamos protagonizado aquel empujón social, al irnos al frente, dejamos un vacío en la retaguardia, una fatalidad, después de lo del Pleno. Ahora pienso que la CNT fue un freno que ni hizo ni dejó hacer y que para que triunfe una revolución debe de hacerse sin partidos ni sindicatos.

Testimonio de Cristóbal Pons